El milagro de la vida

Y llegamos, como diría aquel, a la madre del cordero.

Era ya principios de Marzo. Yo estaba en Dublin de visita pasando un fin de semana largo junto con mi compañero de piso. La primavera se suele presentar hacia finales de Marzo, pero en Irlanda opinan que estas fechas están sobrevaloradas. Hacía fresco.

La madrugada del domingo estaba dando vueltas en la cama, como otras tantas mañanas antes, intentando digerir lo que me estaba sucediendo estos últimos meses. Debían de ser las seis cuando sentí un extraño impulso por salir a que me diera el aire.

Como la mayor parte de la gente, paso una semana al año surcando un gripazo de puta madre. Generalmente caliento una silla mientras aprovecho para escribir cosas, envuelto en un batín y con las pantuflas en los pies. Es fácil que pase la semana completa sin salir de casa. Sencillamente no siento ninguna necesidad. La gente me dice que me largue a dar una vuelta, que el fresco me sentará bien y que con un poco de suerte veré pechuga, pero lo cierto es que no noto ningún tipo de urgencia por salir al exterior. Por otra parte soy un tipo muy reflexivo. Hasta ahora todas mis decisiones han sido tomadas tras un profundo proceso dirigido por la razón. Siempre tengo una explicación para todo, más que nada por si alguien me pregunta.

Por eso cuando aquella mañana sentí un impulso indiscutible que me empujó a ponerme los pantalones y salir apresurado a tomar el aire, debí haber desconfiado. Se trataba de algo completamente ajeno a mis costumbres más arraigadas.

Abrí la puerta de casa y dí unos pasos. Una fina capa de nieve lo cubría todo: los contados coches que allí había aparcados, los jardines, las aceras… El sol matinal debía de llevar una media hora alzándose sobre el horizonte, y a esa hora proyectaba una luz fantasmagórica que, reflejada en la omnipresente nieve, creaba una atmósfera absolútamente irreal y fantasmagórica. Me sentí como en el decorado de una película, como en su sueño surrealista.

Caminé confuso hasta la calzada y allí di un par de vueltas sobre mis pies todavía incrédulo. El cielo tenía un color plástico. Miré a mi alrededor buscando a alguien. Lógicamente no encontré a nadie a aquellas horas. La calle estaba vacía, nadie ocupaba los jardines y no pude vislumbrar ninguna presencia en las ventanas de las casas colindantes. Me sentí como Eduardo Noriega en la Gran Vía madrileña al principio de “Abre los ojos”. Fue surrealista, extraño, indescriptible. Casi asustado, sin saber muy bien cómo había llegado hasta allí, retorné al interior y me metí de nuevo en la cama.

Cuando todo el mundo se levantó horas después, el sol brillaba con fuerza en el exterior y no quedaba ni rastro de la nieve. Cuando dije que había nevado creo que nadie me tomó en serio.

Me puse a revisar la colección de DVDs de la casa para hacer tiempo. Estaba pasando discos cuando de repenté apareció entre mis manos: “Abre los ojos”. La sensación fue alarmante, como si aquellas letras impresas saltaran de la superficie del plástico y me gritaran, como si intentaran despertarme, sacarme de algún sitio. Me sentí como si me hubieran sacudido en la cara con un calcetín sudado. Fue un momento realmente inquietante. Me pregunté si estaba soñando. Me conté los dedos, miré la ropa que llevaba… Todo parecía en orden. Paradójicamente, algunos de los interruptores de la luz de la casa no funcionaban correctamente igual que sucede en algunos sueños, algo que no hizo sino añadirse a la confusión. Quien haya tenido alguna vez un sueño lúcido sabrá que son indistinguibles de la vigilia salvo por el hecho de que suceden cosas disparatadas. Yo, sinceramente, en aquellos momentos, sentía que podía estar perfectamente en un sueño.

Salí con mi compañero de piso a dar una vuelta y a comprar provisiones. Nada más poner un pie en la calle un avión pasó por encima de nuestras cabezas. Levanté la vista y vi las luces en los extremos de las alas. “Blinking lights on the airplane wings…”. Recordé la curiosa cadena de acontecimientos que unas semanas antes me había llevado de una canción a un documental de universos paralelos. Seguimos caminando. Al doblar la esquina encontramos un precioso almendro en flor, que me recordó el principio del libro de Tolle que había leído poco antes. Después entramos en una especie de kiosko venido a más y echamos un vistazo a las viandas que allí se podían comprar. Había un poste giratorio en el que se vendían algunos libros, y frente a mis ojos apareció uno titulado “Sincronicity”. Si había salido de casa pensando que podía estar en un sueño, volví a casa pellizcándome el huevo derecho.

A eso de las siete de la mañana del día siguiente yo volvía a estar desvelado. Estaba tumbado boca arriba en la cama. Tenía la pierna izquierda flexionada, el pie apoyado, y la derecha estaba cruzada por encima. Mi brazo derecho estaba doblado por debajo de mi cabeza, y con la mano izquierda me tamborileaba en la barriga. Estaba pensando en la serie Lost.

La mañana anterior también había estado dando vueltas a la serie. En aquel momento mi atención se posó en un enano verde de peluche que había en la habitación y que llevaba un trébol de cuatro hojas prendido del sombrero. Hice la curiosa asociación Lost -> Números de Lost (6 números que ni pintados para la Loto) -> Enanito verde de la suerte -> Trébol de la suerte -> Rellenar una apuesta con los números de Lost cuando saliéramos de casa. Al levantarnos le pregunté a mi amigo si habían tocado alguna vez los números de la serie. Me dijo “Sí, y precisamente aquí, en Irlanda”. Me pregunté si alguien había hecho la misma asociación que yo en su momento. Se me quedó, de nuevo y en muy poco espacio de tiempo, cara de tonto.

En esta ocasión, tumbado en la cama mirando el techo, pensaba en los últimos capítulos aireados de la serie (creo que ahora mismo está parada y que aquellos últimos capítulos siguen siendo los últimos capítulos emitidos hasta ahora). Se me ocurrió que la serie giraba en torno a la idea del equívoco sueño/realidad. La historia personal y subjetiva de cada uno de los protagonistas empieza con ellos mismos abriendo los ojos, despertando. En esos últimos capítulos, el negro intenta suicidarse en repetidas ocasiones y siempre sucede algo en el último momento que frustra sus intenciones. Por otra parte, en conversaciones de los personajes de la isla con otros que parecen saber más sobre lo que se cuece, se sugiere que todos ellos están viviendo por algún motivo sujetos a una serie de reglas especiales. Pensé en el concepto de inmortalidad cuántica con el que había tropezado hacía un par de semanas y se me ocurrió una posible explicación: habían muerto todos en el accidente como deseaban (todos tenían motivos para desear morir, o al menos empezar una vida desde cero) y ahora vivían en una especie de realidad o universo paralelo. Por eso apareció Jack antes de que Hugo saltara por el precipicio, por eso el negro no se pudo volar la tapa de los sesos ni suicidarse chocando el coche contra un muro, por eso no le explotó la bomba en el barco, y por eso Locke no muere ni a tiros, literalmente. Todos estaban viviendo por fin la vida que tan largamente habían anhelado y ahora estaban condenados a lidiar con ella y pagar su precio.

Yo seguía tumbado en la cama dándole vueltas a todo aquello cuando empecé a oír unos golpecitos al otro lado de la ventana. No podía ver nada porque había una cortina opaca. Los golpes eran arrítimicos e insistentes. Pensé en una rama golpeando el cristal, pero no hacía viento. En ese momento me di cuenta de que sentía raro el brazo que tenía bajo la cabeza. No era que se hubiera dormido; era como si no estuviera allí. Había perdido conciencia de él y aquel brazo podía estar en cualquier postura. Los inquietantes golpecitos en la ventana, la extraña irrealidad de no ser capaz de identificar las partes de mi propio cuerpo, los disparatados acontecimientos vitales que se habían desenvuelto ante mis ojos en los últimos meses, y los pensamientos que ocupaban mi cabeza en aquel momento, se confabularon en mi cerebro para apretar un botón.

Click.

Creí, definitivamente, estar soñando. Sentí en lo más profundo de mi ser que la vida era un sueño. No me cabía ahora la más mínima sombra de duda.

Antes de continuar mi relato, me gustaría aclarar algunas cosas. Había dejado de tomar ansiolíticos en navidad. El ciclo de vida del Alapryl es de una semana, y el psiquiatra que consultaría más tarde compartía mis dudas sobre una posible influencia del medicamento en el episodio. Hacía ya más de un mes que había fumado algo de resina de hachís, y siquiera en aquella ocasión no había pasado de algún canuto después de cenar y con una carga que haría reír a cualquier fumador habitual de la sustancia. Mi última ingesta de alcohol habían sido, si recuerdo bien, unas cuantas pintas 48 horas antes. Aclarado pues el extremo de que mi organismo se encontraba en aquellos momentos libre de cualquier sustancia tóxica de uso más o menos común, continúo el relato.

Salté de la cama e intenté compartir mi descubrimiento con mi amigo, quien dormitaba en una cama no muy lejos de mí. No supo apreciar mi entusiasmo, así que salí a la calle corriendo sin dudarlo un instante.

Esta vez no había nieve, pero había igualmente un tímido sol matutino que lo bañaba todo con una tibia luz. Respiré profundamente y sentí el aire entrar en mis pulmones como quizá no lo había sentido nunca antes. Cada respiración me insuflaba, literalmente, vida en el cuerpo; un cuerpo que sentía como mío de una manera insólita, brutalmente intensa. Una sonrisa de júbilo me cubrió el rostro.

Me di cuenta de mi postura erguida. En aquel momento, el anodino hecho de estar de pie sobre mis piernas se me antojó la cosa más maravillosa del mundo. Decenas de músculos coordinados con prodigiosa precisión para mantener la verticalidad. Miré al suelo y di unos pasos, y la capacidad de caminar se me reveló como una habilidad fantástica. Levanté la mano derecha y la puse frente a mí. Observé con detenimiento. Lo que antes había sido una mano humana se me aparecía ahora como una burda extremidad animal, casi como una garra. Podría decirse que no reconocí mi mano. La debí de mirar con extrema curiosidad durante un minuto, dándole vueltas y examinándola con fascinación. Me maravillaba la capacidad de poder mover sus extraños apéndices con sólo desearlo. Cada una de las partes de mi cuerpo era un instrumento fabuloso, el resultado de miles de millones de años de evolución de la vida en la tierra. Se trataba de una sofisticadísima máquina biológica que, por algún tipo de lotería cósmica, me había sido otorgada a mí.

Me sentía extático. Era, sin duda, no ya el tipo más feliz de la tierra, sino probablemente del Universo entero. Sentía mi cuerpo con extrema brutalidad, como si mis órganos sensoriales hubieran estado taponados toda mi vida y de repente algo los hubiera limpiado.

El mundo caía a chorros dentro de mí.

Yo nadaba feliz en la superficie de un insondable éxtasis que me colmaba de gozo, absolutamente pletórico, borracho a rabiar de vida, exuberante por el mero hecho de existir.

Allí estaba yo, de pie en el centro del mundo. Miré alrededor y todo, hasta lo más anodino, me resultó fascinante. Cualquier cosa, ya fuera un coche, un árbol o una casa, era un misterio ante mis ojos. Me preguntaba cómo podía la materia adoptar aquellas formas tan particulares, cómo hacía para mantenerse compacta y no desparramarse por el suelo. Me sentía profundamente bendito sólo por tener la posibilidad de posar mis ojos sobre todas aquellas maravillas que me rodeaban. No podía haber nadie más afortunado que yo.

No recuerdo cuánto tiempo estuve allí parado, en mitad de la calle, al tibio sol de un lunes en Dublín. Finalmente, me calmé y ponderé mi situación.

Me sentía como si hubiera salido de un trance larguísimo, como si fuera la primera vez que veía, tocaba o me llevaba aire a los pulmones. Mis sentidos me abrumaban. Ahora que tenía la certeza de que estaba en un sueño me sentía, paradójicamente, como si de un larguísimo sueño hubiera despertado. Era como si me hubieran teletransportado de donde quiera que hubiera estado antes y me hubieran metido en un lugar que era una réplica exacta del anterior pero que, no había nada más obvio para mí en aquellos momentos, no era el mismo.

Miraba a mi alrededor con extraordinaria curiosidad. Todo era nuevo para mí. Todo era tan diferente, incluidas mis propias percepciones, que se me hizo evidente que debía olvidar todo lo que creía haber conocido anteriormente. Tendría que conocer de nuevo a mis amigos, tendría que volver a probar la comida que no me gustaba, tendría que revisar lo que hasta entonces habían sido mis hobbies. Era como si mi vida en aquel exótico y misterioso lugar comenzara en aquel preciso momento. Vi mi futuro extendiéndose desde aquella calle de Dublín en todas direcciones. De debajo de mis pies salían caminos invisibles hacia mil realidades distintas, y todas eran ciertas a la vez. Me di cuenta de que podía hacer cualquier cosa en aquel fantástico lugar, explorarlo sin descanso o establecerme donde deseara, y supe con certeza que me podía convertir en la persona que yo quisiera. En aquel momento, todo, por extravagante que resultara a la imaginación, era posible; y yo me dejé llevar por escenas de futuros fantásticos que podía tocar con las yemas de mis nuevos y fabulosos dedos. El mundo estaba en la palma de mi mano. Yo era dueño y señor del Universo. Era una sofisticada máquina biológica que había tomado consciencia de sí misma. Era una imparable fuerza creadora.

Como se suele decir: “Ahora vas y lo cascas”.

Los intentos por comunicar a otros mis sensaciones no fueron vanos; fueron catastróficos. Me sentí impotente como una mosca rebotando contra un cristal. Las palabras que salían atropelladamente por mi boca no parecían tener ningun sentido, y cuando traté de elaborar una estrategia de comunicación me sentí como el Titanic yéndose a pique.

Las personas que me rodeaban debieron de pensar que se me había caído un bote de anfetaminas en la boca. Yo corría, creo que ahora que lo pienso todavía en calzoncillos, por toda la casa con el corazón en la boca. Saltaba el sofá hacia adelante y hacia atrás. Mi cuerpo era ligero como una pluma, y todavía me encontraba absolutamente maravillado por sus posibilidades. No sólo podía caminar o correr, sino que también podía saltar. Daba botes en el sitio y gritaba “¡Mírame, mírame!” con una enorme sonrisa en los labios. Sentía la fascinación de un tierno infante que descubre que tiene un cuerpo, solo que yo ya sabía cómo funcionaba y lo manejaba con maestría. Desgraciadamente mi audiencia tenía más de dos años y, a juzgar por cómo me miraba, no parecía apreciar mi arte.

Finalmente, después de trotar durante media hora y maravillar a propios y extraños con mis cabriolas, me tranquilicé. Sin embargo mi capacidad de asombro, la intensa sensación de novedad y la mente abierta y curiosa ante todo lo que me rodeaba permanecieron intactas durante algunos días.

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Comentarios

Dias, ¿eh? Yo sólo lo mantuve unas 24 horas y se me escapó. Y lo mío fue distinto, no me extrañaba la realidad, yo era distinto en ella, todo era igual pero yo era distinto. El “trigger” también fue otro. Interesante.

En cualquier caso, como en Matrix, siento y huelo ese “algo” como si formase parte de mí, aunque la “iluminación” aún quede lejos.

Gracias. ;)

P.D: Esto de ser primero no es tan complicado. Lo siento, Txomo XD

Vaya por Diox! Llevaba dos semanas en cabeza y ahora todo al traste…

Me has arruinado la vida!! xDDDDDDDD

Hola, soy uno de esos lectores silenciosos que aunque quizás tengamos algo que decir sobre lo que escribes, somos demasiado perezosos para comentar nada XD

El caso es que la sensación de ser consciente del mundo de una manera tan especial como tu describes aquí me suena, se dice algo parecido en una TED talk que dejo aquí, por si resulta interesante al alguien.
Es una doctora que explica como la mitad de su cerebro dejó de funcionar mientras ella era consciente. Evidentemente y por suerte, no es lo mismo que tu dices, pero algunas de las cosas que cuenta se parecen a lo que tu describes.

http://www.ted.com/index.php/talks/jill_bolte_taylor_s_powerful_stroke_of_insight.html

Un saludo.

Me alegro de que hayas llegado al nirvana, pero eso no es excusa para fastidiarme los capítulos de Lost…

Igual te gusta este libro, puestos a sugerir: Flores para Algernón, de Daniel Keyes. Es relativamente complicado de encontrar (o a mí me lo resultó), pese a tener un premio Hugo y una película rodada (que, para variar, no le hace justicia).

Traducido está muy bien, y probablemente te guste (en particular me has recordado a una experiencia extrasensorial que tiene el protagonista hacia el final del libro).

Citando a su introducción:

Any one who has common sense will remember that the bewilderments of the eyes are of two kinds, and arise from two causes, either from coming out of the light or from going into the light, which is true of the mind’s eye, quite as much as of the bodily eye; and he who remembers this when he sees any one whose vision is perplexed and weak, will not be too ready to laugh; he will first ask whether that soul of man has come out of the brighter life, and is unable to see because unaccustomed to the dark, or having turned from darkness to the day is dazzled by excess of light. And he will count the one happy in his condition and state of being, and he will pity the other; or, if he have a mind to laugh at the soul which comes from below into the light, there will be more reason in this than in the laugh which greets him who returns from above out of the light into the den.

Plato, The Republic.”

Siento no traducirlo, pero ando vago y regalé hace mucho tiempo mi edición traducida.

Ser tan perceptivo, ser capaz de asombrarse por cada nimio detalle de lo que nos rodea debe resultar agotador. Creo que el cerebro ha omitido esa capacidad de asombro por su propio bienestar, para no colapsarse con el bombardeo de sensaciones que puede surgir de algo tan simple como una mano. Ese despertar de tus sentidos es un estado puntual al que, sinceramente, no veo posibilidades de perdurar. Acabarías por perder la razón si, cada gesto, movimiento u objeto que vieses, te embriagase de esa manera.

Atención: SPOILER. Si no habéis visto todas las temporadas de LOST y queréis verlas, parad de leer! :p

Por otro lado, siempre he defendido la teoría de la “isla purgatorio”. Pienso que, efectivamente, todos murieron en el accidente y que la isla era su particular “infierno” o “Cielo”, el lugar donde deberían enfrentarse a todos sus fantasmas personales. Lo que me descuadra son los flasback de la última temporada, cuando han vuelto a sus vidas anteriores pero de una manera oscura, por decirlo de alguna manera. También es posible que al guionista se le fuera un poco la cabeza y haya querido alargar tanto la serie que ha terminado por perder el hilo de lo que pretendía contar en un principio… ;)

Un saludo!

If I lie here

Supongo que lo de corretear en calzoncillos gritando: “miraaaaa, puedo saltaaar!” no ayudó mucho a que tus conocidos creyeran en lo que les contabas xD

saludos

Es triste cómo el paso del tiempo, el desgaste por la rutina y nuestra propia estupidez nos apartan de la realidad. Tanto que llegamos a un punto en que un momento de lucidez nos parece locura, la percepción infantil imaginación naif y cualquier intento de regreso a los orígenes te aparta sin compasión del resto de la sociedad.
En “Regreso a Dinde” la pequeña Celia explica cómo ve ella su propio universo: “Debajo de este suelo está el sótano, y debajo los planetas.”

Dan escalofríos, no?

Una isla perdida

www.unaislaperdida.blogspot.com

Estos episodios de tu evolución están muy bien contados y tienen cosas interesantes, pero a mí lo que me interesa es dónde estás ahora, en qué punto.

Conocí en el 97 a la persona que más me marcó en mi vida. Con una apariencia exterior normalita e inofensiva, lo que había tras su frente era denso y eterno como el cielo nocturno. Decía -me decía- cosas que sonaban a arcanos y misterios, y yo le miraba con reverencia pero no podía comprender nada. Decía que el mundo (él lo escribía con mayúsculas, el Mundo)era insoportablemente bello, que estábamos rodeados de la belleza, que formábamos parte de ella y por eso no la veíamos. Para demostrarme esa idea, alzó su mano frente a mí y se extasió en ella. “Mira qué maravilla, mírala bien, piérdete en ella, su forma, cómo se mueve, cómo está diseñada”. Yo no estaba preparada para él aún: solo veía una mano, una maldita mano normal y corriente. Quise llorar de rabia, nunca nadie en el Mundo había estado tan lejos de mí como él en aquel momento.

Desde que nos cuentas estas cosas, Gonzo, he pensado mucho en esta persona. Hacía unos seis años que no le veía y ayer por la tarde me crucé con él en un cine, mezclado entre la multitud que sólo ve manos y no Belleza. Y hoy enciendo el ordenador y leo esto. Curioso, supongo.
Estoy harta de ser buena
“Yo estoy en mi cabeza; mi cabeza está en el Mundo” (Paul Auster)

Estoy harta de ser buena
“Yo estoy en mi cabeza; mi cabeza está en el Mundo” (Paul Auster)

Hace ya muchos escritos, dijiste que la gente, por lo general, al primer minuto y medio, ya tiene hecho una valoración de lo que le esta contando el que tiene en frente suya. Y que en cuanto la tiene ya desconecta porque sabe cómo terminará la historia y si tiene razón o no. Y esa la razón se la dará en la media de que el pensamiento se parezca al propio, por supuesto.

Yo te leo desde hace ya bastante. Y desde hace ya no tan poco, no te comprendo. No compendo en absoluto lo que me cuentas. Te aseguro que me resulta frustrante, siempre me has parecido muy pragmático en tus narraciones, y aunque a veces no esté de acuerdo con lo que dices, o simplemente no me guste, entiendo a la perfección lo que me cuentas. Ahora no.

Tomar conciencia de uno mismo es una sensación extraordinaria, y a lo largo de la vida se tienen muchos momentos de ese tipo. Yo lo he tenido, pero sigo sin comprenderte. Es más, no entiendo a que quieres llegar, o si quieres llegar a algún lado..

En fin, seguiré leyendo como hasta ahora, expectatante con lo que me cuentes.

Una matización a tu texto, va sobre farmacognosia:
Cuando una persona consume cannabis, puede producirse un episodio que se denomina flashback por consumo de cannabis en el cual, se tienen las mismas sensaciones que cuando uno estaba emporrado semanas o meses después, además, en personas predispuestas, el cannabis puede propiciar que emerjan psicosis o esquizofrenias latentes hasta el momento.
Por otra parte, se está estudiando si los ansiolíticos, las benzodiazepinas, cambian la bioquímica cerebral de manera crónica. Por desgracia, se sabe muy poco de los efectos secundarios de este tipo de medicamentos que consume mucha gente sin el control y la vigilancia necesarios.

La creí desaparecida, igual que aquella magnífica generación de leedores de blogs: Speccy, Don Pastrami, sacaelwhisky, etc

que recuerdos… :)

Hola Perceban ¡¡¡qué alegría!!! yo también estoy contenta de poder intecambiar unas palabras contigo, pensaba que también te habrías ido.
Gracias por acordarte, me has puesto una sonrisa de oreja a oreja.

Sigo leyendo atentamente a Gonzo y los comentarios de la gente.

Qué sería de este mundillo sin una gota de afinidad, ¿verdad?

Por cierto, tiene usted una bella sonrisa :)

Pues nada encantada por el reencuentro y ahora, dejemos de “ensuciar” la “conversación”. Para charlar más, mi email es anneissa06@yahoo.es.
Un saludo :).

Pues eso, que últimamente entro poco a leer tu vida y milagros, pero cada vez que lo hago me acojono de las comidas de bola que tienes. En fin, esperemos que todo esto sea para bien, y que acabes saliendo del capullo cual mariposa en primavera. Ánimo chavalote!!!!.

Lo que no mata, engorda….”

Lo que no mata, engorda….”

esa manera de percibir la realidad.

Es como si hubieras conseguido abrir el interruptor de la mente que sólo se suele abrir con viajes lisérgicos.

Siempre he pensado que de algún modo, con algún tipo de estímulo no químico(externo o interno), se puede llegar a experimentar el efecto de los estimulantes en un grado considerable.

Por lo que he leído, las drogas convencionales emulan drogas que el cerebro es capaz de generar espontáneamente. Esta sería una explicación.

De cualquier modo, a mí me parece que lo que me sucedió aquel día es el estado normal del ser humano, y que lo que somos hoy en día no es más que una versión reprimida y abotargada de lo que deberíamos ser. Este es, ahora que lo pienso, el planteamiento de la psicología transpersonal.

en otro comentario te dejé 3 videos (my stroke of insight, my history of electroshock therapy, y el documental sobre epilepsia en el lóbulo temporal).

Por lo que narrabas y narras ahora, para mi, tus experiencias se parecían bastante, no sólo a las de la doctora, sino a las del chaval que se cree dios (ahora que lo pienso un poco, creo que el del electroshock se me coló). Por ambos casos, y aún siendo un completo lego en neurología, no puedo evitar pensar que tu cerebro funciona de forma divertida (¿te han hecho algún escaner cerebral?, no recuerdo haberte leído al respecto [sólo psicólogos y medicación], pero mi memoria es bastante penosa), y que ninguna droga (de las que te prescribieron y de las que no te prescribieron) va a hacer que entre en el rango de las zonas estadísticamente mayoritarias.

Respecto a la plasticidad de la realidad, no estoy demasiado de acuerdo con lo que has ido exponiendo. Que uno no se crea que no existe una relación causa-efecto entre 2 sucesos que no tienen relación causa efecto, no es suficiente motivo como para que esa relación no exista (arg, esto es lioso, pero no encontré otra forma de decirlo). Hay demasiados casos de pareidolia por todas partes como para que yo me fíe de lo que interpreta mi propio cerebro incluso sin la intervención de substancias externas, aunque no deja de ser entretenido pararse un momento para darse cuenta cuando esto (el cerebro encontrando un patrón familiar en un medio ajeno) sucede (figuritas en las nubes, en los azulejos, en el gotelé, dejavus, etc…).

Y finalmente, si algunos te miran raro cuando les dices que eres capaz de disfrutar y maravillarte de cada segundo del día como si acabases de ser traído al mundo en ese mismo momento: peor para ellos si se molestan por no ser capaces de disfrutarlo.

Están dos locos en un manicomio. Uno le dice al otro:

- “Dios me ha dicho que soy el rey del mundo”

- “Perdona… pero yo no te he dicho nada!”

xDDDD

Es que me lo ha recordado lo del chaval que se creía Diox xD

Una carga q haría reír a un fumador habitual de la sustancia??
seria mucho!!! XD

Ya lo pensé mientras lo escribía, ya…

XDDD

Gonzo, definitivamente tienes que ver esta charla:
http://www.estilosdevida.cl/2008/08/11/ted-talk-jill-bolte-taylor/
La Sra. menciona cosas que se me asemejan mucho a lo que tu viviste!

Stevenson R.C.

Stevenson R.C.

Lo vi ya la primera vez que lo pusieron en un comentario y la verdad es que me sobrecogió lo mucho que se parecía a lo que yo había vivido.

lee la Carta de Lord Chandos, de Hugo von Hofmannsthal

Supongo que es esto:

http://terroryculturaonline.blogspot.com/2006/08/la-carta-de-lord-chandos-por-hugo-von.html

Resulta entretenida su lectura.

Saludos

Reconozco, amigo Gonzo, algunas de las sensaciones que vienes describiendo en tus últimos posts. Principalmente porque, aunque en una medida mucho menor, también me he descubierto a veces preguntándome si ciertas casualidades son simplemente eso, o hay algo más.

De hecho, estoy escribiendo ésto como consecuencia de lo que has dado en llamar una “cadena de acontecimientos” (que luego describiré), por lo que me he propuesto a partir de ahora llevar una especie de diario de señales, e intentar conseguir las referencias bibliográficas que se citan en éstos posts, ya que supongo que es básicamente el hecho de estar buscando esa consciencia de ti mismo de forma activa, buscando información, pensando en ello y cuestionando cada detalle de tu vida cotidiana lo que hace que puedas alcanzar y “comprender” ese estado de total receptividad que sin duda me encantaría experimentar. Ya digo que hasta ahora lo mío no ha pasado de un ligero asombro, un fruncido de ceño, y un rato de cavilaciones hasta que cualquier estupidez (seguramente el trabajo) me sacaba de la ensoñación a hostias.

Sara ha escrito un comentario relacionado con que la rutina y otros factores, a medida que crecemos nos despojan de esa capacidad total de asombro, limitan o filtran nuestra percepción para evitar que nos volvamos locos. Bien, dicho ésto paso a relatar la cadena de acontecimientos que hacen que tenga que escribir obligatoriamente en éste post. Por ponernos en antecedentes, hacía varios meses que no leía ESDLV por motivos ajenos a mi voluntad.

Hace un par de días me dirigía al tajo en mi coche escuchando la radio, posiblemente Radio3, cuando pusieron “Universal Mind” del “Live in Pittsburgh” de The Doors. Yo había conseguido ese disco hacía algún tiempo y lo llevaba en el iPod desde entonces, pero no había llegado a escucharlo íntegro aún. Tras escuchar esa canción, y con el objeto de analizar el curioso y hermosamente atonal estilo de Ray Manzarek a la guitarra por razones que no vienen al caso, decidí que ese sería el disco que me alegraría un poco la soporífera mañana de picar código. Mientras lo hacía, busqué en la Wikipedia “Jim Morrison” para conocer algo más de la vida de éste genio indiscutible. Parece ser (llamadme ignorante, pero no lo sabía) que el ensayo “Las Puertas de La Percepción” de Aldous Huxley inspiró el nombre de la banda. Sigo el link que lleva al artículo relacionado con el libro, y leo éste párrafo, que copio y pego de la Wiki:

En él, describe sus experiencias alucinógenas producto de la toma de mezcalina. El título proviene de una cita de William Blake: “Si las puertas de la percepción fueran abiertas el hombre percibiría todas las cosas tal como son, infinitas”.
Basado en esta cita, Huxley asume que el cerebro humano filtra la realidad para no dejar pasar todas las impresiones e imágenes, las cuales serían imposibles de procesar.

Dos días después, aburrido en el curro decido actualizarme con ESDLV y leer (llevo un buen rato, creedme…) los posts que me había perdido de un sentón. Imaginad mi sorpresa cuando leo el comentario que explicaba anteriormente.

Incluso diría que hay algo de recursividad en ésto, porque mi cadena de acontecimientos me lleva a ser consciente de la propia cadena de acontecimientos. No sé si me explico. Es decir, que si no hubiera leído ésto, para mi no hubiera existido tal cadena, porque yo no habría sido consciente de la casualidad que supone que yo lea éste post en éste momento, y no hace dos semanas, ni del desencadenante de que escriba éste post.

Para acabar, voy a intentar explicar un pequeño ejercicio para intentar cuestionarnos la percepción de la realidad (ojo, sin utilizar sustancias que por otra parte, ahora que estamos en crisis, no nos podemos permitir). Siempre que llegamos a un sitio nuevo, sea provincia, país o incluso una casa, nos fijamos con muchísima más atención en casi todo lo que nos rodea. Aún recuerdo con claridad las sensaciones que tuve cuando me vine a vivir al norte, hace ya bastantes años. Yo tendría unos 13 años y venía de Castilla, así que el cambio de paisaje y entorno fue brutal: los montes, el verde perpetuo y profundo, la intensa humedad, los olores, las casas, todo era radicalmente diferente a lo que mi cerebro estaba acostumbrado a recibir.
Con el paso de los años, he interiorizado todo éste paisaje y ya no me llama la atención, a menos que lo “fuerce” tratando de traer de nuevo a la mente aquellas sensaciones e intentar identificar cuáles fueron los estímulos que las provocaron. Es como intentar imaginarse cómo se sentiría alguien que viniera de otro país, para el que todo aquello fuera nuevo.

Éste “ejercicio” no sirve absolutamente de nada, pero por un momento y, repito, sutilmente, te sientes algo distinto, que de eso se trata, ¿no?

P.D.: mis disculpas por el ladrillazo, me he puesto a escribir y se me ha ido la olla.

¿Pero totalmente seguro de que ese ejercicio no sirve absolutamente de nada? A mí me parece un punto interesante de analizar. Piensa, por ejemplo, en cómo todo hijo de vecino ahorra cuatro duros y pierde el culo por viajar, aunque sea al pueblo de al lado. Hasta el más burro del lugar experimenta esa emoción tan peculiar de percibir algo que nunca había percibido antes. Puede que no sepa explicar por qué, pero le gusta. Ver algo por primera vez es lo más parecido a verlo en esencia, antes de cubrirlo con capas y capas de palabras y conceptos y prejuicios y…
Me chifla viajar en tren. El avión es más rápido, de acuerdo, pero en avión no descubro nada nuevo: aunque el espectáculo bajo mis ojos sea impresionante, está demasiado lejos, no puedo vivirlo. En tren, sin embargo, mi percepción, dentro de sus evidentes limitaciones, va con el radar bien orientado en todo momento. Ya no es que vea paisajes, o ciudades, o caras, es que VEO, cosa que no hago por ejemplo cuando todas las mañanas sigo la misma ruta para ir al curro.
Y qué grandísimo libro el de Huxley. Lo terminé hace dos días y me puse con Alan Watts (Qué es la realidad). Tanto que leer y yo tan vieja…:-p
Estoy harta de ser buena
“Yo estoy en mi cabeza; mi cabeza está en el Mundo” (Paul Auster)

Estoy harta de ser buena
“Yo estoy en mi cabeza; mi cabeza está en el Mundo” (Paul Auster)

Ver algo por primera vez es lo más parecido a verlo en esencia”

Preciosa frase, me la apunto ;-)

Con respecto a viajar, y aunque a mi también me encanta el tren (de hecho, mientras no sea autobús, cualquier medio de transporte me gusta), me has recordado la primera vez que viajé en avión. Fue hace relativamente poco, iba como un crío pegado a la ventanilla. Y no solo es lo que impresiona volar por primera vez, ver las nubes desde arriba, las ciudades, etc… También me resultó nuevo y excitante el “ambiente” del aeropuerto en sí. De hecho desde entonces me encantan los aeropuertos. Mucha gente se desespera si tiene que hacer trasbordo, o si tiene que esperar una hora… A mi me gusta. No digo tener que estar 10 horas porque tu vuelo no sale nunca, eso supongo que será una mierda, pero pasar 1 ó 2 horas entre vuelo y vuelo, me gusta.

Prometo ir a que me lo miren.

Vale, sí, no voy a ir de sobrada “cojo-un-avión-a-diario”: la experiencia del avión es emocionante, no lo niego, y la primera vez es sencillamente épica. Sobre lo de los aeropuertos, bueno, tampoco te creas que es tan raro lo tuyo: están llenos de gente, de historias, de acentos extraños…Creo que te entiendo :-)
Estoy harta de ser buena
“Yo estoy en mi cabeza; mi cabeza está en el Mundo” (Paul Auster)

Estoy harta de ser buena
“Yo estoy en mi cabeza; mi cabeza está en el Mundo” (Paul Auster)