El barranco del infierno

El barranquismo es una actividad deportiva prima hermana de la escalada. En ella se utilizan igualmente cuerdas dinámicas y arneses, que son una especie de bragueros de cordura que te realzan el paquete y además te permiten deslizarte por una cuerda superando los desniveles que ofrece el barranco. El barranco es generalmente una garganta excavada entre dos paredes que baja y baja sin fin aparente entre dos montañas. Los que descienden los barrancos sin mayor preparación un fin de semana cualquiera se denominan domingueros.

Algunos de mis amigos han sido amantes de la montaña. De su mano las he pasado de todos los colores, bien entrando borracho en una mina en la negra noche de las montañas de Aragón o caminando durante horas sin agua bajo un sol de justicia para terminar sumergiendo el hocico en un abrevadero infecto. En cualquier caso, si alguna vez he las he pasado canutas, si ha habido una ocasión en la que de nuevo cobrara sentido la frase "Lo extraño es que todavía esté vivo", fue cuando me hice cargo de un descenso al barranco del infierno.

Aprovechando que venía un buen amigo mío desde Madrid, organicé una excursión de acción por el monte. Era un domingo cualquiera de esos últimos días de verano, cuando el sol todavía golpea con justicia pero la noche ya refresca. El Juli se apuntó a última hora. Mi amigo traía una amiga francesa que resultó estar como un queso. Morena de pasar el verano acariciada por Lorenzo, parecía una estilizada modelo caída por error en mi coche. Hablaba francés de vicio y tenía el mejor par de piernas que yo recordaba, y eso que soy muy observador. Me contó que la semana siguiente marchaba como azafata en un crucero por el caribe. Yo alguna vez había soñado con ser como ella para que la vida me abrirera las puertas a patadas. En fin, allá íbamos los cuatro con nuestros pantalones cortos y nuestras camisetas de propaganda, dichosos de la vida en los tiempos del Twingo morado.

Llegamos al lugar de partida. En realidad no era sencillo encontrar el lugar por el que se iniciaba la bajada. Como comandante, y aunque ya había estado antes allí, había cumplido con la responsabilidad de informarme previamente de los detalles del recorrido. El día anterior había llamado al Blas y había resumido sus diez minutos de explicaciones telefónicas en un par de frases que había apuntado en un papel. De hecho las indicaciones parecían tan sencillas que decidí dejar el papel en casa. Cuando nos dimos cuenta de que por allí no se bajaba ya llevábamos una hora caminando entre unos cardos mutantes que medían más de un metro. Cada una de las espinas que se clavaban en las piernas de la francesa se me clavaban a mí en lo más profundo del corazón. La pobre chica se iba de crucero en el plazo de unos pocos días y ya antes de empezar el barranco parecía que se la había follado una jauría de tigres. Me sentí como si estuviera destrozando la Gioconda con un tenedor.

El pequeño rodeo por los campos de cardos nos había consumido buena parte de la mañana. El sol brillaba con fuerza en todo lo alto cuando al fin empezamos a descender. Llevábamos un litro de agua cada uno y un bocata para sortear el hambre a mediodía. En condiciones normales el barranco se cubre en unas cuatro o cinco horas. Después se sale al lecho del río, que transcurre entre unas imponentes montañas, y en ese momento hay que encontrar el lugar por el que ascender de vuelta al coche. Se trata de un caminillo que parte desde detrás de unos arbustos y cuya localización no es trivial. Se mascaba la tragedia.

No lo hubiéramos encontrado ni con mis notas; mucho menos sin ellas. Hacía ya un rato que nos habíamos terminado las galletas, los bocadillos y todo el agua de la compañía. Estábamos sedientos, estábamos hambrientos y empezaba a hacer frío. Hacía ya horas que la francesa no abría la boca. Yo intuía que un profundo odio hacia mi persona se estaba gestando en sus vísceras. Cada vez parecía más lejana la perspectiva de hacerla mía bajo la sombra de un algarrobo.

Llevábamos un rato caminando sobre el lecho del río y no encontrábamos el camino que nos habría de sacar de allí. Al sol le quedaba poca cuerda. Decidí tomar las riendas de la expedición.

—Subiremos por aquí —dije.

Cuando uno habla con convencimiento, con confianza, hay un extraño mecanismo natural que hace que los demás le crean.

Eso fue su perdición.

Llegamos a lo alto de la montaña para comprobar desolados que detrás había otra, y detrás otra. El paisaje era escarpado y había maleza por todas partes. No se veía un camino practicable en kilómetros a la redonda. Nos miramos desconcertados mientras se extinguían los últimos rayos de sol. Hacía frío.

Cuando se extinguió la luz minutos después, nos dimos cuenta de que era noche de luna nueva y aquello estaba más oscuro que la panza de un gato negro en un barril de alquitrán depositado en un sótano. No podías dar un paso sin pisar un arbusto espinoso o doblarte un tobillo con un pedrusco afilado. Nos sentamos en el suelo, silenciosos, con la mirada perdida en un horizonte inexistente, pensativos. Estábamos exaustos. Hacía horas que no bebíamos, teníamos hambre y empezaba a hacer un frío que presagiaba una noche que se planteaba inhumana. Era el fin.

"Así es como acaba todo", pensé. A mi mente acudieron mis padres, mi hermana, los amigos a los que no había arrastrado a la muerte aquel día, mi colección de revistas porno... Pensé en una puesta de sol, en la sonrisa de un niño, en un bocadillo de longanizas con patatas. Pensé en abalanzarme sobre la francesa, ponerme las botas y morirme con ellas. Por fin entendía la frase hecha. Pensé en mi estupidez y después me abracé a mí mismo con candor.

En aquel momento a alguien se le ocurrió sacar un móvil y comprobar si había cobertura. Era la época en la que los móviles eran armas contundentes y sólo había cobertura a la sombra de las antenas, pero por algún milagro sideral también llegaba la radiación a aquel cerro en mitad de la negra noche.

Cuando el Blas levantó el auricular al otro lado del teléfono y escuchó mi voz en plena medianoche del Domingo supo exactamente de qué se trataba. Llamó a la Chorreta y nos citamos en el lecho del río un par de horas después. Parecía que, una vez más, íbamos a salvar el pellejo. Me pregunté si contaba con vidas infinitas.

Descender la inclinada pendiente a la luz de la más intensa negrura nos llevó aproximadamente una eterno valle de lágrimas. Mi amigo bajaba algunos tramos llevando a la francesa a cuestas, cuyas magulladas piernas se quebraban cada vez que pisaba un cardo y ahogaba un grito. Yo pensaba que en cualquier momento le brotaría un ataque de pánico de lo más profundo del alma y habría que atajarlo dándole un par de bofetadas. No sucedió.

Alcanzamos de nuevo el valle, un pedregal que discurría entre las montañas. En algún lugar encontraríamos a la partida de rescate. Las estrellas brillaban en la noche y, como llevábamos ya horas en la oscuridad más cerrada, nuestras pupilas se habían dilatado lo suficiente para poderle ver el culo a la gabacha y de paso conseguir poner un pie delante del otro.

Caminábamos destrozados pero con la esperanza abrazada al corazón. Escudriñábamos la ladera de la montaña en busca de un par de linternas que acudieran a nuestro rescate. Finalmente, una eternidad más tarde, escuchamos unos gritos en mitad de la noche. Eran ellos.

Corrimos jubilosos a su encuentro y nos abrazamos como si hubiéramos bebido cubatas durante horas. Traían linternas, ropa de abrigo, agua y donuts de chocolate. Me puse un suéter, me bebí una botella de agua de litro y medio y me comí todo lo que me pusieron en las manos. Sentí que volvía a nacer. Incluso la francesa volvió a hablar; les pidió a mis amigos con la voz quebrada que por favor la sacaran de allí. En una hora estábamos en los coches y en dos en la cama. Inexplicablemente, volví a dormir solo.

Pero no me importó. Hay un extraño regusto placentero en el simple hecho de poder respirar, y una pertinaz insistencia inconsciente en seguir haciéndolo.

Lo realmente extraño es, después de todo, permanecer vivo.

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Mi primer post y... primer!!

Aunque ya hemos hablado por mail... mira, me decido hoy y me registro xDDDD

Tio... yo soy de cerca de por donde os perdisteis! Si vuelves a pasar por allí, ya sabes... presentame a una francesa!! xDDDD

Ahora sin coñas... He pasado muchas veces por alli (no en plan barranquismo) y puedo asegurar que es una zona bastante chunga... mucha gente ha necesitado que la rescaten con helicopteros y no ha sido nada fácil acceder, así que puede que tengas razón y sea una suerte que sigas vivo ;)

Ya sabes, si vuelves por la zona quizás podamos organizar un encuentro etilico o al menos lúdico-festivo xDDDDDD

Segundo!

Segundo! Joder que horas de escribir. Yo también me he visto en alguna parecida y con chicas de por medio, pero fué bajo tierra.

Me alegro de que sigas vivo! xD

A mi me pasó algo igual!!!

A mi me pasó algo igual!!! Pero en plena Pampa Argentina, allí ya nos reíamos por no llorar, desde luego ahora con perspectiva creo q estabamos locos. A ver si luego con más tiempo lo cuento.

Aunque ahora que lo pienso, tb me pasó otra parecida aunque menos fuerte en plena sierra de Grazalema... mmm tengo q meditarlo.

Cuando te das cuenta...

...de lo realmente maravilloso que es el simple hecho de respirar, no permaneces vivo. Te SIENTES vivo.

Nos leemos.

Una razón más

Ser quinto tiene premio?

Me acabas de dar una razón más para seguir pasando mis vacaciones de verano en la playa y pasar de la montaña, jejeje!

Vivencias varias

Salu2, salu3 y demás

Diferencias

Hombre Gonzo... en la escalada se trata de subir... y en el barranquismo de bajar xD Si vas a Rodellar, a los barrancos del mascún, puedes distinguir a unos de otros porque:

a) los escaladores suelen ser enjutos y tostados por el sol.
b) los barranquistas suelen ser gordos embutidos en un neopreno.

xDDD

Saludos

PD: Indiana Jones siempre moja con la chica en las pelis y eso que se las hace pasar mucho más putas!! No perdamos la esperanza con la francesita xD

Interesante

Muy bueno el relato. Yo también me he lanzado al monte en alguna ocasión, aunque no soy tan osado como para ir de guía.

Por otro lado me permito destacar tu interesante y novedosa forma de obtener buenas posiciones en google. Lástima que se te hayan adelantado, solo estás el segundo.

Por cierto, me gustaría saber si existe una manera de suscribirme a los comentarios, o tengo que entrar cada 2x3. Sería la repanocha en patinete si hubiese una manera de recibir en el correo cuando alguien contesta a un comentario mío. No por nada, sino porque recibirlos todos puede ser un poco saturante.

http://grandesconceptos.blogspot.com/

SOS!!!

Madre de Dios, en un par de semanas yo seré uno de los mentados gordos embutidos en neopreno y me temo que acabaré cual morcilla frita (reventado por la mitad) en medio de infernales corrientes de agua que me arrastrarán lejos de la francesita que se presente, para bien o para mal al menos acabaré durmiendo o bien con la novia o bien con Jim Morrison, Sid Vicious y demás gente de la calaña.
¿Algún consejo para una pobre morcilla dominguera? ¿qué debo hacer para no perecer en el intento?

Tio Yyrkoon
Lo importante no es saber sino tener el teléfono del que sabe...

Ostras... pues yo a la

Ostras... pues yo a la mayoría los he visto volviendo al coche... cansados pero contentos!! A los que no hayan regresado, obviamente no los he visto xD

Pues lo de codearse con Jim Morrison y el resto de leyendas muertas del rock tiene su qué... si no fuera por lo de "muertas" pintaría aún mejor. Aún sin conocer a tu novia te recomendaría siguieras la primera opción... Al fin y al cabo, si más tarde te arrepientes, suele haber bares abiertos a las horas más insospechadas.

Saludos

muy bueno

Me he reído mucho, ya casi no recordaba como me reía con tus historias... parece que te ha sentado bien el cambio, me alegro por todos.

un saludo.

Otra cosa realmente extraña...

... es que una francesa de piernas perfectas acceda a recorrese una marcha de cuatro o cinco horas por un barranco cargado de cardos mutantes.

El Hombre de la Sonrisa Eterna

Quizás...

... era una bióloga interesada en la fauna-flora hispánica.

Qué bueno, ese final me ha

Qué bueno, ese final me ha recordado inmediatamente el título de un libro de la difunta Carmen Martín Gaite: "Lo raro es vivir". Qué pedazo de cuatro palabras juntas.

Por lo demás, a mí no me engañan más desde que volví de una -en principio- inocente ruta de senderismo con tres esguinces de ligamentos de rodilla. Ya de vuelta en la civilización, después de subir y bajar una puta montaña de 1.100 metros, los organizadores del evento me informaron cándidamente de que la ruta en cuestión era conocida como "La rompepiernas", hay que joderse...
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Todo el mundo debería creer en algo. Yo creo que me tomaré otra copa.

Tiempos de Twingo y gabachas ;)

Se me han saltado las lágrimas leyendo la historia, recordando otros tiempos... :)

Nota 1. Me he "enamorao" de la gabacha instantáneamente :P Es que para mí las francesas tienen +50 puntos nada más empezar. Ya, las españolas son muy guapas y simpáticas y además son bueno... pues eso, españolas, te entienden mejor que nadie. Pero las francesas tienen un no-sé-qué, un aura, un "algo", ab-so-lu-ta-men-te irresistible. Ah, qu'elles sont belles!

Nota 2. Menos mal que mi novia alemana no habla español, si no me "afostia vivo" :P

mi primer comentario por

mi primer comentario por aquí después de llevar meses leyendo
me encantaría contar mis peripecias en la montaña, tan parecidas a la tuya en el barranco, tan bien como lo haces tú
mi blog se llama "perdiendolasenda" por algo...
para mi no hay mayor placer que perderme en la montaña, llegar a casa medio muerta y agotada y darte una ducha reconfortante
soy masoquista, pero y lo que te ríes luego contando batallitas
enhorabuena por tu página y por la tira ecol

empieza el día con una sonrisa y verás lo diertido que es ir por ahí desentonando con todo el mundo

Anotacion.

Cuaderno de Bitácora. Fecha estelar 2008.212 Anotación personal. Nunca ir de barranquismo con Gonzo sin llevarse antes el comunicador y el GPS.

Sabeis yo creo que estas

Sabeis yo creo que estas cosas, mas que nada estas cosas son las que hacen que la vida sea despues en los momentos bajos, mas amena. Es verdad, ¿quien no se ha hechado unas risas recordando cosas de estas?.. Bueno reirse no, pero al menos una sonrisa todos ;)
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Lo mejor de un dvd

Podría aplicarse la frase...

... "verás como dentro de unos años nos estamos riendo todos de esto"...

¿Se reirá ahora la francesa?