Circunvalando el Etna

Un tren si aire acondicionado, verano tropical del cambio climático en la costa oriental de Sicilia. Las ventanas están bajadas y los viajeros, entre los que me encuentro, asoman las cabezas como si de vacas se tratase.

No ha empezado aún el viaje y ya siento que he retrocedido en el tiempo unos cuantos años. Esto es más o menos lo que buscaba. Un pequeño viaje de dos días en busca de algún destino turístico que sea exótico, pero accesible. Me han contado que un tren circunvala el mítico volcán, uniendo pueblos perdidos en la montaña. Me ha parecido un plan óptimo para pasar dos días de viaje en solitario. Por lo que pueda pasar, me llevo el saco de dormir.

La imagen de las losetas de la estación moviéndose hacia atrás produce una extraña sensación. Es una marca del principio de la idea perfecta de viaje. Si en una película vemos esa imagen, sabemos que el viaje ha comenzado. Y como no, el viaje es en tren. Harán falta muchas películas para que el avión llegue al carisma que ya se ha ganado el tren.

Este primer tren me lleva por la costa oriental de Sicilia en dirección a Riposto, pueblo natal del cantante Franco Battiato, donde comienza el recorrido del Circumetnea. El tren se detiene en cada pueblo de la costa durante bastante rato. Siguiendo un patrón heredado del mediterráneo medieval, los pueblos se dividen en dos; el del valle y el de la playa. La mayoría de los que están en la playa llevan en el nombre la palabra “Marina”. Existen curiosas aberraciones como una montaña de cemento con ventanas en el Adriático llamado Milano Marítima. De cualquier manera, el pueblo en el que me encuentro ahora se llama Alí Marina.

El tren sigue circulando por una continuidad interminable de casas. Da todo el tiempo del mundo del mundo para ver la vida de estos lugares al mediodía de verano. La gente sube por las calles perpendiculares a la playa con sus sombrillas y toallas. Las terrazas están llenas de veraneantes a la búsqueda y captura de unas aceitunas con campari. Desde mi ventanilla localizo un pub irlandés. No creo que pueda haber nada más descontextualizado que un pub irlandés en un pueblo playero siciliano que, además, difícilmente tendrá turismo externo.

Acabo de cruzar Taormina, primer enclave griego en Sicilia. El lugar es espectacular, con su teatro griego y todo. Eso sí, aquí sí que hay más turistas que en el Louvre con playa.

Después de resolver un pequeño incidente con la revisora del tren me encuentro ya en Riposto. Que la máquina de billetes de la estación de Scaletta Zanclea no funcionase era algo con lo que contaba, pero no me esperaba que la máquina para convalidar el billete no tuviese tinta, así que mi billete estaba sin marcar. No le expliqué a la revisora que Trenitalia debería facilitar el pago a sus clientes, no dificultarlo para luego poner más multas. En vez de eso me hice un poco el loco.

Como decía, ya he llegado a Riposto. Lo primero que descubro es que en verano la primera mitad del trayecto se hace en autobús. Por un lado es un poco decepcionante, pero bien pensado, demuestra la poca vocación turística del trayecto. Me gusta. Así que ahora estoy a las 3 del mediodía bajo un sol de justicia en un pueblo donde hasta las lagartijas están echando la siesta, esperando a un autobús.

Calor, las calles vacías, y mucho silencio.

La información también brilla por su ausencia. La estación de tren parecía abandonada, y un papel pegado con cinta adhesiva indicaba la calle en la que pararía el autobús. Preguntando se llega a Roma, al cuarto de baño, y a la parada del Circumetnea, así que ahora estoy a la sombra de un poste que sostiene una chapa de metal oxidada e ilegible que esperemos indique que por aquí parará algún autobús.

Al final hemos tenido suerte. Ya estoy montado en el autobús. Un FIAT de los años 50 que no tiene más carisma porque no le cabe.

La carretera es un camino de cabras asfaltado. Parece que esté montado en una atracción de la feria. No solo por las curvas, sino porque a cada giro el conductor toca la bocina. O sea, que a veces no toca la bocina.

La subida transcurre entre bancales imposibles de olivos y frutales.

Acabo de llegar a Randazzo, pueblo medieval muy bonito del interior de Sicilia.

La chica de la oficina de turismo (a mi también me sorprendió que hubiera) tenía espíritu de funcionaria. A pesar de su ineptitud conseguí la dirección de un lugar para dormir.

El sitio costaba un poco más de lo que quería pagar, pero desde luego lo valía. Desayuno a la carta servido en terraza vistas al Etna, baño para mi solo…

El propietario, Matteo, parecía tener acuerdo con todos los restauradores del lugar, porque diciendo que ibas de su parte te hacía descuento en todas partes.

Di un buen paseo por entre sus calles medievales y visité el museo arqueológico donde, gracias a ser el único visitante, tuve una guía para mi solo. Me enseñaron unos aperos de labranza oxidados, unos tiestos griegos y una marionetas sicilianas (puppi) que, sabe Dios por qué historia de dominación, servían para representar la Canción de Roland.

Después de un maravilloso baño me encuentro sentado en una trattoria, esperando a ser servido. Se encuentra en una plaza escondida y muy bonita. La temperatura es perfecta, ya que la altura refresca el aire por la noche. Mientras espero escribo todo esto en una libreta. Con un poco de suerte me tomarán por un crítico gastronómico o un agente de una guía de viajes.

Comer, comer, comer…

Acabo de comer como una boa. Estoy a punto de explotar. A la llegada de los postres se ve que la libreta ha hecho su efecto, ya que me han ofrecido un plato enorme con muestras de todos los postres posibles. Vale, puede ser que lo hagan con todo el mundo, pero a mi me hace ilusión pensar que me han tomado por un crítico culinario.

Pasa la noche. Resulta irónico viajar en pos de la tranquilidad del campo y que un maldito perro con un dueño aún más maldito esté ladrando toda la noche.

De mañana, tras un desayuno admirando las coladas de lava de la cima del Etna, tomo por fin el tren. Efectivamente, es un viaje atrás en el tiempo. Un tren pequeño, de vía estrecha, que funciona a diesel.

El tren suena como un autobús y se mueve como un burro. Hablando de burros, acabamos de cruzarnos con un lugareño montado en uno. Un viaje muy atrás en el tiempo.

Acabo de aterrizar en Bronte. Al principio me ha parecido el lugar más feo de la tierra pero ahora que he encontrado el centro empieza a gustarme. Hay bastante tierra llana por la zona, solo que la mayoría se encuentra en posición vertical. Las casas están destartaladas y el lugar está habitado por auténticos garrulos de coches tuneados y tatuajes. Me encanta.

Uno de estos garrulos me ha saludado. Al parecer me vió ayer cenando en Randazzo y me ha reconocido. Me ha invitado a un campari y el dueño del bar me ha regalado un par de rodajas de cantalupo.

La hospitalidad de los sicilianos debe ser legendaria. El garrulo y su novia parece que se han tomado como un asunto personal que esté a gusto. Me han llevado por todo el pueblo, me han invitado a especialidades locales y por último hemos comido en un restaurante de unos amigos suyos. Creo que todo lo que he comido llevaba pistachos, que al parecer son la especialidad de la localidad.

Al principio tanta amabilidad me ha hecho sospechar, pero cuando he visto que el tío llevaba unos 200 euros encima he sabido que lo que querían no era robarme el dinero, sino mis órganos. En el caso del tío seguro que le había venido bien mi hígado. En cuestión de 4 horas se ha bebido lo que yo podría haber bebido en una boda. Lo más increíble de todo es que no me han dejado pagar nada, ni el aperitivo, ni la comida, ni el helado (de pistacho, con trozos de pistacho) de después.

Por último, el viaje de vuelta a la estación también ha tenido su qué.

Nos ha subido un colega suyo en lo que parecía un Fiat Uno. Cuando hemos empezado a subir a ritmo de rally he empezado a sospechar que el coche llevaba algunos arreglillos. Según me dijo el dueño en coche venía así de fábrica, pero que le había hecho unos apaños, que supongo que consistían en un motor de avión y un reactor nuclear CANDU.

Ya con el pelo blanco continúo mi viaje en dirección a Catania, última parada. Me despido de la impresionando vista del Etna, que en este momento expulsa fumarolas.

Recién llegado a Catania busco algo de información. Ni la estación central ni la plaza del Duomo tienen nada que se parezca a una oficina de información. A base de vagar llego a un hostal juvenil donde me informan de que, no solo son las 20:00, sino que no hay sitio para dormir en toda la ciudad. Apiadándose de mí, me dejó conectarme a Internet, donde comprobé que en 20 minutos salía un autobús que me llevaría de vuelta a donde me esperaban un colchón y un techo. Por supuesto la estación de autobús estaba a media hora andando.

Recuerdo los tiempos del instituto donde nos hacían correr 13 minutos. Se llamaba Test de Cooper, que debía ser un cazador de brujas del s. XVII.

Chorreando sudor logré montarme en autobús, bloqueando la puerta que se cerraba con el pié. Un breve viaje de una hora me dejó a 10 km de casa. Estos últimos kilómetros hubo que hacerlos a pié por el arcén de la carretera. Esta parte del viaje también tuvo su aventura, pero fue sobre todo fatigosa.

Llegué a casa, comí lo que me permitió el cansancio y me eché a dormir como una piedra. Cuando pienso que fueron apenas dos días de viaje me sorprendo. Para mí fue una semana, más o menos.

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Yo también estube por ahi

Que buena descripción, clavadito, clavadito, jajaja

Sonreír no es ilegal

estube es el youtube en castellano?

Sin ánimo de hacer de talibán, desde que existe youtube ¿no veis mas a menudo estube, estubo... etc? ¿Coincidencia o culpa del logo? Esta haciendo más daño al lenguaje que los SMS. XD

Un margen de confianza...

que puede que sea un error tipográfico y no ortográfico...Si es que la v y la b están juntas en el teclado....

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Napa estuvo aqui

Y yo buscanco estube en mi texto...

Y al final se refería a un comentario anterior. Pero vamos, que si, que la b y la v están muy juntas en el teclado. Fijo que es un error tipográfico. El tipo que organizó las teclas seguro que no era hispanohablante.

Yo sin enterarme...

Vosotros hablando de mi...

Sufro dislexia digital. ¡que ya podían aparecer en orden alfabetico las letras en el teclado! Si me leyerais por el messenger y con prisa... :S

Sonreír no es ilegal

Cooper

Interesante viaje... aunque mejor lo dejo para otro día, que estamos a noviembre

>>Recuerdo los tiempos del instituto donde nos hacían correr 13 minutos. Se llamaba Test de Cooper, que debía ser un cazador de brujas del s. XVII.<<
Amén ¬¬