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Amar en tiempos de PNL

Últimas entradas - Jue, 29/07/2010 - 19:02
var flattr_uid = '5358'; var flattr_tle = 'Amar en tiempos de PNL'; var flattr_dsc = 'Dice la PNL que no existe el amor, sino que existen personas que aman. Está bien saber eso, porque entonces uno se puede lanzar a explorar lo que significa amar. Y como las palabras tienen un significado para cada uno, la exploración es más compleja que la de la galaxia, pero al menos uno tiene los pies en la tierra y no en una nube difusa y abstracta.Amar en tiempos de PNL es, pues, indagar en eso que llaman amar. Hay que hablar, preguntar, contestar, descubrir qué se esconde detrás de las etiquetas que cada uno tiene en la mente.Advertisement: <a href='http://www.dooyoo.es/'></a>'; var flattr_cat = 'ESDLV'; var flattr_tag = 'text'; var flattr_url = 'http://www.elsentidodelavida.net/amar-en-tiempos-de-pnl'; var flattr_lng = 'en_GB'

Dice la PNL que no existe el amor, sino que existen personas que aman. Está bien saber eso, porque entonces uno se puede lanzar a explorar lo que significa amar. Y como las palabras tienen un significado para cada uno, la exploración es más compleja que la de la galaxia, pero al menos uno tiene los pies en la tierra y no en una nube difusa y abstracta.

Amar en tiempos de PNL es, pues, indagar en eso que llaman amar. Hay que hablar, preguntar, contestar, descubrir qué se esconde detrás de las etiquetas que cada uno tiene en la mente.

Llevo un tiempo interesado en el lenguaje hipnótico. Se trata del lenguaje vago, confuso, farragoso, lleno de lagunas y nominalizaciones. Es el lenguaje que utilizan los políticos. Todo lo que dicen es cierto, sólo que a uno le queda la labor completa de rellenar los huecos para darle sentido a lo que dicen. Es muy interesante observar cómo se utiliza ese lenguaje en el día a día y, sobre todo, en el amor. Si hubiera sabido todo esto hace años, otro gallo me hubiera cantado.

Las mujeres son expertas en el lenguaje hipnótico. Quizá sea por la predisposición de los hombres a entrar en trance en su presencia. "No me das todo el cariño que yo necesito". Quién sabe qué carajo significa exactamente eso. Es una frase que contiene tanta imprecisión que puede dejarte una semana rellenando los huecos, y sea lo que sea lo que hayas entendido, siempre la habrás cagado.

"No me llames hasta que no estés seguro de lo que sientes por mí". Oh, fantástico. Sugestión hipnótica de ejecución postergada. La doble negación viene gratis, oiga. Una semana para desentrañar lo que significa sentir algo por ella, si es que algo así existe, y dos días más para estar seguro. Uno siente ganas de cagar, de aliviarse la entrepierna. Puede sentir hambre, frío, calor o ganas de mear. La mayor parte de la población tiene dificultades para darse cuenta de las veces en que, inconscientemente, contiene la respiración. Encontrar un sentido a la frase anterior es buscar una aguja en un pajar, y probablemente de eso se trate. Al final la mente termina creando la propia sensación y el sujeto levanta el teléfono. Entonces ella se siente feliz. Porque, recordemos, a veces Fulanito "no le hace feliz".

"Es que no me haces feliz". Oh, qué gran hit. En algún sitio está escrito que alguien tiene que hacer feliz a Fulanita. Debe de ser el undécimo mandamiento, que no cabía en las tablas que bajó Moisés del monte Sinaí. Es una lástima que nadie le haya explicado que la única que puede hacer feliz a Fulanita es Fulanita, y que depositar la responsabilidad de la propia felicidad sobre otros es el fundamento de la manipulación amorosa y el carbón mismo de la caldera de la propia infelicidad.

La terapia Gestalt es una terapia perteneciente a la psicología humanista. Se caracteriza por no estar hecha exclusivamente para tratar enfermos, sino también para desarrollar el potencial humano. Se inventó, entre otras cosas, para tratar a todas aquellas pobres personas que cayeron presa de este lenguaje impreciso e irresponsable y que estuvieron a punto de volverse locas tratando de hacer felices a alguien que se había empeñado en vivir amargado y llevarse a alguien por delante en el camino.

La terapia Gestalt tiene su propia oración, una especie de mantra que contiene los fundamentos de la filosofía en la que se enmarca. La oración comienza así:

"
Yo soy Yo.
Tú eres Tú.
Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas.
Tú no estás en este mundo para cumplir las mías.
Tú eres Tú
Yo soy Yo.
"

Yo soy yo. Tú eres tú. Se ve que es algo tan complejo de entender que sólo en el primer párrafo ya hay que repetirlo. Tú eres tú. Yo soy yo.

El amor es como un partido de tenis: hacen falta al menos dos. Es un encuentro entre dos personas, y ambas personas deben ser necesariamente diferentes. Si en la relación no existen discrepancias, entonces estás enamorado de ti mismo. Y eso no es amor; eso es endogamia paradójica autorreferente.


Te quiero. Yo tampoco

Últimas entradas - Mié, 28/07/2010 - 15:40
var flattr_uid = '5358'; var flattr_tle = 'Te quiero. Yo tampoco'; var flattr_dsc = 'Ah, el amor, esa nominalización.Conocemos el amor por las películas románticas. Conocemos el amor por las portadas de las revistas del corazón. En esta cultura hemos crecido, y de aquellas pajas estos lodos. Esas son nuestras referencias del amor.Los seres humanos somos monos evolucionados. Aprendemos por imitación. Miramos, copiamos y hacemos, a ver qué tal va la cosa. Las películas románticas suelen acabar en la terminal del aeropuerto, cuando él se da cuenta de lo mucho que la quiere y corre a interceptarla antes de que suba al avión y salga de su vida para siempre mientras se come un menú de cinco euros de lata de cerveza y chapata de jamón. Lo que no vemos es lo que viene tras los créditos. Lo que viene tras los créditos es lo que sale en las revistas del corazón y en los programas de salsa rosa. Esas son nuestras referencias culturales del amor.Advertisement: <a href='http://www.VuelosBaratos.es'></a>'; var flattr_cat = 'ESDLV'; var flattr_tag = 'text'; var flattr_url = 'http://www.elsentidodelavida.net/te-quiero-yo-tampoco'; var flattr_lng = 'en_GB'

Ah, el amor, esa nominalización.

Conocemos el amor por las películas románticas. Conocemos el amor por las portadas de las revistas del corazón. En esta cultura hemos crecido, y de aquellas pajas estos lodos. Esas son nuestras referencias del amor.

Los seres humanos somos monos evolucionados. Aprendemos por imitación. Miramos, copiamos y hacemos, a ver qué tal va la cosa. Las películas románticas suelen acabar en la terminal del aeropuerto, cuando él se da cuenta de lo mucho que la quiere y corre a interceptarla antes de que suba al avión y salga de su vida para siempre mientras se come un menú de cinco euros de lata de cerveza y chapata de jamón. Lo que no vemos es lo que viene tras los créditos. Lo que viene tras los créditos es lo que sale en las revistas del corazón y en los programas de salsa rosa. Esas son nuestras referencias culturales del amor.

Hace años salía con una chica. A veces ella tenía súbitos cambios de humor que yo no sabía como atajar. En ocasiones yo hacía algo aparentemente inofensivo y ella montaba en cólera y se alejaba al galope. Yo me sentía confuso e impotente, incapaz de darle lo que fuera que ella quería en aquel momento. Y es que, oiga, aquella chica tenía muchas necesidades.

En uno de aquellos episodios, mientras ella daba vueltas como loca por la habitación y yo la miraba confuso, mi mente debió de acceder a alguna película romántica que guardaba en archivo y decidió que probaría algo nuevo. Puse mis ojos en los suyos y le dije:

—Quiero pasar contigo el resto de mi vida.

Por supuesto, esta es una afirmación contundente, aunque lamentablemente falsa como demostré apenas unos meses más tarde. El caso es que funcionó como la seda. Ella se calmó inmediatamente y respondió:

—Oh, eso es muy bonito.

Algunas mentiras funcionan de puta madre, y supongo que es por eso que hay quien las utiliza en su repertorio habitual. Yo me sentí como el culo, y todavía me avergüenzo cuando recuerdo el episodio.

"Quiero pasar contigo el resto de mi vida" es una mentira porque no hay voluntad que sea capaz de garantizar eso. El resto de mi vida viene a equivaler a la eternidad, y la eternidad es mucho tiempo. Mucho más que una tarde en el dentista. Nadie puede garantizar eso; ni la mejor empresa de seguros. "Quiero pasar contigo el resto de mi vida" es una frase que sólo un moribundo puede respaldar.

Y así vivimos, diciendo mentiras que de alguna tácita manera se sabe que lo son, pero que son bonitas porque un día fueron dichas en una película de Disney. Si eso es el amor, que paren el mundo de golpe para que el agua de los océanos arrase con la vida en la tierra.


La señora que nunca estuvo allí

Últimas entradas - Mar, 27/07/2010 - 09:28
var flattr_uid = '5358'; var flattr_tle = 'La señora que nunca estuvo allí'; var flattr_dsc = 'Estaba reposando el lumbago en el sofá mientras aprovechaba para instruirme en el noble arte de la hipnosis. De repente sonó el timbre repetidas veces. Pensé que sería mi padre, pues había hablado con él hacía un rato y sabía que andaba por el centro haciendo gestiones. Quizá había aprovechado para acercarse a verme, y el repiqueteo insistente del timbre me llevaba a suponer que se trataba de él. Así pues, descalzo, en camiseta y calzoncillos, me encaminé hacia la puerta.Por prudencia, abrí la puerta dejándola entornada y asomé sólo la cabeza, encubriendo así la desnudez de mis peludas piernas. Al otro lado había una señora con un papel en la mano.Advertisement: <a href='http://noticias.mercadona.es'></a>'; var flattr_cat = 'ESDLV'; var flattr_tag = 'text'; var flattr_url = 'http://www.elsentidodelavida.net/la-se%C3%B1ora-que-nunca-estuvo-all%C3%AD'; var flattr_lng = 'en_GB'

Estaba reposando el lumbago en el sofá mientras aprovechaba para instruirme en el noble arte de la hipnosis. De repente sonó el timbre repetidas veces. Pensé que sería mi padre, pues había hablado con él hacía un rato y sabía que andaba por el centro haciendo gestiones. Quizá había aprovechado para acercarse a verme, y el repiqueteo insistente del timbre me llevaba a suponer que se trataba de él. Así pues, descalzo, en camiseta y calzoncillos, me encaminé hacia la puerta.

Por prudencia, abrí la puerta dejándola entornada y asomé sólo la cabeza, encubriendo así la desnudez de mis peludas piernas. Al otro lado había una señora con un papel en la mano.

—Eh... Hola, buenos días —dije sabiendo que lo siguiente probablemente resultaría incómodo.

—Hola. ¿Vive aquí Fulanita? —dijo.

Como el piso está a nombre de mi madre, recibo a un montón de gente interesada en hablar con ella. A veces son de Telefónica, a veces de Vodafone, a veces de un servicio de distribución de agua a domicilio. A veces se trata de una señora con un papel en la mano.

—Yo soy su hijo. Dígame —respondí esperando que se tratara de un trámite sencillo y que mi ausencia de pantalones pasara desapercibida.

La señora empezó a exponer sus inquietudes, y al poco se me hizo obvio que tendría que salir al pasillo para atender a lo que me explicaba. Actué.

—Discúlpeme un momento porque voy en calzoncillos —dije.

Ella bajó la cabeza y miró hacia la derecha, lo que en PNL significa que estaba probablemente experimentando alguna emoción. Vergüenza, repulsión, excitación... Vaya usted a saber. Después de todo acababa de conocerla y estaba en calzoncillos. Sentí que debía proseguir con algún tipo de explicación suplementaria.

—Hace ahora mucho calor y andaba cómodo por aquí.

No es la primera vez que abro la puerta en pelotas, pero normalmente estoy seguro de quién viene. Y no es el del contador del agua.

Fui a mi habitación y me puse unos pantalones. Después regresé y abrí la puerta de par en par. La señora empezó a hablar. Lo hacía rápido, y enseguida reconocí el ritmo y el tono: se trataba de una de esas personas que hablan solas.

—Es que vivo en la puerta seis y me ha llegado este papel de la última junta de vecinos —dijo extendiéndome un folio impreso por ambas caras—. Y aquí pone una lista de asistentes y yo estoy entre ellos, y yo no fui. Y yo no estoy loca.

Miré a la señora. Aquella era una de esas frases que me llaman la atención. Caen de ninguna parte y suenan desafinadas. Son una tarjeta de presentación inconsciente. Poco a poco voy entendiendo a las increíbles personas parlantes y, a su manera, resultan entrañables. Su cacao mental es formidable.

Estuve a punto de decirle que quizá lo hubiera soñado, que había sueños muy reales. Hace unos días me desperté dos horas antes de lo que debía porque había soñado que me sonaba el despertador. Me vi a la señora asistiendo a la reunión de vecinos y olvidándolo todo después. "Señora, la mente no tiene límites" estuve a punto de decirle, pero podría haber sido el delicado empujoncito que desequilibrara su delicada maquinaria mental, y desconocía completamente hacia adónde nos hubiera dirigido semejante apunte. En cualquier caso, antes de que pudiera añadir nada, la señora volvía a galopar a lomos de sus palabras y la conversación discurría ya por otros derroteros.

Yo asentía con el papel en la mano. Habló de la presidenta de la comunidad de vecinos. Habló del propietario del edificio y de su mujer. Habló del papa de Roma y de los chochitos, que menudo invento. Habló de aquel papel y de lo a chamusquina que le olía todo aquello. Sin duda se trataba de una encerrona.

Yo asentía, incapaz de hacer otra cosa. Entendía muy poco de todo aquello. Desconocía cómo podía ayudarle, desconocía qué podía hacer por ella, entendía apenas la quinta parte de lo que me contaba, más que nada porque a aquella velocidad me costaba procesar las palabras. Le devolví el papel.

—Hable con la presidenta —le dije—; es la puerta de arriba.

Todavía hablaba y hablaba sola mientras entraba en el ascensor.

—Un placer conocerte, en cualquier caso —le dije elevando la voz mientras la puerta del ascensor se cerraba con su sonido característico.

Cerré tras de mí, me senté de nuevo frente al ordenador y abrí el procesador de textos. La increíble gente parlante me inspiraba. Cuando hube terminado de escribir, me quité los pantalones de nuevo y pensé de nuevo en la hipnosis.

Leo y me informo mucho sobre la hipnosis y sus mecanismos. A pesar de todo lo que hoy en día se sabe, el concepto de trance todavía permanece revestido de un halo de misterio. Hay una falta de acuerdo sobre lo que significa estar en trance. ¿Estarían las increíbles personas parlantes en un trance permanente, ajenos a los estímulos externos? ¿Qué se podría hacer con ellos? ¿Se les podría pegar la mano a la nariz mientras seguían hablando? ¿Se podría hacer que no pudieran parar de hablar hasta que el sueño terminara por abrazarles?

Este es, con toda certeza, un mundo peculiar. Seguiré investigando.


El cenicero de la cubierta diez

Últimas entradas - Lun, 26/07/2010 - 12:36
var flattr_uid = '5358'; var flattr_tle = 'El cenicero de la cubierta diez'; var flattr_dsc = 'En los últimos meses, y después de mamar tanta PNL, me doy cuenta de que cada vez me fijo más en la gente, en las cosas que dicen, en cómo se mueven y en cómo gesticulan. Y también me doy cuenta de que cada uno de nosotros vive en su propia película, en su propio mundo, y de cómo las tribulaciones personales fluyen hacia el exterior a través de las palabras y de los gestos. Es algo fascinante y a la vez desconcertante, sobre todo cuando a veces me encuentro con alguien que utiliza mi presencia para simplemente escribir otro capítulo de sus vidas sin apenas intervención mía. Hay personas que pueden estar hablándome durante una hora mientras yo sólo asiento. Ellos se lo guisan y ellos se lo comen. Sus cerebros traman fabulosas historias mientras yo simplemente los observo.Advertisement: <a href='http://www.hipotecasyeuribor.com'></a>'; var flattr_cat = 'ESDLV'; var flattr_tag = 'text'; var flattr_url = 'http://www.elsentidodelavida.net/el-cenicero-de-la-cubierta-diez'; var flattr_lng = 'en_GB'

En los últimos meses, y después de mamar tanta PNL, me doy cuenta de que cada vez me fijo más en la gente, en las cosas que dicen, en cómo se mueven y en cómo gesticulan. Y también me doy cuenta de que cada uno de nosotros vive en su propia película, en su propio mundo, y de cómo las tribulaciones personales fluyen hacia el exterior a través de las palabras y de los gestos. Es algo fascinante y a la vez desconcertante, sobre todo cuando a veces me encuentro con alguien que utiliza mi presencia para simplemente escribir otro capítulo de sus vidas sin apenas intervención mía. Hay personas que pueden estar hablándome durante una hora mientras yo sólo asiento. Ellos se lo guisan y ellos se lo comen. Sus cerebros traman fabulosas historias mientras yo simplemente los observo.

Yo desconozco a estas personas. A algunas de ellas es la primera vez en mi vida que me las encuentro. Ellas actúan como si lo supiera todo sobre ellas, como si estuviera al tanto de cada uno de los recovecos de sus mentes, como si supiera sus secretos más profundos. Van, vienen. Se ven venir y toman otro camino mientras se acojonan de lo cerca que han estado de revelar algo "vergonzoso". Se deshacen, se rehacen mientras hablan y hablan y hablan "conmigo". Yo apenas asiento o digo una frase de vez en cuando. Darme cuenta de estas fábulas personales, de estos fabulosos juegos a los que juegan muchas personas conmigo, es fascinante, y la vez me hace preguntarme sobre qué tipo de juegos juego yo con aquellos que me rodean.

Estaba en la cubierta diez del barco. Acababa de desayunar, y ahora me había llenado de nuevo la taza de café con leche y me sentaba a fumar un cigarro mientras incubaba un fantástico lumbago al aire fresco de Copenhage en Julio.

La cubierta, con piscina y montón de sillas y mesas desparramadas por doquier, estaba relativamente vacía. Cuando en un barco van 1.600 turistas y 600 tripulantes más, el término relativamente vacío es relativamente relativo. Allí estaba yo, con las gafas de sol de mirar chavalas, echando un vistazo al puerto, a sus grúas y a sus labores cotidianas.

Una señora se acercó hasta mí. Portaba un cigarro prácticamente extinto en su mano derecha.

—¿Te importa si apago el cigarro en tu cenicero? —preguntó.

No sólo no me importaba, sino que incluso me parecía bien. Aquel no era mi cenicero. Era sólo uno de las decenas de ceniceros metálicos que brillaban sobre las mesas. Aquel cenicero, como todos los demás, pertenecía en aquel día a cualquiera de los humeantes pasajeros que decidieran fumar un cigarro sobre la cubierta diez. Me daba igual que aquella señora apagara su cigarro en aquel cenicero.

—Adelante —le dije con tono cortés.

La señora evolucionó como se suele hacer en estos casos y alargó el brazo derecho para apretar la punta del cigarro contra el fondo del metálico artefacto.

—Mientras no me lo apagues en el brazo, a mí me parece bien —añadí.

Era mi toque de humor, ese que a menudo me causa más problemas que satisfacciones. A mí me pareció obvio que se trataba de una broma, quizás por haber sido yo el artífice de la invención, pero ella conectó aquella frase con algún lugar perdido de sus tribulaciones mentales y contestó mientras me miraba:

—Lo dices por el pulso, ¿no?

"¡¿Qué qué?!", debería haber respondido pero, sumido en la confusión, no acerté a conectar con mi sorpresa. La señora terminó sus labores y se alejó caminando sobre la moqueta verde. Yo, como hago a menudo, me quedé reflexionando sobre el episodio.

Supuse que la señora, debido a su edad, venía notando una disminución de sus facultades físicas en forma de temblores en las manos, lo que se viene comúnmente a denotar como "falta de pulso" y que resulta poco apreciado en profesiones como la cirugía. De ahí que, al hacer yo mi comentario, ella lo interpretara como una alusión a su problema, ya fuera real o imaginario. A mí me pareció que su pulso estaba perfectamente, y pienso que ir a apagar un cigarro en un cenicero y terminar apagándolo en un brazo a medio metro de distancia no es falta de pulso, sino falta de tino o ejecución certera de una acción maliciosa.

En cualquier caso, esta es tan sólo mi interpretación del capítulo del cenicero. En PNL se hace gran hincapié en ser consciente de la delgada línea que separa la descripción de la interpretación. La descripción es el relato de lo sucedido físicamente de acuerdo a lo mostrado por los sentidos. La interpretación es lo que se obtiene cuando se le da vía libre a la mente para que explique lo sucedido. La descripción es real. La interpretación es imaginaria y debe ser tenida como provisional hasta que se contraste. Tomar la interpretación por cierta sin cuestionarla es un proceso muy muy corriente, y que permite a muchas personas construir una realidad imaginaria a base de ladrillos inventados. Esto último es altamente peligroso, porque los ladrillos imaginarios son de solidez únicamente aparente. Lo sé porque he estado ahí, y ahora tengo cierta facilidad para reconocerlo.

Separar lo real de lo imaginario es todo un arte que conviene cultivar. No es algo que enseñen en el colegio, no es algo que se fomente en la tele, sino más bien lo contrario. Es un proceso que se debe iniciar y sostener de manera consciente, y exige mucha atención y mucho empeño.

La cabeza en las nubes, pero los pies en el suelo.


Su mente es falible. Lo dice Movistar.

Últimas entradas - Vie, 09/07/2010 - 12:51
var flattr_uid = '5358'; var flattr_tle = 'Su mente es falible. Lo dice Movistar.'; var flattr_dsc = 'En Octubre del año pasado estuve de nuevo en Regensperry. Una de las cosas que hice fue pasar por la tienda de O2 (ahora Movistar) en Bismarckplatz. Seguir pagando un móvil alemán me había dejado de resultar útil, así que una mañana nublada empujé la puerta del establecimiento con la intención de cancelar el contrato.Sé que sucedió. Estoy seguro. Lo sé porque me atendió el mismo tipo de gafas, pelo cepillo y camisa blanca. Lo sé porque me recuerda a los gemelos de The Proclaimers. Lo sé porque me preguntó por mi número secreto de operaciones operacionales en O2 y no lo supe, y el payo tuvo que llamar a la central para que le proporcionaran el código, cosa que tardó unos diez minutos en suceder y que ambos tuvimos que esperar uno detrás de otro. Lo recuerdo con bastante claridad. Como comúnmente se suele decir, lo sé. Sé que sucedió.Advertisement: <a href=''></a>'; var flattr_cat = 'ESDLV'; var flattr_tag = 'text'; var flattr_url = 'http://www.elsentidodelavida.net/su-mente-es-falible-lo-dice-movistar'; var flattr_lng = 'en_GB'

En Octubre del año pasado estuve de nuevo en Regensperry. Una de las cosas que hice fue pasar por la tienda de O2 (ahora Movistar) en Bismarckplatz. Seguir pagando un móvil alemán me había dejado de resultar útil, así que una mañana nublada empujé la puerta del establecimiento con la intención de cancelar el contrato.

Sé que sucedió. Estoy seguro. Lo sé porque me atendió el mismo tipo de gafas, pelo cepillo y camisa blanca. Lo sé porque me recuerda a los gemelos de The Proclaimers. Lo sé porque me preguntó por mi número secreto de operaciones operacionales en O2 y no lo supe, y el payo tuvo que llamar a la central para que le proporcionaran el código, cosa que tardó unos diez minutos en suceder y que ambos tuvimos que esperar uno detrás de otro. Lo recuerdo con bastante claridad. Como comúnmente se suele decir, lo sé. Sé que sucedió.

Por eso me sorprendí cuando me siguieron llegando cargos a la cuenta alemana. A razón de 25 euros mensuales, O2 continuó cobrando por un servicio que yo, mediante el payo pelo cepillo, había cancelado. Envié varios emails al banco para que rechazaran estos cargos. Pero es lo que pasa con la gente a la que pagas por sus servicios, que están ahí hasta que dejan de estar ahí. Es un efecto curioso.

Entré de nuevo en el mismo establecimiento la semana pasada. El payo del pelo cepillo, con sus gafas, su camisa blanca y su aire de echar a cantar 500 Miles en cualquier momento seguían allí. Desempolvé el alemán.

—Muy buenas. Tengo un problema, y es el siguiente... —me encanta la fórmula gramatical porque me permite usar la palabra zwar, que es una palabra que viste mucho—. Estuve aquí en Octubre y cancelé mi contrato, y durante medio año me han seguido cobrando recibos.

—Eso es imposible —dijo pelo cepillo.

Me quedé poco menos que de piedra, momento que el tipo aprovechó para largar otra frase.

—Los contratos se cancelan enviando una carta a la central en Nürnberg.

Da igual si usted lo puede recordar con claridad. Da igual si usted me recuerda a mí. Da igual si recuerda que tuvo que esperar diez minutos a que llegara el código secreto. Da igual. Si O2 dice que usted no ha cancelado el contrato, entonces sus recuerdos son sólo una suerte de invención. Las imágenes y los sonidos que usted tiene en su mente han sido creados por usted mismo de manera no autorizada por O2. Debe descartarlos. Si trata de contarle a sus amigos este episodio, se reirán de usted.

Recuerde: su mente es falible. Lo dice Movistar.

Ya estamos ahí.


Debe de ser eso lo que llaman amor

Últimas entradas - Jue, 08/07/2010 - 00:26
var flattr_uid = '5358'; var flattr_tle = 'Debe de ser eso lo que llaman amor'; var flattr_dsc = 'España mete gol y se cuela en la final. Los alemanes bajan la cabeza. Llegan al trabajo y te felicitan. Como si hubieras metido tú el gol. Como si algo de todo esto fuera cosa tuya. "Felicidades" te dicen, "bien jugado". Se les escapa que todo lo que has hecho es beberte cuatro latas de Heineken mientras veías la tele. "Gracias, gracias", les dices. Quizá un día salgamos todos de este encantamiento en el que nos alegramos por los éxitos de otros y dejamos los nuestros, los verdaderamente importantes, en un lugar de la cuneta en el que sólo crecen rastrojos.Banderas. Cláxones. La ciudad dormirá esta noche entre sueños de gloria ajena y alegría que se toca de refilón. Y yo me siento raro.Debe de ser eso que llaman amor. "Amor", dicen, dando pocos más detalles. Parece que eso es lo jodido del amor, que uno se lo tiene que inventar todo.Advertisement: <a href=''></a>'; var flattr_cat = 'ESDLV'; var flattr_tag = 'text'; var flattr_url = 'http://www.elsentidodelavida.net/debe-de-ser-eso-lo-que-llaman-amor'; var flattr_lng = 'en_GB'

España mete gol y se cuela en la final. Los alemanes bajan la cabeza. Llegan al trabajo y te felicitan. Como si hubieras metido tú el gol. Como si algo de todo esto fuera cosa tuya. "Felicidades" te dicen, "bien jugado". Se les escapa que todo lo que has hecho es beberte cuatro latas de Heineken mientras veías la tele. "Gracias, gracias", les dices. Quizá un día salgamos todos de este encantamiento en el que nos alegramos por los éxitos de otros y dejamos los nuestros, los verdaderamente importantes, en un lugar de la cuneta en el que sólo crecen rastrojos.

Banderas. Cláxones. La ciudad dormirá esta noche entre sueños de gloria ajena y alegría que se toca de refilón. Y yo me siento raro.

Debe de ser eso que llaman amor. "Amor", dicen, dando pocos más detalles. Parece que eso es lo jodido del amor, que uno se lo tiene que inventar todo.

Llevo ya varias semanas que no sé muy bien dónde estoy. Llevo ya varias semanas pensando mucho en alguien. Pensando demasiado en alguien. El tiempo sólo corre en una dirección y parece ser adelante. Detrás de cada paso sólo hay otro que dar. Es lo jodido de seguir caminando, de seguir viviendo. Siempre hay otro minuto después del anterior.

Y lo jodido de escribir es llegar a pensar que ya está todo escrito. Que cada párrafo que uno junta ya fue condensado en otro lugar, en otro tiempo. Y quizá sea mentira. Lo bueno de escribir es que uno siempre puede levantar la vista y releer el párrafo anterior. Lo bueno de juntar palabras es que las palabras quedan juntas. Y la ilusión, quizá, de que estas palabras sean, esta vez, nuevas. Frescas.

—Te raro —dice Flor de Loto, en un atrevido intento de expresar que me siente raro.

—Me raro —digo yo.

A veces las palabras se quedan cortas y hay que inventar nuevas para decir que uno se siente raro. Me siento diferente. Me siento tan raro que esta vez podría ser verdaderamente yo.

Las prioridades se desmoronan. Lo que antes era importante ahora es meramente anecdótico. Mi comportamiento es errático de acuerdo a los cánones tradicionales. Me levanto a media tarde, desayuno un café a las seis. Pocas cosas tienen sentido más allá de seguir andando hacia adelante, confuso. Muy, muy diferente.

Tantos años siendo otro. Tanto tiempo viviendo de otra manera. Vivir a mi modo me produce, ahora, vértigo. Los días de uno en uno. Encajando las palabras, las miradas, las sensaciones. Cada minuto es único, y llega como un tren de mercancías dispuesto a cambiarlo todo para siempre. Y a veces así es.

Pisando caminos por primera vez. La tierra fresca bajo los pies. La incertidumbre en la mochila. De nuevo los pelos de punta. Es jodido desbrozar la senda que nadie ha caminado. Pero eso es vivir.

Sentir. Dejar las tripas en cada página en blanco. Palpar el vacío que se encuentra detrás de cada frase que pronuncias. Dar un paso detrás de otro confiando en que, después, el suelo aparecerá bajo tus pies.

Hay dos caminos. Uno es el que otros ya han vivido. El otro es el tuyo. Es normal que sientas miedo. O quizá no sea miedo, sólo sea la sensación de lo nunca escrito. De las palabras que quizá nadie haya juntado antes.

Apago otro cigarro. He vuelto, y volveré a marcharme. Sólo quedarán los ecos de todo aquello que nunca sabrá lo que es ser yo. Sólo quedarán las palabras y las miradas de todos aquellos que, estando vivos, escribirán su propia historia ajenos a a la mía.

Poco a poco me acerco a ese lugar en el que soy capaz de entenderlo todo. Pronto seré capaz de entender a cualquiera. Será que estoy por fin empatizando. Cada uno tiene su propia historia, y esta es la mía. Miro las caras de la gente y entiendo por lo que pasan. Un vistazo me basta, apenas, para saber de su propia vida. Pronto seré incapaz de juzgar a nadie. Pronto seré incapaz de juzgarme.

Vidas infinitas, cada uno metido en su propia historia, en su propia película. Tantas frases que debo ignorar o meter en la nevera. Y ahora pongo tres hielos en el vaso y, atanción, me sirvo otro vaso de Glenfidich. Quizá esté solo o quizá, quizá, haya alguien que sepa de qué estoy hablando.

Vivir con uno mismo es como tratar de juntar palabras que nunca nadie ha escrito antes. Parece fácil, pero uno siempre está solo. Da igual cómo trates de contarlo. Da igual cómo te esfuerces. Da igual qué palabra pongas después de la anterior. Sólo queda seguir escribiendo con la esperanza de que alguien, un día, comprenda exactamente lo que dices.

Debe de ser eso lo que llaman amor. El dejarse ir. El pensar "Soy gilipollas, voy a abrazarme". El acostarse con la certeza de que valdrá la pena vivir el día siguiente, haya o no gol de España. El saber que esta jornada, que estas palabras, que estas sensaciones, valdrán la pena. El saber que cada minuto merece ser vivido porque es tuyo, porque estás dando lo mejor de ti mismo y porque eso, necesariamente, debe traer consecuencias. El vivir esperando los ecos de tu propia entrega. El sentir, con absoluta certeza, que cada tecla de la vida que pulsas hará avanzar el reloj hacia un lugar más propio.

Dicen que no hay gente que tema a la muerte; hay gente que teme no haber vivido. Vivir no es marchar a medio gas. Vivir es vaciarse en cada instante. Vivir es saber que uno va a morir dignificando ese viejo pellejo. Vivir es mojarse en cada momento.

Eso debe de ser lo que llaman amor.

Amar es darlo todo. Amar es quedarse vacío. Amar es dejarse caer para descubrir que el Universo es un colchón de plumas. Amar es dejarse la piel en cada esquina de la vida sabiendo que así debía ser.

Respetarse a uno mismo tiene consecuencias. A veces serias. Amar es pisar con fuerza sabiendo que quedará la huella que otros habrán de encontrar. El amor es un invento abstracto que sólo después podrá ser descrito. De los amantes, de ellos poco se sabrá.

Y en momentos como este, mientras enciendo otro cigarro y doy otro trago a mi vaso de whisky, me siento invadido por la gratitud. A veces me pasa.

Gracias a ti, por comprar esta botella. Gracias a ti, por leer desde lo lejos. Gracias a ti, por tumbarte de nuevo a mi lado. Gracias a todos, porque de nuevo siento algo muy especial.

Y por un momento el mundo parece un lugar perfecto en el que vivir, con su ignorancia y con una prepotencia que es testigo de todo lo que está por venir. Esta noche la tierra dará otra vuelta y mañana el sol volverá a salir por el horizonte. Y otra vez, de nuevo, estaré un poco más vacío que antes.

Debe de ser eso lo que llaman amor.


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