El Big Crunch (V)

Recuerdo aquellos días muy confusos. Tal vez esto que voy a relatar tuvo lugar antes de lo que conté anteriormente; tal vez tuvo lugar después. El resultado es aproximadamente el mismo. Lo que voy a contar a continuación ocurrió más o menos por entonces.

En Psicología se suele definir la mente como una «caja negra». Eso significa que la información entra en las personas, se procesa dentro de esa caja negra de una manera mágica y misteriosa y luego se manifiesta en respuestas y comportamientos. Con la PNL, bueno… la caja negra resultó ser mucho menos negra que eso.

Uno de los grandes logros de la PNL consistió en la creación de los dos modelos fundamentales del lenguaje: el metamodelo del lenguaje y el modelo Milton. El primero sirve para detectar y corregir las omisiones, generalizaciones y distorsiones que tienen lugar en los procesos inconscientes. El segundo sirve precisamente para todo lo contrario: para promoverlos.

Los psicólogos suelen hablar de «tener pensamientos», como si se tratara de canicas en una bolsa, pero los pensamientos están compuestos de dos elementos fundamentales: imágenes y sonidos. Puedes pensar con imágenes, con sonidos o con una combinación de ambos. No hay más; eso es todo lo que puedes hacer en tu cabeza. Incluso así, las combinaciones son prácticamente infinitas.

Por otra parte, contamos con cinco canales para percibir el entorno y a nosotros mismos. Podemos recibir información a través de la vista, del oído, del olfato, del gusto o de las sensaciones corporales, lo que llamamos el «sistema cinestésico». En PNL se suelen incluir, para simplificar, el olfato y el gusto dentro del sistema cinestésico, de manera que los canales de percepción quedan como visual, auditivo y cinestésico. A esto se le llaman las modalidades perceptuales. Dicho de otro modo, los modos mediante los cuales podemos percibir información.

Una parte importante de la terapia con PNL consiste en pedir a la persona más información acerca de cómo piensa. Por ejemplo, si una persona sufre ataques de ansiedad, tiene que hacerlos, inconscientemente, de alguna manera. En algún punto del proceso la persona se pondrá a pensar en algunas cosas que le hacen sentir ansiedad. Una parte importante del proceso terapéutico con PNL consiste en recopilar información precisa acerca de cómo piensa esa persona. No interesa el contenido de lo que hace en su cabeza, sino la estructura. ¿Piensa con imágenes, con sonidos o con ambos? Después se entra en cada una de las modalidades perceptuales y, usando el metamodelo, se hacen preguntas precisas acerca de la experiencia interna de la persona. ¿Las imágenes son grandes o pequeñas? ¿Están cerca o lejos? ¿Son nítidas o borrosas? ¿En color o en blanco y negro? ¿Son imágenes fijas o más bien como un vídeo? ¿La persona las ve a través de sus ojos o se ve a sí misma en las imágenes? Cada uno de estos detalles tiene su efecto. Si ves algo que te asusta en tu mente y lo haces más grande, la sensación se hace más intensa. También es diferente verte a ti mismo subido en la montaña rusa que verlo como si estuvieras sentado en el primer vagón. Esas son diferencias perceptuales importantes. Lo mismo sucede con los sonidos, que pueden sonar cerca o lejos, ocupar diferentes lugares en el espacio, ser voces o sonidos, tener diferentes volúmenes, etc. Encontré esto sumamente interesante mientras aprendía PNL. Cuando empecé a hacer terapia por cuenta propia me llevó un tiempo atreverme a preguntar a la gente acerca de lo que hacían en el interior de sus cabezas. Me resultaba una experiencia demasiado surrealista.

En cualquier caso, cuando quise saber más acerca de lo que me sucedía, se me ocurrió utilizar estos conocimientos de una manera peculiar. En lugar de interesarme por mi experiencia interna, por las cualidades de mis pensamientos, me senté y me detuve a explorar la cualidad de mi experiencia externa. Es decir: ¿cómo era la experiencia que estaba viviendo? Sentado sobre la silla podía ver, podía oír y podía sentir. Utilizando las herramientas del metamodelo y yendo a través de los diferentes canales perceptuales, ¿cómo era la experiencia? ¿Cuáles eran las características visuales, auditivas y cinestésicas de ser yo?

Comprendo que esta es una cosa realmente extraña que hacer, pero yo estaba verdaderamente desesperado y dispuesto a levantar hasta la última piedra para descubrir lo que estaba ocurriendo, y eso incluía explorar los mismos fundamentos de mi propia percepción. Así que me senté en una silla, inspiré profundamente y empecé a revisar las características de mi propia experiencia empezando por las imágenes que me mostraban mis ojos.

Pronto me di cuenta de algo que me sorprendió: la imagen que veía era plana. Como si todo se proyectara sobre una enorme pantalla de cine ante mí, todo aparecía plano allí. Carecía de profundidad en mi campo de visión. Lo que estaba en primer plano y lo que estaba en segundo plano aparecía representado de la misma manera, con esa misma planitud y ausencia de profundidad de una película en 2D en comparación con una en 3D. Además, esa pantalla imaginaria y envolvente estaba muy cerca, tan cerca que me oprimía. Apenas me permitía respirar. Me daba una sensación asfixiante.

Seguí explorando las cualidades visuales.

Al mirar mi propio cuerpo, quedé aterrorizado. Levanté mi brazo y lo puse ante la mesa. Mi brazo se veía plano, proyectado sobre esa pantalla imaginaria. La mesa se veía igual. Ambas cosas se sentían igual. Es algo difícil de describir: como si te ves en una foto, no puedes sentirte. Tu cuerpo es solamente un área, una zona, de una superficie bidimensional. Me di cuenta de que no sentía el brazo, o de que la mesa y el brazo se sentían igual, o de que el brazo no era mío. Se sentía ajeno, distante, como parte de la película que estaba viendo proyectada sobre aquella enorme pantalla que me envolvía y me oprimía. El brazo se sentía como la mesa, que se sentía como el suelo, que se sentía como cualquier otra cosa que pudiera ver, como una anodina imagen proyectada sobre una pared. Miré hacia abajo y esa aberrante y surrealista sensación se extendió a todo mi cuerpo.

Mi cuerpo se curvaba desde la parte inferior de la pantalla y se doblaba sobre sí mismo hacia arriba proyectándose en dos dimensiones. Se sentía como una imagen plana, como la mesa, como el suelo. Como algo ajeno, que no me perteneciera; como un recorte en ese área visible, como una ventana o una pared. Tan sólo una zona visible plana con diferentes colores en mi campo de visión.

Entonces me di cuenta de cómo me percibía a mí mismo. Me experimentaba como una bola del tamaño de un puño situada a la altura de mis ojos. Eso era yo. A mi alrededor se revolvía una gigantesca pantalla de cine, más bien de IMAX, sobre la que se proyectaba mi vida. Mi cuerpo era parte de la película, y como tal todo mi poder sobre el mismo se limitaba a observarlo. Se doblaba absurdamente sobre sí mismo proyectándose sobre la pantalla. Mi vida; los acontecimientos, las personas, los diferentes eventos, aparecían proyectados sobre aquella gigantesca pantalla más allá de todo poder o control, y mi única posibilidad era presenciar todo aquello. Yo era una extraña bola de energía flotante en mitad de la nada mientras todo aquel universo se proyectaba ante mí y me envolvía opresoramente. Todo lo que podía hacer era observar y escuchar. Los acontecimientos se sucedían más allá de todo control o poder por mi parte.

Sé que es absurdo. Sé que es una descripción aberrante de una experiencia humana. Sin embargo, es precisa. Estoy obviando algunos detalles de menor importancia en pro de la simplicidad, pero todo lo relevante está escrito en estas líneas. Lo único que puedo decir es que la flexibilidad de la conciencia humana puede ir más allá de la imaginación más salvaje. Lo que puede hacer un ser humano para sobrevivir es realmente sorprendente.

Salí de aquella experiencia conmocionado, en estado de shock. Mirándome la mano, observando su planitud, su bidimensionalidad, observándola como parte de una imagen en una enorme pantalla ajena a mí en lugar de como una parte de mi cuerpo, me pregunto cómo hice para dormir siquiera aquellos días.

Y se trataba todavía, simplemente, de la antesala de lo que estaría por venir.

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