La tele del Big Crunch

A lo largo de los últimos más de tres años y medio que he pasado recuperándome del Big Crunch, y todavía sigo, he estado una gran cantidad de tiempo tumbado sobre el suelo. Haciendo un cálculo aproximado, con multitud de días pasando hasta seis horas y más tarde cuatro y tres, calculo que en los últimos años he pasado unas 6.000 horas tumbado sobre el suelo. Balanceándome, estirando de la cabeza, destorciendo los hombros… Mi esqueleto estaba increíblemente retorcido y el proceso de destorcerlo ha sido lento y, también, increíblemente laborioso.

Un poco para entretenerme por el camino, he visto mucha tele. Es algo así como cuando voy al quiropráctico y me quiere retorcer el cuello con un movimiento certero y la parte más profunda de mí se resiste. Entonces me despista con algo como «Baja las manos» o «Saca la lengua hacia la derecha» y entonces ¡zaca!, una vértebra que cruje y un alivio tal que me salta la lagrimilla. Por cierto, dudo acerca de si lo he mencionado hasta el momento, pero llevo ya unos siete años de quiropraxis. Me lo merezco todo.

Cuando me mudé a vivir con mi padre, encontré una alfombra en el suelo y además un mueblecito de tele al que podía subir los pies, lo cual me proporcionó más comodidad en las vértebras lumbares. Ahí continué el proceso de estirarme de la cabeza una y otra vez a lo largo de las horas mientras me balanceaba adelante y atrás. Esta es una de las maldiciones del Big Crunch: si pasas casualmente por delante y me ves tumbado sobre el suelo con las manos tras la cabeza, parece que esté plácidamente repantingado. Lo cierto es que, más bien, estoy agonizando. Seis mil horas. Ponlas una detrás de otra y rellénalas de dolor, como un pato a la naranja.

Pero bueno, con la tele podía entretenerme y abstraerme a ratos del dolor y la angustia. Pronto tres canales se convirtieron en mis favoritos: Discovery Max, Mega y Neox. Mientras me recuperaba, Discovery Max se convirtió en DMax, pero sigue siendo más o menos lo mismo. ¡Mi territorio es Discovery!

Seis horas al día de tele dan para mucho. He visto de todo un poco y se me hace difícil destacar algún programa en particular o establecer un orden de preferencias, así que simplemente comenzaré a tirar de dentro a ver lo que sale.

Este es un pequeño homenaje a estas tres cadenas, que me han estado entreteniendo y acompañando a lo largo de los días, meses y años de dolor y agonía; algo que he aprendido a apreciar hasta el punto de tomar la costumbre de, al apagar el televisor, dar las gracias.

Neox se distingue por el humor. En su programación aparecen numerosas series de humor como Big Bang Theory, Modern Family, Mom, The Middle y otras, siendo mi favorita The Big Bang Theory. He visto todos los capítulos, algunos de ellos cuatro o cinco veces. Un día me enteré de que Sheldon Cooper y Leonard Hofstater, o como se escriba, ganan un millón de euros por capítulo. Ellos no, sino los actores que los encarnan. Estudia para ser ingeniero industrial y te ganarás la vida. Bueno, otra opción es hacerse actor y ganar 25 millones de euros por temporada.

Me encanta la serie. Yo no soy tan friki, pero puedo identificarme con muchas de las cosas que hacen, como jugar videojuegos o ver por enésima vez Indiana Jones o Regreso al Futuro. La verdad es que una parte de mí también enmudece cuando una tía buena entra en una habitación. Yo sé lo que es una ecuación diferencial de derivadas parciales, con esto creo que lo digo todo.

Mega tiene sus cosas, algunas de ellas realmente extrañas, como Mountain Men o Restaurante Indiscreto, algunas de mis emisiones favoritas en los últimos tiempos. La primera sigue la vida de diferentes «rudos hombres de montaña» en los USA, mientras que la segunda narra las operaciones encubiertas de Charles Styles (me pregunto si se escribe así). Un restaurante tiene problemas; Charles llega y lo preña de cámaras y micrófonos y envía a sus «mistery diners», como investigadores, para encontrar y desenmascarar a ese camarero que bebe en el trabajo o a ese gerente que monta su propio negocio embebido en el restaurante. Me sorprende la creatividad de la gente. En cuanto a «Mountain Men», me encanta Marty, el trampero que vive en Alaska y se desplaza hasta sus territorios de caza en una frágil avioneta. Joder, en invierno, con 40 grados bajo cero, se le hiela hasta la barba. También me encanta Tom, un viejecito que pone trampas por el hielo y caza castores y todo lo que se le ponga por delante, hace cuchillos con cuernos de alce y se desplaza de trampa en trampa con su moto de nieve de los ochenta. Vaya grupo de hombres con dos cojones más bien puestos.

En cuanto al Discovery Max, ahora DMax, la verdad es que tengo debilidad por este canal. Uno de mis programas favoritos, al que he visto ir y venir de la parrilla, es el de Aventura en Pelotas. Se presenta más o menos así:

«Un hombre, una mujer. Sin agua ni comida, durante 21 días».

Me gusta ver a la gente en situaciones de supervivencia extrema; me hace apreciar más lo que tengo. En concreto, recuerdo a un hombre y a una mujer en la sabana africana.

Cada uno puede llevarse un objeto. Él se llevó un cuchillo y ella una olla. Se montaron un refugio a base de ramas retorcidas y con pinchos junto al camino que seguían las bestias cada día y noche para llegarse a la única charca ponzoñosa de la que bebían en cien kilómetros a la rotonda. Joder, eso son condiciones extremas.

Bebían del agua en el que cagaban y meaban los leones y los ñús, así, apartando un poco la mierda que allí flotaba. Dormían sentados, incapaces de hacer fuego, abrazados a sus rodillas, temblando ante cada ruido de bicharraco que por allí pasaba a beber y a hacer sus necesidades a la charca inmunda mientras una nube de mosquitos los envolvía y los acunaba y los mecía a lo largo de cada minuto de las largas dos noches que allí aguantaron. Da igual lo convencidos que digan que estén acerca de que se van a comer a la sabana durante la presentación de lo que llaman «El reto de los 21 días»; luego es la sabana la que se los come a ellos. Al tercer día los sacaron de allí moribundos. Yo luego me voy a la cama y digo «Gracias por esta cama, gracias por esta almohada, gracias por este techo y estas cuatro paredes. Gracias porque esta noche cené».

Mención especial merece Bear Grylls con su «Ultimate survival», traducido al español como El último surperviviente. El caso es que el buen hombre se deja caer en los desiertos, montañas, selvas y sabanas de todo el mundo para demostrar cómo sobrevivir en situaciones extremas. Si el tío hace cosas increíbles en cada episodio, lo que más me fascina con diferencia son los bichos que come.

«Sacamos el pez del agua con las manos y se puede comer así» dice, y le da un bocado al pez. «Sólo hay que quitarle las tripas porque es donde están las bacterias. Es como comer sushi». O cuando se come una araña más grande que mi mano y, mientras la mastica, las patas le salen de la boca y se mueven; o cuando coge un gusano enorme y gelatinoso y lo muerde y todo el interior pulposo salta de su boca y cae sobre la cámara. Ese tío seguro que come tomates con toda tranquilidad. Mención especial al episodio en el que va por el desierto y se hidrata bebiendo su propia orina de la piel de una serpiente que previamente se ha comido. ¿Se puede ser más… superviviente? Me hace pensar que, aunque he experimentado varias veces con el ayuno, sigo sin conocer ni el hambre ni la sed verdaderamente.

Estos han sido mis programas favoritos, aunque hay muchos más y realmente sorprendentes. Tenemos los de subastas de trasteros, de los cuales hay varios, incluso con la variación de subastas de contenedores portuarios. Tenemos también diferentes variaciones de programas de supervivencia, incluso con supervivencia en pareja y también el dúo de supervivientes. Tenemos al Chicote en «Pesadilla en la cocina» y su equivalente estadounidense en versión «Cocina infernal» e incluso «Hotel infernal». Tenemos los programas de reparación y restauración de coches como «Joyas sobre ruedas» o «Gas Monkey garage». Tenemos incluso la reposición del Equipo A que hizo Mega el año pasado, si recuerdo bien. Joder con el Equipo A, qué mal han envejecido. Ahora están poniendo «Friends» en Neox, y tengo que añadir aquí los programas de casas de empeños, como «La casa de empeños» («Pawn Stars») y «Empeños a lo bestia». ¿Y qué decir de «El encantador de perros» o incluso, saliendo de este trío de cadenas, las «Minicasas de ensueño» de Divinity? Joder, tanta alegría y diversión sazonada por decenas de minutos de anuncios de todo tipo.

¿Cuáles son vuestros programas favoritos? ¿Cuáles os llegaron al corazón?

8 Comments

  1. A mí me molaba el de Los restauradores, que a veces se cruzaba con otro programa de la misma cadena, uno de los de subastas, creo. También uno que creo recordar se titulaba Cazadores del pantano, que iba sobre la temporada de caza de caimanes en los pantanos de Florida. Y, por último, el más friki de todos: Moonshiner, en castellano Destiladores ilegales, o algo así, que iba sobre la vida de varios paletos al estilo de Cletus que se dedicaban a destilar alcohol ilegal en el bosque para luego venderlo. Por cierto, que lo de destilar en EEUU es delito, por lo que yo no sé si los del programa podrían ser declarados cómplices o, al menos, sancionados por presenciar un delito y no denunciarlo. Realmente pienso que todos los programas de ese tipo están más amañados que otra cosa…

    1. Me molan también los restauradores. Me encantaría saber hacer cosas así. Aprecio la paciencia y el cuidado que tienen con las cosas que restauran. A veces se cruza con “La tienda de empeños”. Están también en Las Vegas y, por ejemplo, recuerdo a Rick, el dueño de la tienda de empeños, llevarle un cochazo para restaurar como regalo para un cumpleaños de “El viejo”.

      El de Cazadores del pantano también lo he visto. Cuando creía que ya estaba todo inventado en cuando a series de televisión surrealista, entonces vi esta. Very impressive.

      Moonshiner no la he visto. Por cierto, creo que hacer un Moonshine es lo que aquí llamamos “hacer un calvo”. En la serie de Cazatesoros, los que van encontrando y comprando objetos de coleccionistas paletos por la USA profunda, aprendí que las XXX que ponen en las botellas representan el número de veces que se ha destilado el alcohol. Le ponen una X cada vez que lo pasan por el destilador. Cuantas más X, más puro.

      Hombre, es diferente estar en la selva de la mano de Dios que estar en la selva siendo grabado por un equipo de seis personas, pero aún así creo que respetan en la medida de lo posible la integridad de la experiencia.

  2. Hola,
    por circunstancias también le pegué duro a esos canales, y el que más me gustaba era el de “Joyas sobre ruedas”. Primero porque hablaban de mecánica en coches que ves por las calles. No era coger un coche antiguo, cambiarle todo lo de dentro y martillear la chapa para que al pintarla quedara molona. Era algo que veía como asequible. Aunque luego al larguirucho le quedaba 100 euretes por toda la currada.
    Y lo que me fascina es la manera de enganchar que tienen los programas de trasteros: a partir de un argumento bastante sórdido, como lo es que unos traperos se subasten la quincalla que la gente deja abandonada, se genere un espacio televisivo adictivo. Primero la emoción de la apuesta, cómo a partir de una ojeada son capaces de “valorar” un trastero. Después la emoción de la sorpresa: qué habrá, qué no habrá, ¡anda! ¡detrás de un montón de trastos hay una pistola del siglo XIX que puede valer minolles! (y que siempre hay algo). Y finalmente la tasación y la historia del cachivache en cuestión, con el alegrón de que tras dejarse un dineral lo recuperaban por una suerte enorme. Y así uno tras otro, tras otro, tras otro… Sabía que me estaban timando, pero no podía dejar de verlos.
    Afortunadamente pude quitarme de eso.

    1. Hola Sentoki, grato verte por aquí.

      A mí me ha encantado ver el “Joyas sobre ruedas”, y también me daba a menudo esa sensación de asequible, aunque el larguirucho tiene una habilidad descomunal. Y yo creo que le quedaban bastante más de 100 eurillos por la currada, supongo que iban a medias.

      Respecto a los trasteros, también me sorprende lo que dices, aunque es un factor común a todo este tipo de series televisivas basadas en cosas de entrada anodinas. A mí me llamaba mucho la atención que ganaran dinero también a partir de prácticamente basura. Y también me sorprende que hay como cuatro o cinco programas diferentes tan sólo de trasteros. El caso más extremo de lo que comentas tiene lugar con la pareja del gordo y el flaco. Recuerdo que el gordo se llama Ton Jones. Compran trasteros por 1.000 y los venden por 10.000 ó 20.000, moto de agua, avión teledirigido o coche de carreras mediante. Muestran los trasteros que más dinero les dan, y visto así parece el chollo del siglo dedicarse a comprar trasteros.

  3. No es de la tele, pero busca “Primitive Technology” en Youtube y flipa con el fulano ese. Entonces si que valorarás lo que tienes, sobretodo porque lo puedes comprar ya hecho.
    Para mi son videos hipnóticos.
    Para hacerse una idea: https://www.youtube.com/watch?v=P73REgj-3UE&index=5&list=PLGnWLXjIDnpBBsdKZb-vy30o88SIxItp2
    Empieza haciéndose un hacha de piedra y termina con una casa con calefacción central. Tu resolverás ecuaciones diferenciales de derivadas parciales, pero cuando llegue el futuro distópico que se avecina (uuuh, que miedo) ese tío sobrevivirá y tu no, ala.

    1. Sobre lo que dices en tu última frase trata, de modo general, la novela El disputado voto del señor Cayo, de Miguel Delibes.

      El tío ése de primitive technology es un crack. Chabola con tejas cocidas y calefacción central, como bien dices

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