Meditación (II de II)

# Viene de Meditación (I de II)

En Septiembre de 2016 me enteré de que cerca de donde vivo habían abierto un pequeño lugar zen y que ofrecían diversas actividades como yoga y diferentes talleres en esa onda, así que hablé con la mujer a cargo del lugar y me ofrecí para guiar meditaciones. Ella aceptó, y aunque me tendría que turnar con otro meditador, podría ir cada quince días.

Así, a lo largo del último año he tenido la oportunidad de ir un par de veces al mes, y en los últimos meses semanalmente, para guiar meditaciones a un grupo de personas. Ha sido una experiencia magnífica, que me ha permitido compartir algo que para mí ha sido de enorme utilidad y a la vez me ha dado la oportunidad de guiar a otras personas al interior del estado meditativo. Ha sido algo que me ha encantado.

Me encanta ver llegar a la gente de sus quehaceres y sentarse o tumbarse y ver cómo se relajan progresivamente. Me encanta ver cómo sus respiraciones se ralentizan y se hacen más profundas, y ver cómo han cambiado sus caras cuando terminamos; darme cuenta de cómo se han relajado sus músculos y cómo cambian sus tonos de voz y surgen sus sonrisas y un estado de alegría que sale de dentro muy profundo. Me encanta cuando se dan cuenta de lo poco que necesitan para sentirse magníficamente bien.

Hay algo especial en todo esto para mí. Durante años, durante más de dos décadas, viví aterrorizado. El Big Crunch me marcó profundamente. Estaba tranquilamente disfrutando de jugar con mis amigos y, un momento después, por sorpresa, estaba luchando por mi vida. Dentro de mí, muy profundo, esa sensación de no estar a salvo en ningún lugar y con nadie marcó los cimientos de mi misma existencia cotidiana. No podía relajarme; en cualquier momento mi vida estaría en peligro. En la parte de atrás de mi mente, ese miedo me aterrorizaba constantemente dando forma a todos mis pensamientos.

Cuando hace unos años empecé a practicar hipnosis, me di cuenta de que me encantaban dos cosas. Primero, la gente se callaba y me escuchaba. Segundo, la gente se relajaba y me parecían inocentes corderitos. En contraste con la idea inconsciente que tenía de la gente como potenciales asesinos, ver a las personas allí sentadas tan tranquilas, tan calmadas, tan inofensivas, me hacía sentir en calma y recuperar algo de fe en la humanidad. No siempre habría alguien a punto de matarme; la gente se podía relajar y estar tranquila. Cuando empecé a dirigir meditaciones en grupo, esto se multiplicó.

La gente se sentaba o se tumbaba allí y permanecía tranquila, relajada. Me hacía darme cuenta de que podía estar con otras personas sin estar aterrorizado por perder mi vida en cualquier instante. Las personas podían ser amables y estar calmadas. Poco a poco fui aprendiendo a confiar en la bondad de las personas. Poco a poco fui aprendiendo a confiar en su simple presencia.

Jose preguntaba en los comentarios acerca de qué hacer durante la meditación. ¿Tratas de no pensar? ¿Tratas de pensar en algo en particular? ¿Qué haces? ¿Miras los pensamientos pero no los sigues? ¿Observas tu respiración? ¿Observas tus sensaciones? He leído unas cuantas cosas acerca de la meditación y las he encontrado muy confusas.

Yo vengo de la PNL. En PNL tomamos los pensamientos y los desmigamos en sus átomos. No nos vale con hablar de pensamientos; queremos saber si son imágenes o si son sonidos, y luego queremos saber acerca del tamaño, la distancia, el enfoque y esos detalles. Así, muchas de las indicaciones acerca de meditar me resultaron confusas, y fui montando poco a poco mi propia sesión meditativa con lo que encontré que me funcionaba. Con el tiempo, en unos siete u ocho años, fui pasando de no poder soportar medio minuto a poder estar meditando tan ricamente durante una hora.

La meditación, como cualquier otra cosa, es una práctica. Hay un dicho en estos círculos que dice que «Un gramo de práctica equivale a una tonelada de teoría». Eso es cierto tanto en este contexto como en cualquier otro en la vida. Así, si quieres aprender meditación o cualquier otra cosa, el protocolo es el mismo:

Empieza.

¿Cuándo? Hoy.

¿Cómo? Haz algo. Empieza por lo mínimo.

Para meditar, detente. Medio minuto. Eso es todo lo que tienes que hacer.

¿Me siento o me tumbo? Detente, medio minuto.

¿Dejo los ojos abiertos o los cierro? Detente, medio minuto.

¿Qué hago con mis pensamientos? Detente, medio minuto.

¿Lo estoy haciendo bien?

¿Te has detenido medio minuto? Entonces lo estás haciendo muy bien.

Todo lo demás se sigue de esa semilla. Mañana detente otro medio minuto.

Cuando empecé a escribir de nuevo este blog lo hice animado por el resultado de un experimento. El experimento consistía en escribir lo que se llaman «Páginas matutinas». Saqué la idea del libro «El camino del artista», de Julia Cameron. Se trata de un ejercicio diseñado para recuperarse de un bloqueo creativo.

Un bloqueo creativo surge cuando «el censor interior» se hace grande, y esto ocurre cuando le prestas atención. El censor interior es esa parte de ti que dice «Esto que estás haciendo es una mierda», «A nadie le va a gustar», «¿Ya has terminado con esa basura?», etc etc. El propósito de las Páginas Matutinas es lograr un desbloqueo creativo redirigiendo la atención desde el censor interior hacia el mismo proceso creativo. Me llevó un mes darme cuenta de por qué funciona.

Estuve escribiendo esas Páginas Matutinas durante algunos meses. Todavía lo hago. Me di cuenta del valor del proceso. La clave consiste en la simplicidad. Funciona porque es sencillo.

Escribo. Cuando me detengo, sólo me hago una pregunta:

¿He terminado ya las tres páginas?

Si la respuesta es no, entonces sigo escribiendo. De lo que sea; da igual. Eso hace que pueda estar escribiendo fluidamente hasta que termino. Practico escribir con fluidez y, cuanto más practico, mejor lo hago.

Lo mismo sucede para aprender a meditar o a hacer cualquier otra cosa. Empieza. ¿Has terminado ya? ¿No? Entonces sigue.

Detente medio minuto. ¿Ha pasado ya el medio minuto? ¿No? Sigue parado.

El valor de ese medio minuto es enorme, por la sencilla razón de que te está enseñando dónde está el freno.

Cuando enseño a meditar suelo hablar del freno y del acelerador. Me encantan los coches, y la mayor parte de la gente suele conducir o al menos estar familiarizada con los coches, así que es una metáfora con la que pueden relacionarse fácilmente.

A medida que crecemos y vivimos vamos acelerando. Descubrimos que, en la mayoría de las ocasiones, para superar cualquier reto basta con pisar un poco más el acelerador. Hacerlo más rápido, hacerlo más fuerte, hacerlo más tiempo… Con alguna de estas cosas suele ser suficiente. Así, ante cualquier contratiempo, pisamos el acelerador. El motor gira cada vez más y más rápido hasta que llega a la zona roja de revoluciones. Ahora, ¿qué ocurre cuando pisas más el acelerador y el motor deja de responder?

La meditación es como ese freno que permite decelerar el coche de manera que se puede tomar la curva de un modo suave y apropiado, una herramienta que da nuevas opciones a la hora de desenvolverse en la vida. Cuando empiezas, póntelo fácil. Comienza por el principio y asegúrate de que te diviertes.

Para mí, se ha convertido en una práctica diaria. Me encanta cuando llega el momento de sentarme en el suelo y cruzar las piernas y estar conmigo mismo, dedicarme unos veinte minutos o media hora para relajarme, para sentirme, para saber de mí. Para organizar lo que voy a hacer a continuación y ponerme de acuerdo conmigo mismo en la manera en que lo voy a hacer. Crear un espacio y un tiempo en el que considerar las cosas con detenimiento y tomar decisiones que no solamente impliquen a mi cabeza, sino también a todas las demás partes de mí.

Yo medito y me encanta. Si tienes la oportunidad, te invito a venir al Hogar Saludable en La Cañada, donde suelo dirigir la meditación por las tardes cada quince días. Si coincidimos en cualquier otra parte en cualquier otro momento, me encantará mostrarte lo que la meditación puede hacer por ti, aunque más bien se trata de lo que puedes hacer por ti mismo aprendiendo a meditar.

11 Comments

  1. Me alegro de que la meditación te haya ayudado. Yo estoy en proceso de aprender a meditar. Llevo unos diez días, y me ayuda muchísimo. Tengo problemas de salud que empeoran con el estrés y la angustia, así que en ese sentido veo que me ayuda. Ojalá estuviera más cerca para ir a una de tus sesiones de meditación.

    1. Gracias Elena. Me alegro de saber que estás aprendiendo a meditar. Estoy seguro de que tu salud mejorará a medida que el estrés y la angustia se transforman en tranquilidad y consciencia, que te servirán para darte cuenta de lo que puedes hacer para aumentar tu bienestar en general.

      ¡Gracias por tu comentario!

  2. Dicen que la meditación es la medicina o la cura para este siglo. Si es que estamos todos locos.!!
    El problema que tengo cuando me siento a meditar es la falta de concentración, es increíble, cuanto más me propongo estar concentrada más mi mente se rebela, y empiezo a pensar en miles de cosas y en darle vueltas a una decisión que tengo que tomar y me da miedo. Nada que sólo consigo concentrarme un par de segundos como mucho.
    Cu´l es la técnica que te ha dado mejor resultado?

    1. Yo, desde mi humilde experiencia, te recomiendo empezar con meditación guiada. Yo uso Headspace pero está en inglés. Busca meditación guiada en youtube y encontrarás ayuda.

      1. Gracias por vuestras respuestas, Elena mirare lo de la meditación guiada. He seguido un método que se llama centramiento. Est bien aunque no es una meditación al uso.
        Javier, pues si, tengo la mente muy revuelta y lo que es peor no la puedo parar, lo de concentrarse en el aquí y el ahora solo lo consigo por un tiempo muy breve. Dolor físico no tengo , aunque toda la actividad se centra en la ceniza y el resto del cuerpo está bastante más insensible. Por eso hago yoga, me ayuda bastante.

        1. A esa insensibilidad del resto del cuerpo me refiero. El cuerpo está insensible por el entumecimiento, y bajo el entumecimiento hay dolor inconsciente. De ahí que toda la actividad se centre en la “ceniza”, porque es la parte “más habitable” de tu ser ahora mismo. Siempre de acuerdo a mis teorías, claro.

          El yoga te irá genial, y probablemente el trabajo con un osteópata. Deseo que te mejores, rápida o lentamente. Un abrazo.

    2. Hola Hellen, gracias por tu comentario.

      Tienes una oportunidad para aprender algunas cosas útiles e importantes. Puedes empezar dándote cuenta de que tu mente la haces tú. Tú haces esas imágenes y esos sonidos en tu mente, así que tú eres quien puede hacer otros e incluso dejar de hacerlos. Tal vez no puedes hacerlo hoy, pero puedes aprender.

      La técnica que mejor resultado me ha dado ha sido de la de Betty Erickson. Consiste en describir tres elementos visuales actuales, tres auditivos y tres cinestésicos. Luego dos, dos y dos. Luego uno, uno y uno. Por entonces ya estoy bastante relajado, y entonces empiezo a sugerirme que estoy en el proceso de relajarme y que cada vez voy más profundo en la relajación.

      Me ha sorprendido mucho leer que sólo consigues concentrarte un par de segundos como mucho, pero puedo recordar un momento en el que estuve así. Eso me sugiere mucho dolor inconsciente. ¿Sientes dolor en alguna parte de tu cuerpo? El dolor es como el polvo bajo la alfombra: se puede acumular en grandes cantidades hasta que la alfombra desborda.

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