Cuida tus ojos: busca la verdad

Llevábamos más de medio año saliendo juntos. Para mí aquello se trataba de un récord, pero lo cierto es que me encontraba bien con aquella chica.

Era de noche y estábamos de nuevo en su cama. De repente aquella fue una de esas veinte veces al día en que me apetecía tener sexo con ella. Dejé el libro a un lado, sumergí mi mano derecha bajo las sábanas y palpé sus muslos. Ella emitió un bufido y se giró sobre sí misma dándome la espalda.

Pensé que a ella no le apetecía, apagué la luz y empleé los siguientes quince segundos en gestionar la frustración. Luego adopté mi postura favorita para dormir y me lancé de cabeza al mundo onírico.

En cuanto me di cuenta ya era de día. Ella hacía ruido por la cocina. Me levanté, caminé hasta allí, le di un beso de buenos días y empecé a prepararme un té. Después me senté frente a ella. Poco sabía yo sobre lo que estaba a punto de acontecer.

—Anoche, cuando te dormiste, me masturbé —dijo.

Hubiera esperado que la conversación empezara con algo del tipo “Hoy va a llover”. También me gustan frases como “¿Te gusta el sushi?”. No es que me importe en absoluto que una chica comience un diálogo empleando las palabras “Anoche me masturbé”. Se trata más bien del contexto. En mi orden de cosas, uno se masturba cuando no puede follar.

Hace unas semanas estaba sentado tomando vino y jamón con mi padre cuando me preguntó:

—A ti, además de follar, ¿qué te apasiona?

Cuento esto para ilustrar que, si aquella chica tuvo que recurrir a la masturbación, no fue precisamente por falta de recursos.

Primero sentí estupor. Después recordé la frustración de la noche anterior. Luego terminé de procesar mis sentimientos. Si entonces ya era un tipo rápido para estas cosas, últimamente estoy batiendo mis propias plusmarcas. A veces pienso que me queda muy poco para la iluminación completa.

Todavía ligeramente descolocado, pensé que no valía la pena hacerle entender a aquella chica cómo funcionaba mi lógica masculina, así que concluí que lo mejor que podía hacer era realizar unas cuantas preguntas y aprender algo sobre la masturbación femenina, terreno para mí desconocido y altamente intrigante.

—¿Y en quién pensaste? —pregunté.

Habrá lectores que crean que postulé aquella pregunta para cercionarme de que la chica se masturbaba pensando en mí. Nada más lejos de la realidad, como se podrá comprobar en unos pocos párrafos.

—¿En quién pensé? ¡En nadie! —contestó ella.

Su respuesta me sorprendió en gran medida.

—¿En nadie? ¿No piensas en nadie mientras te masturbas?

A mí aquella respuesta no me cabía en la cabeza. Por aquellos entonces yo estaba con Freud en un 90% y pensaba que la psique se había inventado para, básicamente, servir a funciones masturbatorias. No podía creer que hubiera alguien que se masturbara dejando la mente en blanco. No creía en las pajas zen. Más bien era la masturbación una de aquellas actividades que me reafirmaba en la unicidad de cuerpo y mente.

—No, en nadie —contestó ella.

No pensaba en nadie mientras se masturbaba. Pude escuchar cómo algunos de mis circuitos neuronales cortocircuitaban. Debió de salirme humo por las orejas. Quizá deba subrayar, para que el lector pueda comprender mi estupor, que me encontraba en una etapa de mi vida en la que no sabía que la gente mentía. Sí, lo sé, soy un tipo peculiar. Así pues, ella dijo que no pensaba en nadie y yo le creí. Y fue en aquellos términos que le picó la curiosidad y la ronda de preguntas cambió de sentido.

—¿Tú piensas en alguien cuando te masturbas? —dijo ella.

—Por supuesto —contesté.

Para mí, la respuesta a aquella pregunta era la misma que para cuestiones del tipo ¿quema el sol? o ¿te gusta que te la chupen?

Ella dudó un par de segundos. Finalmente dijo:

—¿Y en quién piensas? ¿Piensas en mí?

Yo, por contra, no dudé ni una décima.

—No, no pienso en ti. Contigo puedo follar cuando quiera. Sería estúpido masturbarme también pensando en ti. A ti te tengo de verdad.

En esta vida siempre hay una explicación para todo. Si hubo una etapa extraordinariamente larga de mi vida en la que pensé que todo el mundo decía siempre la verdad, era porque yo siempre decía la verdad, y lo cierto es que no se me ocurría ningún motivo para que alguien hiciera lo contrario. Así pues, contesté con completa honestidad. Su cara se desencajó. Ahora me río, pero en aquellos momentos pensé que la culpa era mía y me puse algo tenso.

Cuando se hubo recompuesto (es un decir), debió de pensar que quería más. Preguntó concretamente:

—¿Piensas en amigas mías? —dijo.

Lo cierto es que, debido a los avances de la técnica moderna, hacía mucho tiempo que no tenía que recurrir a la imaginación para hacerme un paja. Vivimos en tiempos que nos hacen vagos, tiempos en los que no hay más que encender el ordenador para acabar sepultado por una avalancha de culos y tetas. Lo difícil hoy en día no es ver tías en bolas, sino dejar de verlas. Eso en cuanto al papel de la imaginación en la masturbación actual expresado en cuatro líneas.

Sus amigas. Como toda mujer, esta también tenía amigas. Y como en cualquier otro caso, las había que estaban buenas. En concreto había dos que ocupaban con cierta recurrencia mi procesador mental en solitarias noches de insomnio, que por aquel entonces se repetían con cierta frecuencia. Una de ellas me resultaba insoportable pero podía haber sido modelo. En mi cabeza se tornaba muda y era una especie de mujer perfecta. La otra era una suerte de barbie en esteroides, y cuando le quitaba el sujetador me temblaban las manos. En ocasiones, en mis ensueños, ella y mi chica se emborrachaban y me proponían un trío. Es curioso que, a pesar de tratarse de mi propia cabeza, me resultaba imposible que me propusieran un trío si no se ventilaban primero una botella de tequila. Los procesos mentales siguen caminos insondables sólo dirigidos por nuestros propios límites.

En cualquier caso creo recordar que, cada vez que me había masturbado, sus amigas habían permanecido lejos de mi erección. Es por esto que no me puedo explicar todavía que cuando ella me preguntó si pensaba en sus amigas yo le contestara:

—Sí.

Supongo que por un momento pensé que me iba a proponer un trío con la Barbie y se me cruzó algún cable. Lo cierto es que no sé por qué dije que sí. De cualquier modo no se trataba de una verdad o de una mentira, sino más bien de un cruce entre dos verdades.

Primero abrió la boca como si se fuera a tragar un camión. Después se llevó las manos a la cabeza, muy despacio, como si le acabaran de decir que sus padres hubieran muerto en un terrible y cruento accidente de tráfico. Luego se levantó y se puso a dar vueltas. Yo también estaba sorprendido, pero ella me ganaba la mano.

Al final se recompuso. La mala noticia es que cada vez le estaba costando más. Se encaró conmigo y me dijo:

—¿Te das cuenta de lo que me has dicho?

Me pregunté si me había dado cuenta de lo que le había dicho. La respuesta que obtuve fue “sí”. Generalmente presto mucho atención a todo lo que digo, y aquella había sido una de esas ocasiones. Podía incluso recordar la conversación completa. Soy un chico muy atento.

—Sí, claro que me doy cuenta —contesté—. Pero oye, has sido tú la que ha preguntado.

Por un momento pareció sopesar mis palabras, pareció darse cuenta de que ella solita le había abierto la boca al lobo y después se había arrojado al interior. Tardó como un segundo en esquivar su responsabilidad en el asunto y se concentró en agarrarse un enfado monumental. Cogió las llaves y salió de casa con un portazo. Yo me quedé sentado sin entender un pimiento y con cara de imbécil. Me preguntaba si aquella iba a ser una de esas ocasiones en las que mi honestidad iba a ser como esa pistola que se me vuelve a disparar haciéndome fosfatina el pie.

Me tuvo tres semanas sin follar, y no sé si es necesario volver sobre la pasión que siento por tal actividad. Y ojo, no se lo pierdan, me costó bastante más de tres semanas darme cuenta de que la culpa no era mía.

La mayor parte de la gente no busca la verdad. Vive en un estrecho cercado en el que se siente a gusto. A la mayor parte de la gente le resulta más conveniente la mentira. Mucha gente vive vidas de porexpán en las que no hay nada real, son todo sombras. Mucha gente prefiere no saber.

Probablemente la opción de esquivar la verdad no sea más que una ilusión. Si no persigues la verdad, la verdad te perseguirá a ti, y te puedo asegurar que te terminará encontrando.

Y cuanto más tiempo pases en las sombras, más te dolerán los ojos cuando la luz te alcance.

Cuida tus ojos: busca la verdad.

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Comentarios

Desde que descubrí este blog ( no sé como llegue a él, doy gracias a google?) , he pasado muy buenos ratos leyendo los muchos relatos, y sobretodo posteriormente, pensando; no hay nada más interesante que alguien te haga pensar y en muchos casos hacerte ver las cosas de una forma distinta, y en algunos casos también apoyar ciertas creencias que uno ya tenía como suyas. ( No estamos solos ).

Este último relato aparte de divertido plasma sin duda una realidad cotidiana en la que todos estamos inmersos, y digo con mayúsculas TODOS ( Gonher, puedes también incluirte es gratis) , no me creo aquel que dice que nunca ha mentido, habiendo tantas clases de mentiras seguro que alguna vez se ha caído en alguna de ellas.
Es difícil intentar visualizar todas las posibles connotaciones que hayamos en la palabra y el hecho de mentir, voy a intentar simplificar a ver si así saco / sacamos algo en claro.

En el caso del relato, estoy totalmente de acuerdo que, hay quien pregunta esperando una respuesta que le resulte cómoda, y el hecho de escuchar algo no deseado se convierte en una decepción y sorpresa. Ha sido en una de los últimos post, que han hablado de la Hipocresía, creo yo muy importante en lo que nos atañe.

El esperar una respuesta positiva a lo que preguntamos, sabiendo de todas que no es verdad, nos convierte en hipócritas, aceptar una mentira como verdad, a sabiendas de que no es la realidad solo nos ayuda a seguir auto engañándonos con premeditación, nuestra ficticia realidad permanece en orden y sin alteraciones, eso nos reconforta, huimos así de un caos que nos puede desconcertar y desequilibrar nuestros sentimientos.

Esto me hace recordar, y lo menciono porque tiene mucho que ver, en lo que ocurre con nuestra memoria, tema muy fascinante también y candidato para un buen relato. Nuestra memoria no es la misma al paso de los años, el contenido del hipo campus esta en continua renovación física, es por ello que parte de los recuerdos los perdemos. Lo más sorprendente es que nuestro cerebro necesita tener recuerdos completos, no le vale tener el puzle con algunas piezas, es por ello, que rellenar los huecos de tal forma que conseguimos un recuerdo total, aunque parte del puzle es inventado.

Me diréis a que viene tal exposición, y es que encuentro que el hecho de aceptar mentiras como verdades nos ayuda a seguir con nuestro puzle completo, aunque las piezas no encajen, pero nos decimos, si si, esta está bien puesta, ejem pero si no encaja, coño si encaja sí. Vale…
He leído todos los comentarios, siempre hay muy buenas aportaciones, aunque me gustaría dar mi opinión sobre algunos de ellos.

¿Es la mentira cómoda ¿ San Agustín distingue entre ocho tipos de mentira, y en seis de los casos hay cierta comodidad, en unos casos para el que la ejecuta y en otros para el que la recibe , es un hecho que se miente para eludir una verdad que en muchos casos puede incomodar, herir y perturbar.

“Nada es verdad en el ámbito humano “ “ La ropa es falsa? Joe morgan.” Una afirmación brutal, me parece una postura muy escéptica, si es cierto que todo es relativo, nos hemos inventado términos como bueno y malo, por la simple necesidad de tener un punto de apoyo para poder construir un mundo con cierto orden, repito el caos nos causa mucho terror. La ropa es falsa, vamos, si te refieres aquellos polos de etiqueta china con el cocodrilo un poco más grande que el original, cierto, esa era falsa.

Mentimos por miedo ¿ No creo que mintamos por miedo, yo he mentido alguna vez y no tenía el corazón acelerado, ni los ojos abiertos de par en par, ni sentí ningún tipo de parálisis muscular.

El hecho de mentir para evitar que alguien conozca una realidad de nosotros mismos que creemos no va a ser de su gusto, es simplemente una forma de conseguir algo a cambio, es un trueque, yo te digo lo que quieres oír y así yo consigo que por ejemplo no te alejes de mí, es en realidad la verdad la que en este caso nos causa miedo. A lo que concluyo diciendo creo más acertadamente, la verdad es la que nos da miedo y para evitarlo mentimos.

He visto también el video del calamar, como algún comentario dice nunca la naturaleza dejará de sorprendernos, hasta el más pequeño insecto emplea alguna artimaña digna de un gran inventor (hay mucho inventor que tendrían que llamarlo mejor: observador). Pobre calamar, desde luego no miente, la adaptación a sus necesidades de apareamiento lo han llevado a tan inteligente actuación de cambio de color, como hacemos los humanos, cuando miramos con intención de agradar a nuestro sexo opuesto, intentamos poner nuestra cara más agradable, sexy si cabe, eso sí, podemos cambiar de cara en una fracción de segundo para decir claramente, esa es mía, ni te acerques.

“mentir es un mandato a la auto conservación, a la mejora del entorno a favor del individuo; tan lícito como arriesgado.” joe Morgan

No siempre mentimos en beneficio propio, eso está claro, tu puedes mentir para no hacer daño a alguien, siempre las he llamado “mentiras piadosas “y también he oído que las llaman “ mentiras blancas “, y , no todo el mundo está a favor de ellas, pero yo soy un ferviente seguidor de la postura que hacer daño gratuitamente no lleva a ningún lado, y como dice el dicho, corazón que no ve, corazón que no siente.

“las mentiras tienen un poder que no tienen las verdades,” Bluemoon

Todos sabemos la gran facultad que tenemos los humanos para fijarnos en los errores más que en los aciertos, cuando todo está bien nadie salta y dice “ la habitación es blanca”, es un hecho , pero si tiene una mancha ya hemos encontrado el defecto y vamos a decirlo por todo lo alto, y nos vamos además a recordar del hecho siempre , aunque haya sido puntual . Mentir no es más poderoso que la verdad, solo que amancillamos lo que antes era integro, o creíamos que así era, pero nadie es perfecto.

Bueno, espero que no me haya enrollado demasiado, adelanto que como muchos de los que escribimos y sinceramente mi caso, no tenía una idea clara del hecho de mentir, y sigo sin tenerla, aunque algo mas se. Y para acabar y haciendo alusión a una frase de Buenafuente, no soy esclavo de lo que dije hace 10 minutos?

Un saludo a todos y Gonzo, muchas gracias por hacernos pensar y sobretodo disfrutar con tus relatos. ( he de confesar que me imprimo unos cuantos para la lectura veraniega en la playa :)

No te olvides de imprimir los comentarios…

Para el admin, vendría bien, una versión para imprimir, con comentarios incluídos…, por favor.

…busca “lo verdadero”. Conoce, reflexiona, medita, elimina lo superfluo o falso.

¿Por qué mentimos? Respuesta: porque podemos y en algunos casos hasta debemos. Si el mosquito de la fruta pudiera, lo haría. La evolución nos da ese arma.
Utilizar la mentira para algo bueno es como usar veneno de abeja para curar la artitris: convierte algo negativo conocido en algo positivo.

”- Mamá, ¿vamos a morir?¿donde está Sultán?
- Es muy posible, pequeño, que jamás llegues a celebrar tu séptimo cumpleaños. La ultima vez que vi a Sultán se alejaba flotando riada abajo con las cuencas de los ojos vacias y las patas traseras arrancadas.”

”- Mamá, ¿vamos a morir?¿donde está Sultán?
- No hijo, tranquilo, antes o después vendrán los bomberos a salvarnos de este temporal. Seguro que Sultán ha conseguido ponerse a salvo y nos está esperando.”

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A veces olvido que en mi orden de cosas (en al actual al menos) la piedad está por encima de la verdad.

Gracias por recordármelo.

En primer lugar para quien opina que no es lo mismo pensar que hacer discrepo profundamente, la diferencia es que en un caso se es más valiente que en otro. Yo cuando pienso en cepillarme a las amigas de mi novia es que realmente me gustaría cepillármelas, pero sin que tuviese consecuencias, sin tener que mentir y que a todo el mundo le parezca genial. Como va a ser que no pues me lo imagino. A mí el que una pareja me sea fiel porque evita la tentación o simplemente no ha tenido oportunidad de poco me vale, pero esto es cosa mía que soy muy raro. (Resumiendo, que me lío: Fantasear con otros = ser infiel + ser cobarde).
En cuanto al tema filosófico sobre la mentira… creo sinceramente que es lo más natural del mundo. Cuando el hombre era animal no mentía, es al hacerse hombre cuando necesita tomar ciertos hábitos que le ayudan en su vida. Un día se decidió que es mejor comer con cubiertos para evitar infecciones, no tocar una teta a una desconocida para que no se violente… y con el tiempo se han aislado y evolucionado como un arte más abstrayéndolos de su verdadero origen, además de inventar nuevas mentiras-convenciones por el mero hecho de reclamar, ejercitar y desarrollar nuestra humanidad (pelucas empolvadas, saludar a un gilipollas…) Ahora que la humanidad nos repele un poco (con toda la razón del mundo) queremos animalizarnos y consideramos la mentira y el miedo como algo terrible, pero a toro pasado…
No sé muy bien qué quiero decir con esto, quizá el que me parece un poco pedante el juzgar la mentira… por no mencionar que todos decimos la verdad excepto casos puntuales en que mentimos de forma totalmente justificada “porque yo lo valgo”. Personalmente también reivindico el comer con las manos, olerle el ojete a la gachís para ver si son del barrio y cuando me pregunten decir lo que en realidad sucede, pero aunque me dé asco un tío ruin no olvido que es el rumbo de la evolución humana quien lo ha hecho así. Seguramente sin ese deshecho humano no tendríamos energía nuclear (que para mí es algo bueno).
Para finalizar, la “búsqueda de la verdad” me recuerda un poco a cuando España entró en el Euro, fue el único país en preguntar “¿y qué va a pasar con el dinero negro?” la mentira es nuestro dinero negro. Me parece genial el querer retirar todos los envoltorios para descubrir, seguramente incluso con sorpresa, los verdaderos orígenes de las cosas y el querer descolgarse de un juego demasiado complejo al que nadie nos ha preguntado si queremos jugar, pero quien se crea capaz de juzgarlo creo que está equivocado.

No estoy orgulloso de ello… pero fué divertido.

Y me explico:

A mi modo de ver después de leerle, el quid de la cuestión sería el siguiente. Por qué su novia lo rechazó aquella noche fatal y decidió hacerse un dedo en vez de follar con usted? Voy mas allá por qué decidió herir su orgullo de macho nada mas despertarse y contarle que había preferido masturbarse a gozar del semental que tenía al lado? Por qué usted no tuvo el coraje de preguntar… “Por qué”

Creo que realmente fue eso lo que en su fuero interno lo dañó. Y por ello, creyendo hacer un acto de real veracidad lo que hizo fue intentar herirla a ella también, con las mismas armas. Básicamente por que lo dejó descolocado y desconcertado y como por azar, casi sin querer, la conversación derivó por otros derroteros.

No existe una sola verdad. Dentro de una situación cualesquiera que sea. Cuando se trata de una realidad de dos. las verdades son variadas y dependientes de las otras piezas del puzle… Habría que escuchar la versión de la otra parte. Y saber por qué su novia decidió complacerse a si misma sin la ayuda de usted. Y por qué al día siguiente se lo echó en cara. Como diciendo… Ya no nos queda ni eso… Como un principio de crisis mundial dentro de nuestra propia casa.

Creo que a veces bajo el palio de la verdad se esconde el regusto de la saña cruel. Yo me pongo en guardia cuando alguien me dice “Te voy a ser sincero/a”. Casi siempre esconde un reproche, pocas veces un halago o una crítica constructiva. No por ello hago apología de la mentira, ni creo que sea ese el camino. Pero si creo en la piedad de las palabras. En no tener que decir todo lo que pasa por nuestras cabezas cuando nos sentimos intimidados… En el amor al prójimo, en la compasión. Si además, como es el caso, nos acostamos con él. Deberíamos plantearnos el por qué de sus reacciones. En vez de actuar como niños dolidos en nuestro orgullo.

Es humano sentirse y reaccionar como usted lo hizo pero igual de humano es lo que hizo ella. Y nadie la puede tachar de no querer saber la verdad, simplemente usted le dió la vuelta a la tortilla. Para esconder también una verdad que le dolía. O cuando menos molestaba.

Realmente lo que veo, mas que una cuestión de abrir los ojos ante la verdad, es un caso de inseguridad. De usted por no preguntarle directamente a su novia, por qué esa noche no me quisiste a mi entre tus brazos y me diste la espalda y luego para mas inri vas y te masturbas. Y de ella por No tener el valor de decirle ” Tenemos un problema”. Seguro que si ella le dice que se hace pajas pensando en lo buenos que están sus tres amigos fulanito, menganito y citanito. A usted le hubiera pasado lo mismo que a ella. Pero estas cuestiones… No nos gustan plantearnoslas.

En cierto modo la verdad no se busca. Porque la vida ya te la empaqueta cada mañana que te despiertas a las 7. Porque tienes que sobrevivir otro día mas, en este mundo, cada vez mas despiadado y falto de sentido y sensibilidad. Por eso retuerces el dolor con ironía y lo cubres de respuestas que te lleven a generar una nueva duda.

Y al final, te tropezaras con la gran y única verdad que se divisa desde dos metros bajo tierra. Y dará igual pensar que esa relación de año y medio se fue a la mierda por que antes de esa masturbación ya apenas os decíais nada. Cada día sucedia al siguiente y pareciais dos desconocidos que seguian juntos por huir de la soledad.

Un saludo y disculpen las molestias.

Saciar el ansia.
Ansiar la gloria.
Glorificar el vacío.
Vaciar el cerebro.

me gusta tu análisis.

Me sentía confiado identificado como el machito que concreta y que defiende las cosas sencillas hasta leer tu post.

Ahora me identifico con ese animal herido que reacciona de forma pasivo-agresiva.

Gracias.

Bonita historia y muy real. Me gusta el tono, bien escrita y sin resultar pedante (te puedes considerar afortunado). Me ha hecho pensar en algo que aún no entiendo: ¿cómo es posible que en una relación no exista la plena confianza o casi? En mi caso, soy una persona bastante sincera y por suerte mi pareja lo es aún más. Vivimos los dos en Mallorca, pero yo estudio en Barcelona, así que nos es difícil vernos durante el curso, pero aún así nos llamamos a menudo e intentamos no distanciarnos psicológiamente ya que la distancia física nos juega una mala pasada.

Un día, debíamos llevar cuatro meses más o menos, estaba harta de la universidad y todos los follones que se habían montado y decidí salir de copas con un amigo. Hablamos un poco de todo, y entre otras cosas, sobre que él aún seguía enamorado de su ex novia mientras que yo le hablaba de lo mucho que echaba de menos a mi novio. En nuestra soledad, nos dimos algún beso.

Al día siguiente no pude evitarlo y se lo conté inmediatamente a mi novio. No se lo tomó nada bien, como es obvio, y ambos nos sentimos fatal. Le expliqué la verdad, que no había significado nada y que lo seguía queriendo, pero que había pasado. Pasamos una semana bastante jodida, además que él me estaba preparando una sorpresa para mi cumpleaños desde hacía más de un mes y aquello le chafó un poco el plan (aunque siguió adelante). Pero adonde quería llegar era que cinco meses más tarde seguimos juntos y más enamorados que nunca. La verdad puede doler, pero descubrir la mentira duele aún más. A parte, está claro que si no hubiera pasado aquello todo hubiese sido mucho más fácil, pero al menos él ahora sabe que puede confiar en mi.

la fase final es para enmarcarla…

La mentira…qué gran tema. Creo que habría que distinguir entre dos cosas: la ficción en la que todos, en cierta manera vivimos (¿quién puede asegurar que tiene la verdad?) y el engaño propiamente dicho. Como se ha dicho por arriba, normalmente las mentiras parten de nuestro miedo y nuestra inseguridad…Cuando no nos atrevemos a confesarnos algo a nosotros mismos o a los demás, nos engañamos porque es más fácil o porque sentimos que no nos queda otra salida (algunas cosas son verdaderamente dificiles de expresar). En realidad, cuando conseguimos decir la verdad somos más libres, aunque a veces duela. También hay un factor de carácter: la gente puede tener una honestidad más o menos brutal. En mi caso, prefiero mil veces a alguien que sea brutalmente honesto conmigo que a un hipócrita porque por lo menos del primero se lo que piensa de mi, aunque pueda no gustarme. Eso te simplifica mucho el trabajo. Si no, tienes que ir medio adivinando los dobles sentidos de las cosas y suele ser un lío. Cada uno tiene su propia manera de ver las cosas y yo no tengo por qué tener telepatía y saber que tú piensas que si yo te oigo decir esto y lo otro es porque en el fondo quiero preguntarte esto o comprobar lo otro. Ni tampoco tengo por qué saber que mi prójimo tiene un complejón con tal o cual cosa y necesita que alguien le aplauda un poco para seguir adelante. El problema es que a veces hay giros y dobles sentidos que, la persona que los dice, piensa que todo el mundo va a entender exactamente lo que es. Ej.: hay tías que cuando preguntan “¿tú crees que estoy gorda?”, en realidad están tratando de decir “hoy he notado que llevo unos kilillos de más y no me siento a gusto con este cuerpo y estoy molesta, por favor, muestrame tu aprecio diciendo algo para que este malestar se me pase y evitar que se desinfle mi autoestima” ¡Y creen que todo el mundo lo capta! Desde luego hay gente con ese don…pero no siempre es así. Entre otras cosas porque cada persona construye sus propias asociaciones entre lo que se hace y lo que significa, a veces, subjetivas hasta decir basta. Y cuando se encuentra con alguien que no comparte sus interpretaciones no piensa “esta persona no entiende a donde quiero ir a parar” sino, más bien “ese cabrón se hace el loco” y, a pesar de todo, ¡qué curioso! suelen seguir insistiendo y yendo por los caminos más inverosímiles. Todo excepto aceptar explicar ese tema directamente. Y tantas precauciones…¿tanto miedo nos da lo que piense la gente de nosotros? ¿o lo que nos da miedo no será qué se nos podría pasar por la cabeza al escuchar lo que piensan los otros de nosotros? ¿No volveríamos a lo de arriba, a que somos unos inseguros? Pero, bueno, siendo seres humanos tampoco ibamos a ser perfectos ¿no? De hecho, es posible que en realidad la verdadera razón por la que a mi me guste la sinceridad sea porque soy una inepta captando indirectas…

no eres la única, no.
De hecho, es posible que en realidad la verdadera razón por la que a mi me guste la sinceridad sea porque soy una inepta captando indirectas…

* Por rikko.

Creo que la cuestión aquí no es decir la verdad o no. ¡Joder! Si es que hasta a mi me ha parecido que en vez de cerebro tienes un ladrillo, y eso que soy un tío.

- Como has manifestado al principio, a ti te basta con un estímulo visual para ponerte cachondo. Tu novia probablemente necesita algo como palabras, demostraciones de afecto… otro tipo de cosas que no son precisamente meterle la mano directa al chomino ¡Cacho animal!

- Cuando ella te confesó que se había masturbado, estaba manifestando su descontento sexual. Y tu en vez de interrogarle sobre el asunto, va y le sueltas que te quieres acostar con sus amigas. ¡Muy bien machote!

- Y por último ¿Te parece normal querer acostarte con tanta gente? Yo tengo hermanas, primas, amigas y ex novias, y deseo que sean amadas como corresponde y no acaben con tipos así.

El que aguantaras un año con la chica yo no lo llamaría record, sino un milagro.

Cuando dices la verdad y la tía se enfada, quizás el problema no sea decir la verdad sino lo que has dicho ¿Lo has pensado?

Caí “de casualidad” por aquí, Felicidades por tu estilo y tu honestidad. Yo también peco de creer, de entrada, en las mujeres con quien intimo. Me pica la curiosidad: ¿En quién pensaba tu mentirosa cuando se masturbaba?

Busca la verdad… La liaste parda porque no te coscaste un pijo que ella estaba caliente y pensaste que no quería follar cuando realmente solo quería hacerse la dura, como mucho, y probablemente ni eso… montando tu película mental, de sombras en la que la verdad tenia que triunfar y castigar a la malvada mujer por no darte sexo… y por supuesto, salir ganando y ser le bueno de la historia…

Todo son sombras….

Buenas;

Me ha gustado el artículo, sobretodo el apunte final. Sólo quería comentar una cosa. Yo también tenía el problema -y lo sigo teniendo, aunque menos- de creer que la gente siempre dice la verdad -o lo intenta, que no es lo mismo-. Obviamente hay gente que miente, y bueno, todos soltamos alguna trola de vez en cuando. Lo que quería decir es que es posible -y sólo posible- que la muchacha tampoco mintiera -del todo- al decir que no pensaba en nadie al masturbarse.

No la conozco, obviamente, pero lo que quiero decir es que muchas veces no piensas en nadie en concreto. Se piensa de todo menos en alguien concreto… o concretamente desconocido, inventado. También podemos pensar en gente conocida, claro, y en parte de la oferta no precisamente escasa que también hay por internet, pero generalmente la mente va a su aire y es difícil de determinar, una vez se recupera la “cordura”… en quién narices estabas pensando exactamente.

Un saludo.

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