Cofuzión

—Eztoy cofuzo… —me decía Gorrino en la oreja en la disco de turno, después del vino de la cena y media docena de Gin-Tonics. —Zí, ez un mundo cofuzo… —le contestaba yo.

Y es cierto, el mundo es cofuzo, sobre todo en las discotecas. Por más horas de entrenamiento sigo sin conocer cómo funcionan sus intrincados mecanismos.

Poco después de la cofuzión generalizada le expliqué a Ratuza que el pedazo de chica del que me había enamorado perdidamente había resultado tener novio. Tener novio a dos metros de distancia. Un amor fugaz. A veces el enamoramiento dura todavía menos de lo que dicen. Al preguntarle al monumento cómo se llamaba me dijo algo así como "BRIRIBRRRRII!!".

—¿BRIRIBRRRRII!!? —me dijo Ratuza—. ¡Como el Dr. Zoidberg! (Futurama). Así que volvimos los tres camino a casa agitando las tenazas en el aire y zigzageando como el rosado personaje. "BRIRIBRRRRII!!". Le sacamos partido a todo. Por cierto, esa noche no teníamos ganas de salir y un poco más y ni entramos.

El fin de semana anterior, también con pocas ganas de salir, terminamos cargándonos la lámpara de la cocina, uno de esos globos de papel de tremendo tamaño con una bombilla dentro. Sí, claro, de la Tanqueta. Veremos qué opina al respecto. Como últimamente le sacamos el jugo a todo, le pinté unos enormes ojos y una sonrisa, y salimos a la calle con la lámpara en la cabeza saludando a los aturdidos teutones, capaces de cualquier cosa bajo el influjo de dos litros de cerveza pero incapaces de semejante chispa de genialidad. Modestia aparte.

El otro día me rechazaron la tarjeta de crédito en un comercio por no ir firmada. Es la primera vez que me sucedía. Le di la vuelta al plástico y vi que no estaba firmada porque tampoco disponía de la clásica banda blanca para garabatear con un boli.

¿Estás loco? ¿Cómo vas por ahí con una tarjeta sin firmar? —gritaba Gorrino. Yo qué sé, soy de pueblo. Por lo visto hay que estampar un garabato en la retaguardia con un rotulador indeleble o algo así.

Sonrisas comentaba que él nunca firmaba las tarjetas de crédito porque así el comercio estaba obligado a pedirle el DNI. Dice que lo de firmarla en cuanto la recibes es un sucio truco del banco para quitarse la responsabilidad de encima en caso de pérdida o uso fraudulento, aunque normalmente ambas cosas van lógicamente asociadas. ¿Alguien sabe hasta qué punto se puede ir por ahí con una tarjeta sin firmar y qué grado de credibilidad tiene la historia de Sonrisas?

—Buf, a mí se me han ocurrido auténticas burradas con la tarjeta de crédito en Alemania —comentaba Alberto al ser inquirido al respecto. —No debería haber venido nunca a este país. He cancelado cuentas de amigos, con su permiso, claro, simplemente poniendo su tarjeta de crédito encima del mostrador del banco —contaba.

El viernes estuvimos en el rastro, el Flohmarkt. Inmersión en el mundo del gitanerío teutón. Se vendía de todo, y la gente parecía no estar allí para timarte sino para venderte las cosas por un precio justo. La sensación era alienante. Alberto se interesó por una caja de metal que había contenido cartuchos de munción, sólo dios sabe en qué guerra. —¿Cuánto vale? —le preguntó al tío. —Cinco euros —dijo. —¿Cinco euros? —preguntamos los cuatro a coro seguros de haber entendido mal. —Bueno, cuatro —contraofertó el vendedor. Así pues, llegaron a un rápido entendimiento y Alberto se fué feliz con su caja verde de munición a casa, aunque con un cierto regustillo amargo por no haberse decidido también por una casa del ejército ruso con medallas y todo. También había una cartilla de racionamiento. En fin, cosas típicas.

¡¿Una cartilla de racionamiento?!, ¿cosas típicas?! —me gritaron dos teutonas a las que explicaba en el café que andábamos buscando memorabilia y, en fin, cosas típicas. Cuenta Gorrino que, cuando estuvo en Berlin hace unos años, la gente vendía hasta máscaras antigás. Cosas típicas, oiga. ¿Yo qué quiere que le haga?

Me comunica mi progenitor que el martes tendré la moto aquí, junto con los guantes, el casco y la cazadora. Farruquito ya está salivando. Me propone un viaje a la República Checa en un par de semanas. Tengo unas ganas que no me veo de subirme a la moto.

El lunes estuve en la consulta del Dr. Zoidberg. Nada más sentarme en la silla le dije que 2000 euros no los pagaba ni aunque la enfermera me estuviera tocando entre las piernas desde que entraba por la puerta hasta que saliera, y que habría que encontrar otra solución. Le apunté que lo suyo sería dejar los dientes de abajo en paz, y simplemente enderezar las muelas superiores y acabar con el asunto. Se sentó al ordenador, fue marcando casillitas y me hizo un precio de esos de 9.99 pero multiplicados por cien. Le dije que empezábamos a entendernos, así que me puso un par de herrajes extra para hacer pivotar las muelas a marchas forzadas. Después de terminar la faena, me dijo:" —Vamos a ver si se mueven. Normalmente están enraizadas en la mandíbula y no hay manera. De hecho —siguió— sólo las he visto girar en 4 ocasiones en 20 años de profesión". Cuando salí por la puerta me dije que, efectivamente, este era un mundo cofuzo.

Este próximo mes voy a estar trabajando para pagar al Dr. Zoidberg y para reponer todo lo que se lleve la Tanqueta la semana que viene. Es duro verlo así, pero así son los números, no entienden de sentimientos.

La cosa en Perry AG ha sido muy aburrida esta semana. De hecho, hacía mucho tiempo que no tenía tan poca faena. Estoy repasando algunas cosas y preparando el papeleo para los controles de calidad, a la espera de que me den hora para empezar a probar cosas en el Delorean. El tiempo pasa despacio y es muy aburrido leer las especificaciones del cliente por décima vez, aunque sigo encontrando cosas que había pasado por alto.

Parece que la primavera ha despertado a Pocholo. Creo que he recuperado el mojo. Mi vida social es imparable. Mis días son como capítulos de "Sex and the City" pero sin sex. Eso sí, empiezo a oír las risas de fondo.

Da gusto tener dinero, es una sensación que no había experimentado nunca. Por algún extraño motivo, paseo por los comercios y no encuentro cosas en las que gastar mi incipiente fortuna. ¿Estaré por encima del consumismo desbocado? ¿Cómo encontraré mi lugar en la sociedad? Lo último que he comprado ha sido un despertador que pone en hora solo por radiofrecuencia y un par de zapatillas. La pantalla del reloj ha salido defectuosa, y las zapatillas me han costado lo que pagué por la bici. Lo he apuntado bajo el apartado de "Inversiones en locomoción".

Aquí las zapatillas parecen un artículo de lujo, pero es que la gente se deja auténticas fortunas en comprarse todo lo que sale por la MTV. Se nota que todo el mundo tiene el riñón cubierto y que se lanzan a gastarse el resto en chorradas, mucho más aún que en España. Dolce Gabanna es una marca de tres al cuarto, y los teutones se dejan la tela en Gucci que no veas. Mientras tanto yo me compré una chaquetita la mar de apañada por 10 euros. Hay que ser previsor, que vete a saber qué pasa cuando termine el proyecto en Perry AG.

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Comentarios

¡¡ primeeeeeeeee !! :P


Danny G.


Danny G.
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con respecto a tu pregunta sobre firmar la tarjeta, lo que si puedes hacer es poner lo siguiente “Pedir Dni” como firma , eso es mas seguro que firmarla.

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Las disculpas son su politica
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