Mi padre me llamó por teléfono. Él y mi madre habían bajado a la ciudad para arreglar algunas cosas y ahora me proponían ir a comer por ahí. Yo encantado, como siempre.
Era un restaurante nuevo. La decoración era moderna y limpia, aunque con buen gusto. Un tipo con el pelo ralo, gafas negras y perilla de diseño atendía las mesas. Una camarera bien joven y bien prieta le echaba una mano. Mis padres y yo nos sentamos en una mesa junto a la pared.
Una vez me dije que mis padres no podían ser mis amigos y me lo creí. Afortunadamente, reviso mis creencias de vez en cuando y un día me di cuenta de que, además de mis padres, podían ser mis amigos. El álgebra tiene sus cosas buenas, como la propiedad asociativa. Desde entonces les cuento casi todo lo que me pasa, por personal que sea. Después de todo leen esta página, así que ya me queda poco que ocultar. Generalmente mi madre se escandaliza y mi padre hace un par de chistes, pero la cosa siempre queda ahí. Lo cierto es que nunca hubiera pensado que podía llegar a tener tal grado de confianza con ellos y sentirlos tan cerca, y me alegro de haberme equivocado. Tengo presente que un día ya no estarán y les echaré de menos. Ahora están aquí. Ahora es el momento.
La camarera estaba buenísima. Era rubia, de nariz redonda y respingona, piel pálida, ojos azules y carnes prietas envueltas en el uniforme negro. Tenía acento extraño, así que hice lo que suelo hacer en estos casos:
—¿Eres alemana? —le pregunté mientras me servía el agua.
—No, de la República Checa —contestó.
—Oh —dije yo.
Hace un par de años estuve en Brno con Chuky y el Chano. Después de una exhaustiva exploración del territorio, concluimos que las cosas estaban muy baratas y las chavalas muy buenas. Así que bien podía la chica estar diciendo la verdad.
—No pierdes el tiempo —me dijo mi padre sin darse cuenta de que la camarera no se había alejado de la mesa sino que ahora le iba a poner el agua a él.
Hablamos un poco más sobre la relatividad del tiempo y después nos centramos en comer. Tras los cafés, saqué el tema otra vez cuando mi padre dijo:
—Voy a pedir unas tarjetas del sitio. Me ha gustado.
—Le voy a decir a la camarera que apunte su teléfono en el reverso.
Por su reacción, mi padre me debió de tomar en serio. Le dije que no me atrevía, que estando con ellos me daba vergüenza. Mi padre decidió abundar en el asunto de mi timidez para con las mujeres.
—Es verdad —dijo—. Eras tú al que le temblaban las piernas cuando se acercaba a las chavalas, ¿no?
Supongo que se refería a esta historia. Es lo que tiene Internet, que no hay viento y las palabras se quedan ahí, en la cabeza de aquellos que me leen. Y un día eso vuelve.
—¿Cómo llevas eso? —preguntó.
—Poco a poco —le dije—. Esto es una carrera de fondo. No es algo que se supere de la noche a la mañana.
Me encanta ponerme excusas. Me encanta justificarme.
Mi madre me echó un capote, como suele hacer en estos casos:
—Recuerdo el primer beso que me diste —le dijo—; estabas temblando de arriba a abajo.
—¿Y ahora me lo dices? —contestó mi padre riéndose—. Lo hice adrede.
Mi padre siempre tiene una tangente por la que salir.
—Mira —me dijo—, ahora cuando venga la camarera, le dices que te traiga unas tarjetas y que en una de ellas te apunte su teléfono.
Me revolví en la silla imaginándome la escena. El chiquillo, de 33 años, comiendo con sus padres, ligando con la camarera de 20. Estos niños de hoy en día, que no se cortan. Me sentí más extraño que el año pasado, cuando mis padres me llevaron una tarde al cine a ver Wall-e.
—Buf, me da mucha vergüenza, papá.
Al final fue mi padre el que pidió las tarjetas. Yo conversaba con mi madre, habiendo resuelto que mi estómago prefería digerir la comida antes que empezar a dar vueltas. La chica volvió al minuto y repartió las cartulinas. Mi padre tomó la suya con la mano derecha y la levantó lentamente preguntando a la camarera:
—¿Aquí está tu teléfono?
Yo no daba crédito.
—Sí —contestó ella, imagino que entendiendo que el buen hombre se refería al número del restaurante.
—No. Tu teléfono —aclaró mi progenitor—. El tuyo.
Supongo que la chica se puso roja, pero no sabría decirlo a ciencia cierta ya que estaba mirando el mantel. Ya no daba ni crédito ni pena.
—No —constestó ella como pudo.
—Bueno, otro día —culminó mi padre.
Hay una frase que últimamente repite mi progenitor a menudo, y es esta:
"A medida que cumples años, cada vez te permites más licencias"
Y debe de ser cierto, al menos en su caso. Si yo estaba muerto de vergüenza, mi madre debía de estar al borde del cólico. Y la camarera... ojalá le hubiera visto la cara. Después de todo, no todos los días un señor que está comiendo con su mujer y su hijo te tira los trastos descaradamente. Ni aquí ni en la República Checa, por muy baratas que estén las cosas.
Menuda lección. Y de mi padre, nada menos.
0.o
Tu padre es un todo un pro, en ese contexto es tenerlas de hormigón xD
Segun!
Deberíamos aprender a concedernos licencias mucho antes. Yo creo que es lo único que añoraremos el día de mañana: No haber sido capaces de hacer ayer lo que hoy.
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Yo existo en http://www.jpelirrojo.com
Amén
Esa, precisamente, es la lección.
Juas, a mí también me
Juas, a mí también me gustaría tener una cara de hormigón armado como la de dein vater (a saber si está bien escrito). Estas cosas, como bien dice, te las da la edad.
Con respecto a lo de tu timidez con las mujeres, no me lo creo.
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¿Por qué mandáis que el hijo de Venus se prostituya por dinero? No tiene bolsillo donde guardarse el dinero.
Creencias
"Con respecto a lo de tu timidez con las mujeres, no me lo creo"
Si no te crees eso, entonces me parece natural que puedas no entender muchas de las cosas que cuento. Me parece una consecuencia lógica.
A veces trato de llenar el hueco que deja la timidez con otras cosas. A veces hasta hago chantaje emocional. No me has visto caer tan bajo. Es espectacular. Otras veces lo suplo con chulería. También es espectacular.
En pocas palabras: que a veces soy gilipollas. 11:11
Soy un abanico de posibilidades :-)
A lo mejor habría que
A lo mejor habría que definir qué es la timidez o la vergüenza (en el artículo de la wiki en español hay una sección llamada "Terapia PNL").
Yo creo que lo entiendo de un modo bastante extremista, en el sentido de que lo veo como algo blanco o negro: para mí, tener vergüenza es no poder superar el motivo que la provoca. Es decir, por mucho que te tiemblen las piernas, como dicen por ahí abajo, si al final lo haces ya has superado la vergüenza, por lo que esta no existe. Por eso entiendo que, si has besado, si has follado, si has tenido novia, no cabe timidez con las mujeres.
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¿Por qué mandáis que el hijo de Venus se prostituya por dinero? No tiene bolsillo donde guardarse el dinero.
Vergüenza
Entiendo lo que dices. Para mí la vergüenza y la timidez están dentro, no fuera.
¿Cuál fue la última desconocida con la que ni siquiera te atreviste a hablar?
¿A hablar de qué? Nunca se
¿A hablar de qué? Nunca se me ocurriría hablar con una desconocida (a no ser para pedirle la hora o tratar de algún tema en el que ambos estemos involucrados: si estás esperando en una cola, etc.)
Para mí la vergüenza y la timidez están dentro, no fuera.
Esto no lo he entendido.
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¿Por qué mandáis que el hijo de Venus se prostituya por dinero? No tiene bolsillo donde guardarse el dinero.
Hablar por hablar
"¿A hablar de qué? Nunca se me ocurriría hablar con una desconocida".
Macho, ¿tú cómo ligas?
En cuanto a la otra frase, me refería a que el hecho de haber besado, de haberme acostado con una mujer, de haber tenido novia, es perfectamente compatible con el hecho de haberme sentido tímido o vergonzoso mientras lo hacía. Como diría el de más arriba: "Lo hice, y estaba cagadito de miedo". Al menos para mí, la timidez y la vergüenza son sensaciones, no actos. Igual es que un día me equivoqué poniendo etiquetas...
:-)
La chicas eslavas...
Mi novia es de la República Checa. La conocí, claro, en un bendito Erasmus. Me costó varios meses y un viaje de 3000Km llegar hasta Brno, a ver si sonaba la flauta. Recuerdo que no podía respirar, y me temblaban todos los músculos del cuerpo. Hace ya cuatro añitos de eso. Hasta escribí un blog del tema, donde me describía como un héroe, por supuesto. Pero estaba cagadito de miedo.
Me ha encantado la historia. Un saludo, Javier
Héroes
Supongo que el héroe es el que está cagadito de miedo y, aún así, lo hace. ¿No?
según leí en algún sitio
decía algo así como que los cobardes son aquellos que no hacen algo por miedo, y los valientes son aquellos que lo hacen a pesar de él.
Hacía tiempo que no me pasaba por aquí.
Resulta "gracioso", si me permites la palabra (dicha con todo el respeto), que tras el largo tiempo que vienes contándonos todas tus superaciones personales y cosas que verdaderamente me parecen heroicas, en esa situación te sintieras tan vulnerable como al principio.
Eso me sucede contínuamente. Uno cree que va superando retos personales día a día como si se tratara de una guerra que te hace más duro, y un día en una situación que crees superada, quizá totalmente absurda o simple, vuelves a verte como aquel niño asustado.
Muy grande
Me encantaría conocer a tu padre, menudo crack está hecho. Menos mal que mi padre es más tímido que yo y estas cosas le dan mucho reparo, pero no me quiero imaginar una situación así, fijo que cojo y me levanto o me da por reirme a carcajadas de los nervios.
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NaCl u2
muy buen relato
Me he metido en el relato, hasta me imaginé comiendo con mis padres (cosa que pude hacer hasta hace un tiempo otra vez).
Y me parece cierto, con el tiempo te vas permitiendo el hacer cosas que de más joven podrías haber hecho y disfrutado, pero que en este momento se disfrutan de mejor manera.
Saludos
No creo qeu sea vergüenza...
En realidad en esos caso no creo que sea vergüenza lo que te eche hacía atrás, a mi me ha ocurrido a veces eso que cuentas pero lo consideraría miedo, miedo al fracaso, a que te diga "no, no te lo doy" o quizás te de el de su novio o algún concepto parecido, pero bueno, para eso solo existe la posibilidad de hacerlo sin mas o quizás ponerle un par de pelotas, no plantearte nada y sencillamente hacerlo, así no tienes tiempo a padecer vergüenza o miedo alguno o en mi caso también me ayuda decir joder, si nunca haces nada así estarás toda la vida igual, eso al menos me sirvió a mi la semana pasada.
Suerte.
Mi estrategia es...
no plantearte nada y sencillamente hacerlo.
Cuando estas cagao es la única forma que puedo controlar. Mi imaginación se dispara e invento un montón de formas de no hacerlo.
Así, pienso una de hacerlo y pa´lante.
Totalmente de acuerdo
Me ha encantado tu padre y estoy totalmente de acuerdo con él.
Con la edad deberiamos relativizarlo todo, al fin y al cabo, solo es una chica y un restaurante.
No pierdes nada por intentarlo.
La próxima vez seguro que te lanzas, no me cabe duda.
Saludines,
YoMisma
iguales
—Recuerdo el primer beso que me diste —le dijo—; estabas temblando de arriba a abajo.
—¿Y ahora me lo dices? —contestó mi padre riéndose—. Lo hice adrede.
jajajaja esa contestacion de "lo hice adrede" es tipica contestacion de mi padre. Son iguales hasta en el carácter
las excursiones a Praga y Berlin estan ya programadas y archivadas en la categoria excursiones erasmus
Aclaración
Conviene aclarar que su padre y el mío son gemelos...
padres - hijos
Ya sabes aquello de trata a tu hijo primero como un rey, luego como un principe, después como un esclavo... y finalmente como un amigo.
Era algo asi...
Pero al final no consiguió
Pero al final no consiguió el teléfono... ¡lo tenía a huevo!; por lo demás era perfecto. Si tienes que avergonzarte que sea de la situación, pero no de tu padre, porque tienes suerte de tener un padre con ese sentido del humor.
Un saludo
Menos lobos :-)
Me apuesto algo a que has catado más hembras que tu padre.
Es fácil echarle morro cuando el asunto te la suda. Ni le va, ni le viene, así que hace la gracia. Vamos a imaginarlo en una situación "con fuego real", un local de maduritos, recien divorciado (con perdón), intentando ligar con una viuda...
cierto.
"Es fácil echarle morro cuando el asunto te la suda".
Las claves
Tu padre es un buen tipo, has tenido mucha suerte encontrandolo.
Al menos les invitarias a comer no?
Cuando puedas deberias decirle a tu padre que te de las claves, el tiene las claves, recuerdalo.
el descaro se adquiere!
Yo de chavalito era un tímido exagerado, casi patológico. Pero ahora soy bastante echado p'alante. De hecho durante un tiempo me dediqué a besarme con chicas en las discotecas sin mediar palabra, ni siquiera decir "hola": me quedaba observando y, si veía que había chispas en el intercambio de miradas y posibilidades, me tiraba a la piscina. Acercándome despacito y dejando ver mis intenciones, claro, para que pudieran dar un paso atrás si no estaban interesadas... Pero por lo general resultaba mucho mejor de lo que había imaginado!
Qué subidones de adrenalina.
Y te aseguro que semejante morro ha sido adquirido, supongo que por muchos viajes, mucho llegar a sitio nuevo y, o hacía algo para conocer gente, o me moría de asco y aburrimiento.
Creo que tiene mucha razón lo que dice tu padre: con los años uno se va permitiendo más licencias. Aunque en mi caso más que con los años ha sido con las horas de vuelo...
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www.davidllada.com/blog
Lo que yo me pregunto...
... es donde vio tu padre la licencia Creative Commons de la camarera... ;)
jejeje.
Dónde se la imaginó impresa, me pregunto yo...
Desde el respeto a tu familia y a tí, respetado y temido, Admin.