Alemania

Desventuras en Alemania

El lema del mundial

El lema del mundial de Alemania 2006, lo que aquí se viene a llamar WM (Weltmeistersaft) es Die Welt zu Gast bei Freunden. Algo así como El mundo de invitado a base de amistad y buen rollito.

Hace un par de semanas un equipo africano repartió una serie de mapas de Berlin en los que había señaladas zonas en las que se recomendaba a los miembros de la delegación no poner los pies. Hace un par de días un grupo de extrema derecha dijo que apoyaría a Irán en todos sus partidos, dado que allí defienden que el holocausto es, como el hombre que apuntaba siempre a la taza del váter, un mito.

En ese plan, y puestos a promocionar el buen rollito, yo creo que lo más apropiado sería:

Alemania 2006: Pelillos a la mar

El retorno de un mito

El sábado por la noche llevábamos ya casi un año sin ver a la Coli. Poco sabíamos al salir de casa lo que iban a cambiar las cosas.

La Coli: la musa, la sensualidad personalizada, la tía más buena de Regensperry, la medida de todas las cosas según Ratuza.

Cuando a Ratuza le dices que en la fiesta viernes o en la Kantina del curro había una cierva de rompe y rasga, siempre pregunta: "¿Porcentaje?".

Desde hace un tiempo la belleza se mide en función de la Coli, siendo la Coli el cien por cien, lo más prieto imaginable, el 100DRD en la escala Rockwell de dureza. Si le dices que la chica aquella estaba tan buena que era un noventa por cien de la Coli, se lleva las manos a la cabeza y te llama mentiroso y hereje. Luego discute las cifras y al final, si realmente estaba buena y tiene suerte, se puede quedar en un veinte por ciento de Coli.

Después de casi un año entero sin verla ya no sabíamos qué pensar. Se podía haber mudado de ciudad, la podía haber atropellado un coche o el Ratuza se la podía haber cargado y tirado en una zanja al grito de "¡Mía o de nadie!". Ratuza insistía en su inocencia y no dejaba de repetir que sentía que estaba viva. Mientras tanto, el club de socios de la Coli perdía efectivos.

El sábado por la noche vimos a la Coli. Su larga cabellera ya no era rubia, y lo cierto es que yo la recordaba algo más generosa de escote, pero sin duda estaba que reventaba.

Esta mañana, en el trabajo, nos hemos levantado con el siguiente e-mail:

From: Ratuza
To: Albóndigas
Subject: Puntos de discusión para la asamblea semanal

Hola queridos colegas del club,

Tras los acontecimientos del fin de semana hay mucho de qué hablar, pero quería recordar que uno de los temas pendientes ("Coli: ¿Realidad o ficción?") se da por zanjado.

De paso recordaros que me hagáis la transferencia de las tasas y de los gastos extra (he tenido que actualizar la foto de los carnes ya que teníamos la foto vieja en la que sale rubia).

Me despido bazofias.

---
Ratuza, powered by Coli

+49 (061) 555-75546

Presidente del Club Europeo de Fans de Coli
Colistr. 12
97544 Regensperry
Germany

Así que esta semana la asamblea estará movidia. Otros posibles puntos del orden del día serán:

  • Debate: Coli 2006, ¿Rubia natural o tintada?
  • Mesa redonda: Cómo triunfar en la vida con las tetas pequeñas
  • La Coli: Esta muerta está muy viva

Ya lo veis, niños: los mayores también hacemos el gilipollas.

Operación Fernseher

Hacía uno de esos días que no recordábamos por aquí desde tiempos inmemoriales. Yo colgaba la ropa recién sacada de la lavadora y el sol de la mañana se desparramaba por el comedor. Cuando uno no tiene que trabajar, todos los días se presentan prometedores, pero aquel lo parecía especialmente. En aquel mismo instante, cuando estaba tendiendo unos calzoncillos y entró en el comedor un tío mayor al que no conocía de nada, supe que la jornada se iba a torcer.

El G.E.Z. es una organización pública que se dedica a asegurarse de que la gente que tiene televisores en casa paga un impuesto por ello. De acuerdo a su página web, tales ingresos se destinan a fomentar la televisión pública, "haciendo posible que lleguen hasta nosotros programas como 'Qué apostamos' y muchos otros". Cuando lo lees así parece una broma. Pero no, va en serio.

Las tarifas oscilan entre los 18 euros mensuales para la televisión y siete para la radio. Por radio se entiende la radio del coche, el radio-despertador, el reproductor de mp3 con radio o cualquier otra cosa capaz de transformar ondas de radio en sonido. Por televisión se entiende la televisión.

Este tipo de impuestos son comunes en países civilizados como Inglaterra o Francia, e incluso en otros como Italia. Imagino que en España lo de hacer pagar a la gente a través de un impuesto directo fue algo que alguien descartó hace mucho tiempo.

Cuando uno llega a Alemania hay dos cosas que tiene que saber:

  • No escribas en ningún papel que eres católico aunque se te aparezca Dios cada noche a los pies de la cama. Lo contrario te puede costar unos treinta euros al mes.
  • No dejes entrar a nadie en tu casa. Podría ser del G.E.Z y arruinarte la vida.

También deberías saber que en Alemania no vas a follar más que en España, pero esta enseñanza sólo te va a afectar la moral y no la cartera, así que puedes dejar que la universidad de la vida te imparta esta asignatura en dos cómodos semestres.

Según cuentan las leyendas, la gente del G.E.Z. se cuela en las viviendas bajo la más burda de las excusas, y entonces echan un vistazo a los aparatos eléctricos que tienes por casa. En la mayor parte de las ocasiones estás jodido. Te descubrirás preguntándote para qué cojones tenías un radio-despertador.

Nuestro tipo estaba mirando por la ventana y haciendo fotos. Según me explicaron momentos más tarde, había preguntado si podía hacer unas fotos de la catedral desde nuestro privilegiado emplazamiento.

---¿No se te ha ocurrido pensar que era del G.E.Z.? ---pregunté en cuanto el pollo salió por la puerta.

Me llevé las manos a la cabeza intentando calcular a cuánto podía ascender la broma. Año y medio empadronado en Alemania, a 18 euros al mes, pongamos trescientos euros. A esto habría que sumar la multa por no haber dado de alta el televisor en su momento. ¿De cuánto dinero estaríamos hablando exactamente? ¿A cuánto ascendería para el Chano, que llevaba el doble de tiempo que yo viviendo allí?

Mientras hacía números sonó el timbre. Pensé que abriría la puerta, algo me golpearía la cabeza y luego me despertaría en un vagón de ganado camino de un campo de recreo en Polonia.

Abrí y apareció el hombre con algo en la mano y una amplia sonrisa. Se acercó y me dio dos cajitas de chocolatinas Merci en agradecimiento por haberle permitido hacer fotos. Bajó las escaleras al trote mientras yo intentaba dar un sentido a todo aquello.

---No puede ser del G.E.Z. ---me decían---, ¿cómo te van a regalar chocolatinas antes de empapelarte?

Intenté calmarme un poco, estaba sobredimensionando todo aquel asunto. Tenía mis razones para estar asustado: había quebrantado el mandamiento número dos de todo el que llega a Alemania. Esperaba las iras de la administración pública, y aquí es penalmente más atractivo darle un hachazo a alguien en la nuca que defraudar a las arcas del estado.

De alguna manera terminé de comer y me olvidé del asunto. Todo regresó a la normalidad; de nuevo volvía a pensar en el sexo. Sonó el teléfono y respondí despreocupadamente.

---¿Diga mec?

---Buenas tardes, estamos haciendo una encuesta sobre radio y televisión. ¿Cuántas personas mayores de quince años viven en esa casa?

Debo confesar que me cagué encima. Dejaré los detalles a la imaginación del lector. Empobrecí mi alemán y conminé a la señora a volver a llamar por la noche.

Marqué el teléfono del Chano en el curro.

---Chano, el pájaro está en el nido y tenemos dos palmos de agua en la cocina.

---¿Qué dices?

---Déjalo, ahora te mando un email. Podríamos tener el teléfono pinchado.

Le expliqué la situación: un tipo que parecía ser del G.E.Z. había entrado en casa y tomado unas fotografías, de la catedral y quizá de algo más. Había que encontrar una solución antes de que se presentara la policía en casa a pedir explicaciones. Podíamos sacar la tele por la puerta de atrás que nunca tuvimos y meterla en casa de algún amigo. Así podríamos decir que se equivocaban, que allí nunca había habido una tele, pero... ¿y si el pollo del G.E.Z. había sacado fotos? No quería morir frente a un pelotón de fusilamiento. El Chano me dijo que me calmara, que lo comentaría con el comando Albóndiga y que llamaría más tarde.

Que me calmara. Claro, para él todo esto era nuevo, pero yo ya estaba quemado de regalar dinero a la gente. Hacía dos meses había donado 700 euros por eBay a un malnacido y ahora iba a pagar otra carretera alemana. Entre mi dentista y mi programa "Regale el dinero (edición 2006)" ya casi me había gastado el dinero del concurso de blogs antes de haberlo cobrado. Estaba solo en casa hecho un manojo de nervios y el Chano no llamaba. Al final sonó el teléfono.

---Bien, escucha atentamente. Vamos a cargarnos la tele.

---Roger. Después de todo es vieja y nos la pasó Gorrino por quitársela de encima.

---La coartada es la siguiente: la semana pasada fuimos al IKEA y al lado hay un basurero donde la gente deja trastos. La vimos y la trajimos para ver si la hacíamos funcionar. No lo hemos conseguido y ahora usamos la tele de florero. Tengo incluso facturas de IKEA de este sábado. Estoy allí a las 18:30 hora Zulú.

---De acuerdo. Voy quitando la tapa.

Fui al trastero y cogí la caja de destornilladores. Diez minutos después había conseguido quitar la parte posterior de la carcasa. Un mundo de bobinas, condensadores y cables se abría ante mí. ¿Cómo se rompía una tele?

Cuando uno lleva uno de estos aparatos a reparar, la impresión que recibe es que si hay dos cosas frágiles en el mundo son la moral humana y los televisores, y no necesariamente en ese orden. Bien, esto no siempre es así.

Se me ocurrió que con un poco de maña podría inutilizar sólo el sintonizador y de esta manera todavía podríamos seguir utilizando la tele para ver DVDs. "Eres un puto genio" me dije. "Por cierto, te estás poniendo cachitas con tanto remo". "Bah, ¿tú crees?".

Identifiqué una cajita metálica que podría haber sido perfectamente el sintonizador. La caja tenía un orificio y a través de él se veían un condensador de cierto tamaño y una especie de lenteja que se unía a la placa por dos finas patitas metálicas. Tomé un destornillador, lo introduje por el agujero y les di a aquellos bichos el viaje de su vida.

Puse la tele de pie y la encendí. Para mi sorpresa la muy hija de puta seguía funcionando. La volví a poner en horizontal y volví a hurgar con el destornillador como si aquel orificio fuera el de mi nariz y estuviera rebuscando un moco que se había hecho fuerte tras el cerebelo. Volví a poner la televisión en pie y comprobé que la condenada no se inmutaba. Es lo que tienen las cosas antiguas, que las hacen con componentes redundantes.

El tiempo apremiaba. Ya oía a la policía tras la puerta. Miré de nuevo la enorme placa del panel posterior e identifiqué un par de lentejitas junto a unas letras que decían "N-SYNC". Bien, aquello no era el sintonizador, pero la tele no quería colaborar y yo no quería acabar en una fosa común, así que cogí las lentejitas y las retorcí hasta que se desprendieron. Di la corriente y comprobé que el aparato había enmudecido.

Estaba guardando los destornilladores cuando apareció el Chano por la puerta.

---El pollo está en el horno ---le dije.

---Muy bien. Ahora hay que deshacerse del vídeo, el reproductor de DVDs, la minicadena de Natalí y de todas las radios que tengamos en casa. Coge tu mochila de ir a comprar.

A la media hora bajábamos las escaleras cargados hasta las cejas. Le expliqué al Chano el plan:

---Vamos a meterlo todo en el sótano de la basura mientras tú vas a por el coche. No tardes. Yo me quedaré por aquí vigilando. Camina rápido y no mires hacia atrás. Si no vuelves cogeré el primer tren hacia París.

Los minutos transcurrieron eternos. Yo repasaba la coartada una y otra vez: IKEA, el basurero, la televisión... Tenía que sonar todo creíble. Era un poco arriesgado pero podía funcionar. Quizá nos salváramos después de todo.

---El perro de San Roque no tiene rabo ---escuché por la ventana del patio.

---Porque Ramón Ramírez se lo ha cortado ---contesté. El Chano ya estaba de vuelta.

Sacamos los trastos del edificio y los subimos al coche. Las ruedas derraparon cuando salimos disparados en dirección a la nueva casa de Paquito y Sonrisas. Estábamos a salvo.

De esto hace ya tres días. No ha venido nadie del G.E.Z. y la señora que hacía la encuesta no ha vuelto a llamar. No hemos recibido ninguna carta sospechosa.

En el trabajo somos la comidilla, y empezamos a creer que nos cargamos la tele en un arranque de estupidez a presión. Este fin de semana hay Fórmula uno y todavía no sé dónde la veré. Ratuza casi muere de un infarto cuando le contamos la historia. En la parte de los bombones creía que se meaba.

---No te rías, hijo de puta ---le dije----, como nos trinquen vamos a tirar de la manta. No caeremos solos.

Las notas del curro

Cuando uno se despide o es despedido de una empresa en Alemania, ésta está obligada a entregarle una carta en la que se describen las actividades que uno ha perpetrado durante su estancia y que también detalla con qué grado de satisfacción ha realizado uno sus labores. Es algo así como las notas del curro.

Yo había oído hablar del asunto. En España lo más parecido que había visto alguna vez era una carta de recomendación. Lógicamente, en las cartas de recomendación sale uno a hombros por la puerta grande y cortando dos orejas y rabo. Si la salida ha sido por la puerta de atrás y con el capote y una caja de bolígrafos bajo el brazo, lo último que uno pide a la dirección es que le redacte una carta de recomendación. Aquí en Alemania uno siempre se lleva sus notas, haya terminado la cosa bien o mal, y de hecho el Arbeiszeugnis es lo primero que te piden cuando llegas a algún sitio y no vas a pedir una cerveza.

Cuando recibí mí carta pensé que, en el mejor de los casos, describiría mis actividades de una manera neutra y aséptica, así que cuando comencé la lectura me encontré gratamente sorprendido.

De acuerdo a la misiva, yo había llegado de España y me había adaptado rápida y eficazmente al dinamismo de la empresa teutona. Luego venían una serie de frases en las que se deshacían en elogios: "Ha cumplido con su trabajo superando todas nuestras expectativas", "Se comportó siempre de una manera amigable y cordial", "Su marcha es una gran pérdida para la empresa", "La humanidad pierde un gran hombre", y de ahí para arriba. Se les había olvidado la parte en la que yo luchaba contra ejércitos ávidos de sangre con gran coraje y valor, pero por lo demás no estaba del todo mal. Tampoco decían que las camisas me quedaban de vicio.

Le mostré la carta a Pica, mi antiguo compañero en MiniPerryAG y ahora también autónomo y mi asesor personal a tiempo parcial, y me explicó cómo funciona esto de las notas del curro. Yo no daba crédito mientras me lo contaba.

Resulta que este tipo de cartas están escritas a base de frases hechas y concertadas, de manera que cada frase tiene un significado estricto y no cualquier otro. Se trata de un código que sólo entiende la gente de recursos humanos y que detalla exactamente cómo rindió el sujeto que porta el trozo de papel. Tú lo lees y te parece que eras parte imprescindible e irremplazable de tu antigua empresa, y el tipo de personal lo lee y sabe que llegabas al trabajo borracho, le tocabas el culo a la secretaria y afanabas de la caja. Y tú tan contento con tu carta de recomendación. Que a los alemanes les gustan los códigos ya quedó claro hace setenta años cuando inventaron la Enigma, pero que encima los usen para ponerte a parir, eso sí que es nuevo para mí.

Pica me enseñó la siguiente página de Arbeitszeugnis en la que te desvelan las claves. Por lo visto yo no había salido mal parado, un notable o algo así, pero algunas de las frases y sus interpretaciones me dejaron de piedra. A continuación cito algunas de las expresiones que se utilizan para describir comportamientos mediocres, que son siempre las que más gracia tienen. Primero va la frase que se emplea oficialmente y luego la interpretación:

Competencia en el trabajo:

  • "Estábamos contentos con su entrega": Cumplió con su trabajo pero sin pasarse.
  • "Siempre puso mucho interés en sus tareas": El pobre no daba para más.
  • "Mostraba comprensión en su trabajo": Dio más pena que otra cosa.

Valoración de sus habilidades sociales:

  • "Cumplió con todas sus tareas de manera ordenada": El tío era burócrata hasta la exasperación.
  • "Era competente y sabía venderse bien": Era incómodo trabajar con él.
  • "Completó sus tareas con fluidez e interés": Ponía mucho de su parte pera aquello no iba para adelante.
  • "Entre sus colegas era conocido como un trabajador tolerante": Generalmente resultaba una carga para el equipo.
  • "Contribuyó a mejorar el clima de trabajo con su cordialidad": Llegaba chispa al trabajo.
  • "Se preocupaba de crear un ambiente humano": Sus manos siempre salían a la búsqueda de carnes turgentes.

Forma en que salió de la empresa:

  • "Nos dejó por deseo propio": Así le den.
  • "Llegamos a un acuerdo por ambas partes": No saben lo a gusto que nos lo quitamos de encima.

Fórmulas para cerrar la carta:

  • "Le deseamos lo mejor para el futuro, también éxito": Este fulano no encuentra el éxito ni aunque tenga delante una caja llena.
  • "Esperamos que pueda desarrollar completamente sus capacidades en una nueva empresa": Aquí no hizo más que cagarla, a ver si ustedes tienen más suerte.
  • "Le deseamos lo mejor para el futuro, y sobre todo salud": Maricón el que lo contrate.

La criptografía del siglo XXI. ¿Alguien sabe cómo funcionan estas cosas en el resto del mundo?

El zumo del amor

Al poco de establecerse en casa, nuestra vecina nos explicó que tenía novio. Habría que estar poco versado en la vida en general como para alterarse ante la situación: la experiencia nos demuestra que todas las mujeres solteras tienen novio. El corolario es que todas tienen novio hasta que dejan de tenerlo. Y las mujeres son como los teoremas de Cálculo, que siempre están abiertas a un corolario. La consecuencia última es que las mujeres sólo están en dos estados: con novio o buscando un repuesto para el actual.

Nos explicó que el chaval tenía siete años más que ella y que era profesor en su ciudad natal. Aunque la diferencia de edad me parece abultada, cuando uno apunta en dirección a los treinta cada vez hace menos observaciones sobre el tema.

El chavalote se dejó caer la semana pasada durante cuatro días para visitar la ciudad y algún que otro rincón de particular interés. Cuando nos encontramos en la puerta, la parejita venía del supermercado y él llevaba bajo el brazo una caja de cartón con una docena de bricks de zumos variados. Toda una demostración de poderío físico para la poca cosa que parecía.

Se les veía muy enamorados. En realidad creo que puedo decir que nunca había visto a nadie enamorado tantas veces seguidas en un solo fin de semana. Qué vicio, oiga. El Chano y servidor no dábamos crédito.

Todo empezó el Viernes de buena mañana. Normalmente, cuando me levanto a las ocho, en casa no queda ni la Chati. Me endosé el vaso de leche mientras veía en qué país había brotado la gripe aviar ese día y luego me fui a la cocina a preparme el preceptivo sandwich de queso de cada mañana. Mientras esperaba a que saltaran las tostadas me sobresaltó un aullido proveniente del comedor. No podía ser, si estaba sólo en casa. ¿Tendríamos fantasmas? ¿De dónde venían esos lamentos de ultratumba? ¿Del piso de arriba? ¿Del de abajo? Lo que estaba claro era que los fantasmas se lo estaban pasando pirata.

Huelga decir que los episodios paranormales se repitieron con insistencia en los días que pasaron. Aquello parecía un cruce entre Vélmez y el Vesubio. El Chano y yo comentábamos abrumados el despliegue de salud al que estábamos asistiendo.

---No te creas que es para tanto, me tenías que haber visto a mí con dos años menos. De los 28 a los 30 se nota un bajón que no veas ---y perlas por el estilo.

Por la tarde coincidí con el chaval en la cocina. Se le veía algo desmejorado pero todavía removía la sopa con brío.

---Me voy a hacer un té, ¿quieres uno? ---le pregunté.

---No gracias, sólo bebo zumo ---dijo.

Ah joder, se me habían olvidado los doce litros de zumo que se había agenciado nada más llegar. Ahora me lo explicaba: había que reponer líquidos. Desde luego, con esa marcha, el tío necesitaba hidratación hasta en el reverso de las uñas.

Y así pasaron los días.

---Acabo de ver a Rocco enchufándose otro zumo ---decía el Chano alterado bajo el dintel de la puerta de mi cuarto.

---¿Otro? No jodas.

---Como lo oyes. Yo creo que el tío no ve la hora de irse.

El martes, Rocco se bebió el último zumo y salió por la puerta sin despedirse de nadie. Y aquí nos quedamos nosotros con la parte jodida del asunto e intentando ver a nuestra vecina con los mismos ojos de antes.

Eins, Zwei, voto, paja... (Si ganamos el concurso os cuelgo las psicofonías).

Lo que tenemos en común

Era la reunión de cada dos semanas porque allí había un cretino dando voces. Esta vez hacía años que yo no había pasado por allí, y la verdad es que no lo había echado de menos. Conté pares de cuernos: estábamos los mismos de siempre menos dos. El Payo Pork comentó que era una lástima que nos hubieran dejado dos compañeros. Lo que no sabía era que el resto estábamos deseando también salir por Antequera. Probablemente también lo sabía, qué demonios. Siempre sobreestimo su estupidez.

Tras comentar los primeros puntos del parte del día, volvimos de nuevo a la planificación del próximo miniOktoberfest de MiniPerryAG.

El día 24, sábado sagrado, tendrá lugar en las dependencias de MiniPerryAG un evento festivo de primer orden. Comenzará prontito por la mañana. Si yo me quejo, los colegas que cogen el autobús a las 8 de la mañana en Wiesbaden tienen que estar invocando al demonio.

Una vez estemos todos juntos nos hincharán a salchichas y a coliflor agria. Nos sentaremos, beberemos cerveza, charlaremos de las cosas que tenemos en común y pensaremos en lo bien que estaríamos en casa haciendo nuestras cosas, sin tener que ver al capullo de nuestro jefe y sin oír sus soplapolleces. Luego tendremos el placer, como anfitriones, de acompañar a nuestros colegas en un tour por la ciudad. Espero que ese día el cielo se caiga sobre nuestras cabezas.

Para finalizar la jornada dicen que iremos al monte. Es la segunda vez que lo explican, pero todavía no tengo ni idea de lo que haremos allí. Supongo que comer más salchichas y coliflor podrida. Y beber cerveza y charlar de todo lo que tenemos en común, claro. Como aquella noche.

Hacía un mes que había sido el cumpleaños de la secretaria. El despliegue para el evento había sido espectacular: colecta para regalo, tarjeta de cumpleaños con fotos, firmas personalizadas... Si cada vez que uno de mis colegas cumpla años hay que mover Roma con Santiago, me pego un tiro en la cuarta onomástica.

Se dio por terminada la reunión quincenal y nos encaminamos a un restaurante para culminar el cumpleaños un mes después. Creía que íbamos a cenar pizza y me encontré en un restaurante chino. Por lo menos había calamares a la romana. Empezamos a hablar de nuestras cosas en común...

Se abrieron los portones de las barcazas y cayeron sobre la arena con un ruido sordo. Cientos de metros de playa de Omaha se extendían frente a nuestros pies. El aire helado de la madrugada olía a salitre y a muerte. Volvíamos a estar a 2000 votos, pero el futuro de Europa se...

---Yo quieron un vaso de agua con burbujas ---pidió un compañero por segunda vez.

Agua con burbujas. Si yo bebiera algo así me podría instalar una turbina de gas en el culo para mantener encendido el portátil por las noches. Me acerqué al bufé libre y me puse más calamares.

Pasó el tiempo. Miré las caras. Los silencios se hacían cada vez más largos. Probablemente todos nos hacíamos la misma pregunta:

"¿Qué cojones hago aquí?"

Trabajo ocho horas diarias para mi empresa y al salir tengo que venir a darle conversación a mi jefe porque no tiene una vida propia. Espero que el día 24 caiga una bomba a primera hora de la mañana y se cancele todo. El único consuelo que me queda es que en todas partes cuecen Weisswurst. Eso es lo que tenemos en común.

Eins, Zwei, voto, paja...

Entrevista con el vampiro

Cuando entré por la puerta a las cinco en punto de la tarde, el Payo Pork me estaba esperando frente a un puñado de folios. Se trataba de la entrevista del término del Probezeit. El Probezeit suele ser el periodo de prueba, pero a mí no me había parecido otra cosa que el tiempo de ser probe. En aquellos momentos en mi cabeza sólo cabían palabras como sueldo, dinero, aumento, gratificación. Le saludé y nos sentamos.

Es lo que tiene trabajar en una empresa que está en el nivel tres de certificación de algo, que todo está estandarizado y programado. No recuerdo si en qué nivel exacto estábamos, pero ya tenemos cuestionarios como los de empresas grandes.

---¿Cómo calificaría su nivel de comunicación en el puesto de trabajo?

A perro flaco todo son pulgas. ¿A qué se refiere usted exactamente? La verdad es que estoy todo el día con los auriculares puestos y no hablo mucho. Bueno, con Gorrino sí.

---¿Cree que ha abordado usted con satisfacción los retos que se le han presentado?

¿A usted qué le parece? ¿Ha venido alguien a quejarse? Pues eso.

En cuanto recitó la tercera pregunta se dio cuenta de que aquel cuestionario no estaba hecho para un empleado que trabajara a más de dos kilómetros de él, así que esa batería la terminamos rápido.

Pensé que entonces hablaríamos de dinero, pero sacó un par de folios más.

---¿Qué expectativas tiene usted del futuro?

Vaya, ya empezamos con el futuro. Tuve que sincerarme:

---Creo que no comprendo su pregunta.

---Sí hombre ---se explicó---, que en qué dirección le gustaría a usted expandirse.

El Payo Pork parecía mi madre, que me expandiera. Seguro que él también me encontraba delgado. Si tener michelines es estar saludable, entonces se puede guardar la salubridad para usted. Y el futuro se lo pongo de regalo.

---No, que qué le gustaría a usted hacer en el futuro ---intentó aclarar---. ¿En qué dirección le gustaría desarrollarse?

Me gustaría desarrollarme en la dirección de más dinero, pero creo que más que una expansión sería un gradiente, si usted me permite la apreciación.

Habían sido tres preguntas sobre lo mismo. De un momento a otro iba a tener que expandirme en una dirección determinada. Me sentía como un gas lleno de ideas adiabáticas. Mil posibilidades de desarrollo me cruzaron la cabeza. Muchas de ellas ni siquiera tenían que ver con la ingeniería.

---Creo que lo mío es la dirección de proyectos. Me gusta la responsabilidad.

Lo de la responsabilidad había leído que era bueno decirlo en las entrevistas de trabajo. Lo de la dirección de proyectos fue lo que apareció cuando la rueda dejó de dar vueltas, junto entre la sandía partida por la mitad y las dos cerezas.

---Projektleitung ---murmuró para sí mismo---. Interesante. Le diré lo que vamos a hacer.

Yo me preguntaba en qué momento aquella entrevista había dejado de girar en torno a lo que yo iba a cobrar de ahora en adelante.

---Se va a comprar usted un libro de dirección de proyectos antes de final de mes ---dijo garabateando una fecha sobre el papel.

Houston, tenemos un problema.

---Lo paga la empresa, no se preocupe ---añadió antes de que yo pudiera preguntar si me lo iban a descontar del sueldo en cómodas mensualidades.

Asentí con la cabeza lentamente.

---Lo tendrá que leer, claro ---adjuntó.

No se preocupe, que yo soy de los que se leen los libros que se compran. Es más, soy de los que saben leer. Tranquilo que ya le digo que está usted en manos de un profesional.

---Y a principios de año le buscaremos un proyecto interno, aquí en la empresa.

Despresurización en cabina. Perdemos altura. Treinta segundos para el impacto.

---Podría usted, por ejemplo, ocuparse de supervisar el proyecto de fin de carrera de algún chiquillo que eventualmente tuviéramos por aquí.

Con lo bien que había empezado el día. Hacía tan solo media hora esperaba un aumento de sueldo del 20% y apenas un rato después mi mundo se estaba desmoronando. ¿Qué iba a pasar con mis funciones? ¿Y mi Delorean?

---Por supuesto, sería un pequeño extra. Usted seguiría con su trabajo normalmente y, al terminar, podría pasarse un par de veces por semana a tocarle los cojones a un niñato que terminará odiándole ---vino a decir más o menos.

Vi una imagen. Era como una gota de mercurio flotando en el espacio. De repente la gota se estrechaba por el centro y se separaba lentamente en dos esferas plateadas más pequeñas. Una de ellas tenía mi cara y llevaba un fajo de currículums en la mano.

Pero quizá lo hiciera, por qué no. Siempre había querido aprender las grandes técnicas de la dirección de proyectos de la mano de un libro de tapas duras. Si los billetes se apilaban en número suficiente, era capaz de dirigirle el proyecto de fin de carrera al chiquillo y sacarle los mocos si se terciaba.

---¿Tiene usted alguna pregunta más? ---espetó interrumpiendo mis tribulaciones.

---No, la verdad es que no.

Yo no tenía ni preguntas ni nada de nada. Ni siquiera tenía palabras.

---Bien.

Se levantó y caminó hasta su mesa. Entonces vino el momento que ambos habíamos esperado. Habíamos salido a tomar siete cafés, habíamos cenado juntos. Yo le había invitado a subir a ver mi colección de discos. Puse algo de música lenta y me recosté sobre la silla.

Se suponía que yo estaba en una posición de ventaja. En el último mes, de sus seis efectivos en PerryAG, dos de ellos habían dejado la empresa, y un tercero lo haría en breve y no era yo. Esperaba que me dijera algo así como "Tiene que comprenderlo. Somos una empresa pequeña". Yo tenía pensada la respuesta ya, después de varias noches viendo la película:

"Sí, y van a ser una empresa más pequeña todavía como sigan pagando un 15% menos que en otras consultoras"

Pero el cabrón no dijo la frase. Él ofreció un aumento del 10% y yo le dije que esperaba un 20%. Los siguientes minutos los pasó revolviéndose en la silla en lo que se me antojó una agonía interminable. Pensé que le había roto el corazón. Después de 200 segundos de resoplidos me dijo que podía ofrecer 1.000 más, y yo le dije que bien, pero que debía saber que en otros sitios pagaban más. Prometió que mi sueldo y yo nos expandiríamos de la mano en un brillante futuro cercano.

Después del acuerdo explicó una serie de detalles bastante importantes pero que no conseguí entender. Le di la mano y nos despedimos. Al día siguiente estaba mirando ofertas en PerryAG.

No sé si me compraré el libro de dirección de proyectos. No tengo ni idea de si lo llegaré a leer. No creo que le dirija un proyecto de fin de carrera a nadie. No esperaré su cesta de navidad.

Qué manía con el futuro. ¿Qué le parece si disfrutamos el presente?

Eins Zwei...

La niña que se lo comía todo

Tenía la lengua como un trapo. Había estado operando en el garito de moda hasta altas horas de la mañana bajo mi identidad secreta. Ahora eran las doce de la mañana y había que rendir cuentas. Del otro lado de la puerta llegaba la algarabía de media docena de personas.

El Chano me interceptó en los tres metros de trayecto que van de mi habitación al baño.

---Tío, ponte unos pantalones que ha venido una chica a ver el piso.

---¿Hmmm? Puta madre, ahora voy...

---No, póntelos ya, que ha venido con la madre.

La mañana empezaba con el espectáculo fuerte en la pista central. Cuando llegué allí, Natalí ya hacía rato que les desgranaba los entresijos de la vida en comuna.

La chica era joven, muy joven. Así a bote pronto le puse los 18. La conversación confirmó que este año empezaba empresariales, así que podían ser 19 como mucho. Era rubia, pequeñita y con el pelo rizado. Detrás de las pequeñas gafas había unos ojos azules que devoraban con fruición todo lo que caía frente ellos. La chica estaba midiendo las posibilidades de la vida en común con dos "maduritos", y se podía ver que un torbellino de imágenes extraídas de muchas películas de albóndigas en remojo se amontonaban en su cabeza. Lo examinaba todo fascinada con una sonrisa boba en la cara. Parecía que estuviera en pleno viaje de LSD. Dijo que se llamaba Julia.

La madre era igual pero con el pelo moreno, y si estaba también en un viaje de LSD, por la cara uno hubiera concluido que estaba en pleno bajón. Miraba con recelo las guitarras, el poster de las dos niñas besándose apasionadamente en la pared del comedor, las botellas llenas sobre la nevera, las botellas vacías en un rincón del suelo de la cocina. Su gesto parecía concluir que aquello era como Sodoma y Gomera. Su boca torcida decía "Antes suelto a mi hija en la jaula de los leones que aquí".

---¿Has visto cómo miraba la niña? Se lo estaba comiendo todo ---me dijo el Chano cuando madre e hija salían por la puerta.

---Ya, ya me he fijado. Imagino que tenemos su teléfono.

Cuenta el Chano que, cuando vivía en París, tenía una amigo que cada vez que buscaba compañera de piso se hacía con media docena de teléfonos extra. Por lo visto alguno siempre daba resultado.

Así pues, prosigue el casting. La verdad es que la conciencia pone trabas a la idea de meter a esa chiquilla aquí. En sus ojos brillaba el vicio del mismo Lucifer. Tener ocho meses al demonio en casa puede llevarnos a la autodestrucción. Sobre todo a mí, que suelo oponer muy poca resistencia.

Actualizo la encuesta y seguiremos informando. Eins Zwei...

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