El Big Crunch (XXXIII)

Una de las peores cosas del Big Crunch, una de esas que continúo sintiendo la necesidad de expresar con mayor claridad, fue la deformación de la experiencia de ser humano. Yo sé que esta es una manera extraña de expresarlo, pero es una manera precisa de hacerlo. Mi experiencia de ser humano estaba brutalmente deformada. Todavía sigo buscando maneras de expresar ese horror, y tal vez esta sea una oportunidad funcional.

No sé. Siento la necesidad de sentirme comprendido. Ni siquiera yo me comprendo. Imagina lo que ocurre en un Big Crunch, imagina lo que ocurre cuando coges a un ser humano pasando las manos bajo las axilas y, haciendo palanca con los hombros, empujas la cabeza hacia adelante con las manos entrelazadas sobre la nuca. Si el poder de la palanca permite hacer maravillas, dadme un punto de apoyo y moveré el mundo, también permite hacer destrozos que enmudecen.

La gente común, de a pie, concretamente la gente que no es traumatóloga, osteópata, fisioterapéuta, quiropráctica, etc, carece de una formación y un entendimiento acerca del modo físico en que está compuesto un ser humano. Yo estoy entre esa gente, aunque he tenido que ir aprendiendo en los últimos años a la fuerza, literalmente.

El ser humano tiene más de 600 músculos y unas 200 articulaciones. Diría que, aproximadamente, una tercera parte de todo esto se concentra en la parte alta de la espalda. En esa parte hay cinco capas diferentes de músculos: empiezan con el trapecio, ese enorme músculo con forma de manta-raya, y termina con una capa de pequeños músculos que sujetan las vértebras y conectan con otras partes. La complejidad de esa parte del ser es abrumadora. Incluso los profesionales de todo esto se pierden en cuanto se complica lacosa, y lo sé porque les he preguntado. No necesitas saber tanto a menos que vayas a hacer cirugía. Yo me compré un atlas en tres dimensiones para aprender acerca de todo esto. Es un modelo extremadamente detallado. Puedo hacer zoom y rotar las diferentes partes e ir quitando capas para ver partes más profundas. Me he sentado conmigo mismo muchas veces para darme explicaciones y lo cierto es que todavía no me queda claro qué parte se engancha con cuál, cuál está retorcida y cómo se dobló qué exactamente. Pero tampoco necesito tanta información para recuperarme. Es parte de la magia del asunto.

La identidad del ser se ubica más o menos por ahí, en la parte alta del pecho; en esa parte en la que, cuando hablas y dices «yo», te tocas con la mano. En un Big Crunch, esa parte se desintegra. Literalmente, el ser pierde su identidad. Lo que te hace humano, se descompone. Pasas a ser otra cosa.

Eso desde fuera. Desde dentro, la misma experiencia de ser humano se deforma tanto que deja de ser reconocible. Yo dejé de experimentarme a mí mismo como un ser humano. Me convertí en un punto flotante en el espacio frente a una enorme pantalla en la que transcurría mi vida, más allá de todo control. Es el argumento de una película de terror de ciencia ficción.

Imagina que estás en un cine. Estás solo. Se apagan las luces. Comienza la película.

La película está grabada en primera persona, como si estuvieras viendo la acción desde tu propio punto de vista. Estás sentado tan cerca de la pantalla que sientes que te envuelve. Cuando la cámara mira hacia abajo, puedes ver tu cuerpo en la gran pantalla. Te olvidas de ti mismo.

En la oscuridad, te conviertes en un pequeño punto flotante. Todo lo que hay es espacio, y en ese espacio se proyecta esa enorme película frente a ti. Careces de cuerpo. Tu cuerpo sólo es una imagen proyectada sobre la pantalla, fuera de tu control. Tu cuerpo, con vida propia, forma parte de esa película proyectada sobre la gigantesca pantalla. Inerme, incapaz, impotente, presencias la película paralizado, experimentándote como un punto en el espacio, como un simple punto de vista flotante en un espacio infinito. Ahora, piensa en la manera en que te relacionas con la película.

Las personas parecen medir unos cien metros. Tú eres un pequeño punto flotando en el espacio mientras que las personas tienen un tamaño gigantesco. Aparecen colosales. Si se enfadaran, podrían aplastarte como a una mosca, de un manotazo. Que alguien se enfade y lo haga es, de hecho, uno de tus mayores temores. Podría suceder en cualquier momento, sin previo aviso. El campo de visión se desplaza continuamente de un lugar al el otro. No hay vistas panorámicas de paisajes, tomas estables en las que relajarse y descansar, sino movimientos de cámara continuos y frenéticos. Las voces de las personas suenan atronadoras y mortalmente amenazantes. La película es de un terror continuo; en cualquier momento podría suceder cualquier cosa que acabara contigo, ese pequeño punto inerme a merced de lo que pueda suceder.

No hay una relación persona-persona, sino una relación persona-punto. Pero ni siquiera eso, porque simplemente eres un observador de la película. Incluso así, sólo hay una cosa más aterradora que la misma película: que la película acabe y te conviertas en un simple punto flotando en un vacío vacío.

Esa película, esas proyecciones en esa gigantesca pantalla, son todo lo que tienes. Todo eso sucede ahí, plano, distante. Ahí están tus seres queridos, ahí están tus amigos, ahí están todas las personas. Lejanas, planas, inaccesibles. No puedes tocarlas ni abrazarlas ni sentirlas de ningún modo. Solamente puedes verlas y oírlas, ahí, en la pantalla. No estás dentro de esa película, sino que estás fuera, observándola, tan sólo prendido a ella mediante un punto, mediante ese mismo haz de luz que une las imágenes con el ojo que las observa. Todo queda tan lejos. Todo queda tan fuera de tu alcance. Estás tan fuera de todo eso, tan sólo pendiente de un hilo de luz. Es horrible. Es terrorífico, pero a la vez es lo más valioso que tienes.

Bueno, así era mi vida, hace casi cuatro años, cuando me la encontré. Sé que suena a ciencia ficción, pero así era. Esta es una descripción formal. Sé que es difícil de creer; yo todavía estoy en ello.

Hace un par de meses acompañé a mi padre a llevar el “Polito” a una revisión de chapa y pintura. A sus dieciocho años estaba para un buen repaso. Allí, de pie, frente al taller, acompañé a mi padre y al mecánico mientras daban la vuelta al coche revisando lo que habría que hacer. Y me sorprendí.

Me sorprendí de la tridimensionalidad de mi experiencia. Me sorprendí de que hubiera allí, delante de mí, un objeto grande como un coche. Me sorprendí de poder caminar alrededor de él. Me sorprendí de poder moverme en tres dimensiones. Me sorprendí enormemente de poder dar la vuelta a algo, de poder moverme por un espacio.

Igualmente, me sorprendí en terapia mientras lo explicaba a mi terapeuta. Me levanté y me puse detrás de la silla.

—Esta silla está aquí —dije apoyándome sobre ella.

Ocupa un lugar en el espacio, proseguí. Puedo darle la vuelta. Puedo cogerla con mis manos y llevarla a otro punto del espacio. Puedo interaccionar con el objeto.

Parece algo simple y fundamental de la experiencia del mismo espacio-tiempo como ser humano, pero para mí era algo novedoso y sorprendente. Creo que esto ilustra bastante bien el horror del que vengo.

Me despierto por la mañana. En los días buenos, apenas siento dolor ya. Pasé una buena noche. Dormí del tirón y los sueños fueron llevaderos, más o menos agradables. Me incorporé.

Sentado sobre la cama, di las gracias por la cama. Di las gracias por la noche de descanso. Di las gracias por el nuevo día que estaba empezando y por esta nueva oportunidad para continuar recuperándome.

3 Comments

  1. Hola, encantada de conocerte. Yo también doy gracias por las cosas buenas que me voy encontrando a lo largo del día, ayuda de verdad a creer que merece la pena vivir. Hoy doy las gracias por haberte encontrado. Aunque en realidad te ha encontrado mi fisio (y amiga después de años de sesiones semanales) me ha enviado tu link diciendo: “mira, alguien que se ha curado”. Y claro, con semejante presentación como para no leerte. Llevamos meses hablando sobre cuál es la pieza del puzzle que nos falta. Yo he mejorado mucho en los últimos años con un camino similar al tuyo, pero me falta algo, me falta encontrar mi Big Crunch, siento que estoy cerca. Pero voy al grano, quería darte las gracias por todo lo que compartes, creo que hoy he sanado un poco sintiéndome menos bicho raro, me siento MUY identificada contigo en demasiadas cosas, es curioso como otra persona puede explicar tan bien como te sientes. De hecho al leerte me he dado cuenta que tengo que ir más profundo.
    No dejes de escribir, confío en seguir tus pasos.
    Un abrazo.
    Esther

    1. Hola Esther, gracias por leer ESDLV. Qué bien que nos hayamos encontrado. Yo no me he curado, pero estoy en ello. Es cierto que cada vez me queda menos, pero todavía me queda. Yo también creía que me faltaba una pieza del puzzle; para mí que era una metáfora de alguna vértebra, seguramente T3-T4. Un placer que puedas apreciar lo que escribo, y una alegría que lo encuentres de utilidad. Confío en que encuentres tu Big Crunch cuando estés preparada para ello. Dale más profundo y hacia arriba. Un abrazo y mucho ánimo.

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