De chupetes y de amor

Es curioso ver cómo, a medida que pasan los años, la perspectiva que tiene uno de la vida va cambiando lenta pero inexorablemente.

Cuando tenía unos pocos años vivía con mis padres a las afueras de París. Yo pasaba mis días despreocupadamente, jugando, pelándome de frío a la ribera del Sena y mascando mi chupete. Aquel chupete era para mí un apéndice sagrado, y a su alrededor giraba el Universo. Podía desprenderme del brazo derecho antes que de aquel artilugio. Grande y de goma, cuentan mis padres que mi incipiente dentadura amenazaba con resentirse si continuaba mascando aquel enorme y plástico artefacto las 24 horas del día. Con la idea de que me deshiciera de aquel trozo de caucho, mis progenitores pusieron en marcha una compleja operación en la que, con paciencia y tesón, modelaron mi maleable mente infantil.

No recuerdo exactamente la historia. Supongo que me vendieron la idea de que desprenderme de aquel chupete me convertiría en un hombre, que de pronto sería mayor, que me saldrían pelos en los huevos y que podría sacarme el carné de conducir. El caso es que aquello de convertirme en un hombre me debió de atraer, porque en aquel momento, siendo apenas un tierno infante, tomé la determinación de deshacerme al fin de aquel chupete y acceder a la hombría por la vía rápida.

Mis padres quisieron dar un toque sacro y simbólico a aquel trance y, a falta de un altar en las proximidades, me animaron a lanzar el chupete al río desde la ventana de mi habitación. La casa en la que vivíamos estaba a unos diez metros de aquella procelosa corriente de agua, y sólo un breve muro de piedra le separaba a uno de caer al agua y aparecer hinchado y amoratado en aguas del mar del Norte tres días después.

Recuerdo perfectamente el día, gris y frío. Tomé el chupete en la mano derecha, mi inseparable y resiliente compañero de fatigas, y lo arrojé con todas mis fuerzas por la ventana. Me sentí como si viajara en un avión y abriera la puerta y tirara por ella a mi mejor amigo. Mi gomoso camarada trazó una parábola perfecta, rebotó sobre el muro de piedra y cayó en el torrente para perderse para siempre. Mi estómago se encogió. A veces la vida te hace tomar decisiones para las que no siempre estás preparado.

Muchas otras veces me convertí en un hombre en mi vida. Años más tarde me salieron pelos en la entrepierna. Después empecé a eyacular. Después me saqué el carné de conducir. Después me salieron pelos en los pezones. Después me desvirgué. Después terminé la carrera y después conseguí mi primer trabajo. Después llegué a la conclusión de que esto de convertirse en un hombre debía de ser una carrera de fondo y no cosa de romper algún tipo de precinto. Estaba jodido; pasaría el resto de mi existencia convirtiéndome en un hombre.

Las creencias sobre la vida nunca dejan de cambiar. Cuando tenía diez años creía que las islas flotaban. Había muchas cosas más que desconocía en aquellos tiempos, y desde luego el hecho de que las islas flotaran o no era uno de los conceptos que menos me preocupaban al terminar la infancia. Después de todo, soy un hombre, y el sexo y las mujeres ocupaban la mayor parte de tiempo de proceso de mi maquinaria mental.

A los once años sólo quería que avanzara el tiempo para que llegara el día en que conociera a mi media naranja. Poco después le pediría que nos casáramos. Haríamos un gran festejo, que a tan breve edad ya me parecía un trámite recargado y prescindible, y viviríamos juntos y felices. Me preguntaba al final de mi infancia cuánto tiempo tendría que esperar hasta proponerle sexo a mi esposa. Recuerdo haberme dado un año de plazo. Recuerdo con precisión haber compuesto la siguiente frase en mi cabeza "Esperaré un año y, si ella no ha dicho nada antes, entonces le diré que si nos acostamos". A veces echo de menos mi inocencia. Me pregunto si cayó al río con mi gomoso amigo en aquella mañana fría y gris a la ribera del Sena.

En aquellos tiempos no había Internet, así que uno tenía que aprender las cosas a partir de lo que veía en las películas, lo que oía de sus padres y lo que le contaban los amigos. Uno entendía lo que podía, acumulaba piezas en su cabeza y después pasaba el tiempo armando puzzles mentales que pretendían explicarlo todo. El resultado del proceso solía ser un churro amorfo, una suerte de mapa borroso con el que uno apenas se atrevía a ir al colegio a que le partieran la cara.

Con el tiempo descubrí que lo más probable era que mi mujer tuviera tantas ganas de follar como yo, así que seguramente no tendría que esperar un año después de la boda. Luego me contaron que ni siquiera hacía falta casarse para tener sexo. Debía de tener trece años y la vida se ponía cada vez más interesante.

Y así, lustro tras lustro, me fui enterando de cosillas que iban aclarando mi futuro. En mi cabeza las frases se tornaban cada vez más acordes a la realidad y también más sofisticadas. Cada vez que mis procesos mentales parecían atascarse en un callejón sin salida, al poco encontraba una puerta que llevaba a un sendero de baldosas amarillas. Así pasaron los años, con nuevos descubrimientos, armando tranquilamente frases nuevas en mi cabeza, hasta que un fatídico día compuse una frase que se levantó en mi realidad como un muro infranqueable. No importaba dónde buscara, los ladrillos que rascara, la fuerza con la que golpeara su rugosa superficie; mi expansión vital en el área del sexo y las mujeres parecía terminar allí. La frase era:

"Cuando tengas una pareja estable, jamás volverás a acostarte con ninguna otra mujer"

Parecía una frase lapidaria, y sonaba en mi cabeza con eco y voz profunda, como un undécimo mandamiento que Dios hubiera olvidado cincelar en aquellas marmóreas tablas y que se hubiera apresurado a gritarme el día en que se hubiera acordado. Allí estaba yo, con mirada resignada, observando aquel infranqueable muro mental que parecía limitar mis perspectivas de futuro. Estaba jodido.

Mucha gente derriba esta pared de muchas maneras diferentes. La más común, supongo que por su elegante sencillez, es "Puedo follar lo que quiera mientras no se entere mi pareja". Fácil para muchos y, como a menudo sucede, complicado para mí.

Siempre he tenido problemas con mentir a otros. Me gusta ir de cara con todo el mundo y, especialmente, con aquellos que me importan. Mentir a la persona más apreciada de mi vida, a aquella mujer que decide emplear su tiempo y sus energías junto a mí, me resultaba una de las ideas más despreciables a las que podía llegar. Después de todo ella me tendría que ir conociendo, comprendiendo y aceptando, con mis cosas "buenas" y mis cosas "malas". Para otros la honestidad es una anécdota. Para mí es una brújula. Creo que las cosas van mejor cuando todo está claro y el chocolate espeso. Creo que ser honesto con los demás es la mejor manera de honrarlos. Ya ve, con todo el tiempo que ha transcurrido y sigo siendo un chico rarito. Las cosas eran más sencillas cuando el Universo giraba alrededor de un chupete, pero supongo que ése no era el trato.

Y así pasé los años, incapaz de embarcarme en una relación medianamente seria por miedo a estamparme un día contra aquel muro. Como digo, soy un hombre. Me gustan las mujeres. A veces esa atracción está incluso fuera de mi control. Puedo controlar mis actos, aunque no lo que siento. Miro a las chicas por la calle, y a algunas las encuentro realmente atractivas. No sentiré especial devoción por Sorolla o Velázquez, pero es que no todas las obras de arte se encuentran en los museos. A veces me salto a los intermediarios y voy directamente a la exposición de Dios.

Y por fin, una jornada como otra cualquiera, cuando estaba llegando a la conclusión de que pasaría solo o jodido el resto de mis días, me enteré de un concepto que para mí era nuevo. Es lo bueno de las ideas que van más allá de lo que conoces; que te permiten construir nuevas frases en tu cabeza. Te dan nuevas herramientas, te hacen más flexible. Uno fluye más suavemente.

El muro se vino abajo con un golpe de escoplo y el sol volvió a brillar en mi cara. Había una brisa suave. Había esperanza. Después de todo no tendría que morir en una cueva comiendo altramuces.

No estaba solo.

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Excusas...

En donde leí 'para excusas, excusados'?

Gracias, me salvaste la vida.

En la elección está el valor.

Hace años, cuando era un "más tierno" adolescente que tu. Mi padre me enseño el sentido de la vida en pareja en cuatro frases.

La principio no te gustan la chicas.

Luego te gustan todas.

Luego te fijas en una y solo te gusta una.

Luego te gustan todas pero prefieres a la tuya.

(y yo añado que las tres últimas fases se pueden repetir luego ad libitum)

Aunque le pese a mi pareja, a mi me gustan las mujeres. Todas. Cada una tiene un rasgo que la hace especial; pero yo elijo una y mi compromiso es con ella. Y eso es lo que le da valor a la relación. (igualmente ella me elige a mi y ella también le da valor a la relación).

Yo no creo en los principes azules y en la relaciones ideales, por eso le doy tanto valor a la elección y al compromiso.

No me he visto nunca en una polirelación, pero supongo que donde yo pongo ella se podría poner ellas y el discurso sería similar. Aunque no sería fácil, al menos al principio. Establecer las "condiciones de uso".

Por último, bastante difícil me resulta llevar una mono-relación. ¿cuánto se complican las relaciones en una polirelación?

Te limita tu perspectiva monógama

Por último, bastante difícil me resulta llevar una mono-relación. ¿cuánto se complican las relaciones en una polirelación?

Lo que pierdes de vista es que no tienes varias parejas, tienes varias parejas que a su vez tienen varias parejas. No es como tener dos o tres novias. Yo no soy polígamo pero sí conozco a varios, y no lo llevan peor de lo que yo lo pueda llevar. Si hay alguna diferencia sustancial, es que cuando pelean con una de las novias y rompen esa relación, no se quedan sin sexo.

No suena mal.

De hecho me empieza a sonar muy bien conforme más lo pienso.

Me ha encantado.....

....esa es la verdad Gonzo, me ha encantado esta entrada.......y como me siempre me esta haciendo pensar mucho. Eres un crack tio, no nos dejes hehehe.
Un abrazo!!

No podía evitar comentar

Llevo leyéndote (y recomendándote) muchos años, y creo que debe ser la primera o segunda vez que comento, pero no pude evitarlo.
Muchas veces he creído verla veladamente, intuirla en ciertos detalles, pero hoy, después de leer este artículo, justo hoy, y justo ahora, la he conocido frente a frente. Increible...

Sincronicidades

¿No habrá un nueve por ahí? A mí me pasa...

:-)

Coño, conviértete al islam

Coño, conviértete al islam o hazte mormón.
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¿Por qué mandáis que el hijo de Venus se prostituya por dinero? No tiene bolsillo donde guardarse el dinero.

Pero tú a qué edad tiraste

Pero tú a qué edad tiraste el chupete que te acuerdas...?

Y lo del undécimo mandamiento... no creo, sería redundante ;-)

Venga, feliz Navidad.

Polisexo

Por qué decir poliamor cuando se quiere decir polisexo?

No estoy de acuerdo.

En esta ocasión, querido Gonzo, no puedo estar de acuerdo contigo.

Estar polienamorado es el tiempo que se tarda es descubrir de quién se está monoenamorado.

Es como un balón de baloncesto girando emocionantemente en el aro, sin dejar claro hacia que lado caerá, o como una moneda rotando verticalmente sobre su canto mientras la inercia permite que aún se hagan apuestas. En foto fija, el poliamor es posible. Con perspectiva temporal, no.

___
?

Supongo...

...que todo esto, con metáfora baloncéstica incluida, es el resultado de una larga y compleja experiencia personal, ¿no? ¿O se trata de una opinión sin más, pim pam?

:-)

Ni lo uno ni lo otro.

Personalmente sí he estado enamorado de dos personas a la vez, pero solo un rato. Como cuando durante un instante necesito irme a meditar al Tibet e irme de copas, todo a la vez. Es un momento, al final siempre me voy de copas. Igualmente creo que el perfecto balancín de amores finalmente se inclinará.
Este convencimiento no está fundamentado en mi limitada experiencia vital (intento que ninguno), ni tampoco en mi también limitada capacidad de formarme una opinión a la velocidad del rayo y defenderla como si supiera de lo que hablo. En realidad lo estoy basando en algo tan poco romántico como la Ciencia. En Viaje al amor, Punset habla de estos temas.

En cualquier caso es mi opinión, y me reservo el derecho a cambiarla por la contraria si alguien piensa como yo.
___
?

ok.

Iba a ponerte en tu primer comentario arriba que me parece bueno pero no estoy de acuerdo.

En este te digo que sí estoy de acuerdo contigo en el segundo, en las 2 últimas líneas.

Cada uno tiene sus estructuras mentales para sus conceptos. Para el amor también.

Estas cambian y se adaptan y se moldean y se desadaptan en un ciclo continuo como todas. La del amor también.

Cada uno juega con sus cartas y cómo va la partida para componer esas estructuras como puede.

sólo eso.

Curiosidad sincera

Ya he leído sobre el tema donde Pavlina y me parece interesante. Pero una pregunta de chica treintaytantosañera con el reloj biológico a toda máquina: ¿cómo se come lo del poliamor en el mismo plato que la procreación, o mejor dicho, que la crianza de uno o varios hijos?

Pareja principal

Esa es la clave. Los polígamos que conozco también se casan y tienen hijos, pero suele ser con la que ellos consideran la pareja principal. Por lo que he podido observar de sus conversaciones y comportamientos, no es que estén enamorados (o enamoradas) de un montón de parejas, están realmente enamorados de una o ninguna, y siempre suelen tener una pareja principal. Esa es la pareja con la que se casan y tienen los hijos, aunque luego no renuncien a mantener relaciones sentimentales con más gente. También los hay que dejan el "poliamor" para establecerse con una pareja determinada, y a algunos hasta les funciona ;P

Hablando claro

Lo de poliamor suena muy elaborado, pero creo que es lo que toda la vida se ha llamado "tener amantes", tener queridas, etc.

Hacía tiempo que no leía un post tuyo con la sensación de que estabas en mi cabeza. A veces quisiera ser como Lenny Kravitz, que depués de tirarse al equipo titular de Victoria's Secret decretó un periodo de abstinencia para reflexionar.

Pero no puedo dejar de pensar que eso de amar a dos ( o tres u cuatro) es en realidad amar a uno (el propio ombligo).

yo solo...

"A veces quisiera ser como Lenny Kravitz, que depués de tirarse al equipo titular de Victoria's Secret decretó un periodo de abstinencia para reflexionar."

Yo sólo en la primera fase. Hasta Antes de la reflexión.

Pues yo...

... estoy solo y me encuentro de puta madre. Y en cuanto me quede un poco mas solo, estaré mucho mejor.

Poliamor, curioso...

En realidad no creo que sea algo imposible estar con dos personas, pero es extremadamente difícil (o incluso utópico) encontrar a dos personas que realmente puedan dejar de lado lo que yo llamo "el efecto de propiedad", entender el concepto de que cuando tu amas una persona le debes ese sentimiento y así mismo ella te lo debe (si es correspondido obviamente), es tuyo, pero nunca jamas la persona en cuestión, puede sentir lo mismo por otra persona. También es complicado por lo que podríamos llamar "los turnos", ¿Como repartirse de forma que nadie se sienta fuera de esa relación? ¿Quien dijo yo primer? Así como el tema de la concepción de hijos o la propia convivencia pueden ser complicadas.
Aun así hablo desde la inexperiencia, me he visto incluido en alguna historia con poliamor pero sin importancia alguna.
Suerte y sigue así.

AUTOCONVENCIMIENTO

No hay como inventarse un concepto cuando lo que uno quiere es follar a saco sin reproches ni dar explicaciones. Llamalo swinging, o poliamor o Nicotinamida adenina dinucleótido fosfato. Todo es lo mismo. Digo "lo que necesitas es amor" y acto seguido me voy a cuba en busca de semental mulato.

Ya lo dijo el poeta:

Todos a beber y afollar, que son dos días

WWW.grandesconceptos.blogspot.com

Muy autobiografio post

Muchos no sentimos identificados con tu palabras, esto de ser obra lleva una gran resposabilidad. Suele ser una lucha de entre lo aprendido y lo deseado. Es decir, hay que ser cabelloroso con las mujeres y luego el deseo de sentirse hombre. Creo estamos influiciados por intentar ser el superman o superbueno para ellas, pero ellas luego prefieren al malo. Al final todo consiste saber se egoista si con poligamia o monogamia. Pero lo que preferamos con razonable justificación.

Me gustaría escuchar una version femenina de la misma historia. Para mí que los hombres y las mujeres vivimos en mundos distintos. Creo que ellas no se tienen que esforzar por ser buenas por dentro sino estar buenas por fuera.

Por cierto, Comparto tu amirable respecto por la honestidad, creo que algo que falta mucho en este mundo.

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