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NavegaciónInicio de sesión de usuarioCosas para pasar un buen ratoAutobombo: Bombo en general: Encuesta¿Eres genuinamente feliz? Sí 22% No 51% Pues no sabría decirlo 27% Total de votos: 90 |
De pasoEl gorgoteo de las olas al morir en la arena me relaja. La playa como escenario, la cervecita en la terraza... Desafiando las leyes temporales, bato un nuevo record personal y en menos de 10 minutos me veo en el espejo del ascensor ensayando sin excesivo éxito el nudo de la corbata. Afuera llueve y al pomo del portal le cuesta ceder, pareciendo querer decirme: "¿Estás seguro?". El móvil se agita inquieto en un rincón inalcanzable de mi abrigo. Es mi jefe jurándome castigo eterno si no llego a la reunión en 20 minutos. Entre coches y charcos convierto la calle en una carrera de obstáculos, pero sin aros olímpicos ni medallas. Al final de la calle, a modo de aparición mariana, con el gris impertérrito de la tormenta como fondo, asoma puntual el tranvía. Empapado pero tranquilo. Un último esfuerzo y con algo de suerte, no tendré que cargar durante toda la reunión con las miradas furtivas del jefe. Conozco torturas más humanas. Trato de evitarla con dignidad, sin perder las formas, pero la imagen de mi jefe escupiendo fuego por la boca me lo impide, y con un leve empujón consigo hacerme hueco. - " ¿Tere zé mi amigo?" Me rindo. Una sonrisa con manos tira de mi chaqueta e - "Zeñó, ¿tere zé mi amigo?" Empiezo a pensar que envejecemos mal. Ridículo y culpable, le sonrío a la criatura con cara de tonto e inmediatamente escucho una voz femenina: Definitivamente bajo la guardia y le agradezco el apunte, a la vez que me excuso en la prisa ante mi más que discutible estilo de vestir. - "¿Dónde viaja?" - "No sé. Aquí y allá. Más o menos donde el niño quiera, porque al fin y al cabo él y yo estamos aquí de paso" Encuentro la respuesta curiosa. Incluso original, y mi sentido de la vergüenza se acentúa. - "Me damo Ariel, y zoy tu amigo" Es curioso, me doy cuenta de que con tanta gente gris entre tanto día gris se pierden de vista las cosas que de verdad importan, y mentalmente comienzo a pensar cuándo fue la última vez que algún amigo me llamó precisamente así. Definitivamente: Envejecemos muy mal. En los breves minutos que dura el trayecto a mi parada la conversación evoluciona de trivialidades típicas de ascensor, a miedos que incluyen jefes malhumorados, pasando por ideales de vida por su parte. En un momento de lucidez miro de reojo el reloj. El tráfico y los semáforos se han puesto de mi lado, todo apunta a que llegará a mi parada justo a tiempo. Momentos antes de arribar a mi destino, la muchacha interrumpe la conversación con un apretón de manos: Tras un instante de duda, la imagen de mi jefe montando en cólera ante mi ausencia en la reunión ya no me parece tan dramática, así que mientras el tranvía arranca dejando atrás mi oficina, miro al niño y contesto, más convencido que nunca: - "El mío sin azúcar, por favor. Yo también me bajo donde diga mi amigo Ariel, porque en esta vida que tú dices, yo también estoy de paso"
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¿Es veridica?
Muy bonita la historia, entre el cafe y la hipoteca yo también hubiera elegido lo 1º. Asi que eres como yo? que se te acercan y te hablan todos los niños pequeños. Yo creo que es que aun tenemos chuches de antes por algun bolsillo. :D
Sonreír no es ilegal
Di que si
Fíjate tu que aún no he llegado al cuarto de siglo y a veces ya me planteo que estoy envejeciendo mal. Triste vida...
Si realmente hiciste eso: Ole tus huevos!
Si no, de todas formas, es una historia que nos debería hacer pensar a todos.
Me ha gustado mucho.
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