El AVP

Eran las 11:11 cuando empujé la puerta acristalada del gran edificio. En el otro extremo de la enorme estancia había un mostrador. Mientras caminaba sobre el suelo encerado pude ver al tipo de la otra vez. Me miró con una sonrisa cuando estuve a escasos metros de él. Debía de acordarse de mí, porque preguntó:

—¿Ya te ha preguntado alguna chica si querías tocarle las tetas?

La pregunta me pilló un tanto desprevenido.

—Eeeeeh, no. La verdad es que no —dije.

—Bueno, paciencia —contestó—. Estas cosas siempre llevan su tiempo —y se puso a ordenar unos papeles sin más.

—Ahá —fue todo lo que supe decir.

Dejó los papeles a un lado y se dirigió a mí:

—¿Qué puedo hacer por usted?

—Pues venía porque la semana pasada recibí un mensaje en el móvil en el que se me citaba aquí a esta hora. Por cierto, ¿sabe cómo conseguir que Movistar deje de enviarme publicidad no deseada?

El tipo sonrió.

—No sé nada de lo de Movistar, pero déjeme consultar lo de su cita en el ordenador.

—De acuerdo.

Se puso a teclear en el ordenador mientras silbaba Stairway to heaven. Justo cuando iba a terminar la primera estrofa dijo:

—Ahá. Debe tomar usted el ascensor y subir hasta el piso número 9. Luego camine hasta el final del pasillo y entre sin llamar. Le están esperando.

—No sabía que hubiera aquí un ascensor.

—Es nuevo. Aquí se van poniendo y quitando cosas continuamente. Ya lo verá.

Ahá, contesté. Todo aquello era muy extraño. Quería saber más.

—Oiga —dije —, ¿y quién me está esperando ?

—Oh, eso no lo sé. En el ordenador no venían más que las instrucciones que le he comunicado.

—Ahá. Pero... ¿es alguien bueno?

—Oh, por supuesto —dijo con una sonrisa—. Aquí todo el mundo es bueno.

Me estaba gustando aquel lugar.

Me despedí del tipo del mostrador y me encaminé hacia el ascensor. Pulsé el botón. Al cabo de unos segundos se abrieron las puertas con un melodioso ding. Cuando fui a entrar me di cuenta de que había una chica dentro.

—Oh, disculpa —dije —. No sabía que venía ocupado —y retrocedí un par de pasos.

Ella no salió, así que me quedé allí de pie con cara de tonto sin saber qué hacer.

—¿No sales? —pregunté finalmente.

—No, no; yo también subo.

—Ah —dije— y entré titubeante.

—¿A qué piso vas?

—Eeeeh... al 9.

Pulsó el número 9 y las puertas se cerraron con un nuevo ding.

La chica llevaba un vestido floreado y un bolso negro. Era morena y debía de tener unos 25 años. Tenía las tetas pequeñas pero bien puestas, que se suele decir. Me pasé la mano por la frente.

—Hace calor, ¿eh? —dijo con una sonrisa.

—Sí. Se nota que ya empieza el verano.

—Sí —contestó.

Un silencio incómodo se adueñó del ascensor y levanté la vista hacia el indicador de pisos para no tener que mirarle las tetas y sentirme incómodo. Finalmente, la caja metálica se detuvo en el noveno piso y las puertas se abrieron con un ding. Me despedí y eché a andar por el pasillo.

Las paredes eran blancas y el suelo estaba cubierto por una moqueta de color crema. Mis pasos se amortiguaban suaves sobre la pelusa. Llegué a la puerta, toqué un par de veces con los nudillos y entré sin esperar respuesta.

La estancia parecía un enorme despacho de ejecutivo. Había una amplia mesa de caoba negra y un sofá en un lateral. Las paredes estaban cubiertas de libros. Tras la mesa, un muñeco de felpa azul me sonreía ampliamente.

—Hola —dijo, y se levantó apresuradamente para caminar hasta mí.

Sus cortos pasitos apenas se oían sobre la moqueta. Cuando llegó a mis pies me extendió la mano mirando hacia arriba con una sonrisa.

Le di la mano.

—Ho... hola.

—¿Te acuerdas de mí?

—Sí, claro.

—Toma asiento, por favor —dijo señalando una silla frente a la mesa.

Él se puso del otro lado y cruzó sus manos sobre la negra madera. Tomé asiento un tanto confundido.

—No nos habíamos presentado —dijo. —Me llamo Gonzo TBA y soy fruto de tu imaginación.

—Entiendo. Lo extraño es que no tengas tetas.

Gonzo empezó a reírse.

—Bueno, el tipo de recepción tampoco tiene tetas.

—Ni el ascensor mismo tampoco. Al final va a resultar que tampoco estoy tan salido.

El muñeco rió de nuevo, esta vez sonoramente. Después hizo como que se secaba las lágrimas.

—Bien —dijo—, ¿sabes por qué estás aquí?

—Claro, me vas a decir cómo hacer que Movistar deje de enviarme publicidad al móvil.

—No. He sido nombrado tu AVP, asesor vital personal.

—Ah, nunca había oído algo así. ¿Y por qué tú?

—Bueno, tú y yo tenemos ya una relación de muchos años, y si hubiera sido alguien con tetas no hubieras sido capaz de centrarte en las sesiones.

—Tiene mucho sentido. Y dime, ¿cómo es que ahora tengo asesor personal de esos?

—Por lo visto alguien de arriba ha decidido que tengas una especie de asistente que te eche una mano. El AVP es una especie de intermediario entre tú y el Universo.

—Ya veo. Y cuando dices alguien de arriba, ¿a quién te refieres?

—No lo sé, yo sigo órdenes de mi AVP.

—Ooooh, ya veo cómo funciona esto. Parece divertido.

—Y lo es —dijo el muñeco.

Me gustaba la idea de tener una especie de coach, uno que supiera de verdad lo que se hacía. Me daba igual si era de felpa.

—Mola. Y oye, ¿qué tengo que pagar por esto?

El muñeco se reclinó sobre el respaldo de cuero y la silla se inclinó hacia atrás con él.

—Nada. Todo esto es completamente gratis —dijo poniendo los zapatitos sobre la mesa.

Joder, qué bien, pensé. Eché un vistazo a la habitación.

—Todo esto está muy bien montado. ¿Podré tener una silla como la tuya? —pregunté.

—Veré qué puedo hacer —dijo, y se puso a garrapatear sobre un bloc de notas.

—Perfecto. Y dime, ¿cuándo empezamos?

—Pronto —dijo Gonzo.

—¿Cuándo es pronto?

—Pronto —repitió el muñeco. Y añadió ceremoniosamente:

"Quien tiene paciencia obtendrá lo que desea"

Asentí con la cabeza.

El muñeco también asintió.

—Bien, ya hemos terminado por hoy. Esta primera sesión era una simple presentación.

—Pues muy bien. Me alegro de volver a verte.

—Igualmente —dijo sonriendo.

Me levanté y me alejé. Cuando al salir iba a cerrar la puerta, el muñeco dijo:

—No no, deja abierto, que ya empieza a hacer calor.

—De acuerdo. Nos vemos.

Me despedí con la manita.

En el ascensor no había chica esta vez. Mientras bajaba me miré en el espejo. Repetí sus palabras:

"Quien tiene paciencia obtendrá lo que desea"

Me sentía bien. Yo también tenía una sonrisa de muñeco de felpa en la cara.

Empujé la pesada puerta de entrada y el sol de Junio me cayó con fuerza sobre la cocorota. Me puse las gafas de sol y eché a andar en mis pantalones cortos. Miré el reloj.

Eran las 12:21.

Opciones de visualización de comentarios

Seleccione la forma que prefiera para mostrar los comentarios y haga clic en «Guardar las opciones» para activar los cambios.

Muy bueno el artículo

¿Ves como aquel loco que hacía sus horas y pagaba sus impuestos no estaba tan tan mal?

Todos somos lo mismo, aunque algunos estén más hechos de felpa que de carne.

Un saludo.

PD: las 12:21 es una hora muy calurosa, no me extraña que te despertaras. :p

¡Segun!!

¡Segun!! Algo es algo...

Y hablando de segun, ¿para cuando la segun parte?? Intrigaítos nos tienes, hijo...

¿Paciencia?? Hummmm, gorrino se harta de la vida sin pecado, se divorcia, se cambia el sexo, y tenemos al ADAVP (Asesorado Del Asesor Vital Personal) liado con una despampante morena rizada... y además muy graciosa, jejeje

Bull (Enhebrin' la Vida Loca)

hora capicúa

A mí también me alucina la cantidad de veces que miro la hora y me sale un capicúa. Mira que me gustaría estar seguro de por qué...

Yo creo que esta es la

Yo creo que esta es la columna en la que más se repite la palabra 'tetas' desde el comienzo del blog.
_________________________________________________________________
¿Por qué mandáis que el hijo de Venus se prostituya por dinero? No tiene bolsillo donde guardarse el dinero.

Yo no estaría tan seguro ;)

Yo no estaría tan seguro, solo las menciona 5 veces ;)

Saludos

6, las menciona 6

6, las menciona 6 veces.
_________________________________________________________________
¿Por qué mandáis que el hijo de Venus se prostituya por dinero? No tiene bolsillo donde guardarse el dinero.

El verano aprieta...

Seis comentarios y conmigo siete. Todo el mundo de vacaciones y sin el "internete"

Por cierto, hubiese estado bien que la chica del ascensor te hubiese dicho que si la querías tocar las tetas XD

Coincidencia ¿?

Bueno, realmente me alegro que alguien exprese, así, tan simpaticamente que tiene un AVP.

Es lo más normal del mundo. Todos tenemos, o hemos tenido, uno o varios. Han sido amigos, profesores, a veces curas (con sanas intenciones, no de las otras), a veces gente de nuestra familia.

Claro , que no siempre están cuando se les necesita, y en muchos casos, su afecto por nosotros, o su interés personal en nosotros, desvirtúa su asesoramiento.

Para eso están los AVP profesionales.

Gonher

"Todos los caminos que escojas, te llevan a ti, solo que algunos dan más vuelta que otros."