11 de Septiembre de 2001
Cuando me levanté, aquel iba a ser un día como otro cualquiera. Pasé toda la mañana estudiando Transmisión de Calor. Me iban a fundir también en esa convocatoria, pero en aquella extraña mañana yo todavía no lo sabía. Debe de haber algún curioso y retorcido encanto en hacer cosas que no van a ninguna parte. Sólo esto ya explicaría muchas cosas.
Me hice un arroz caldoso y una tortilla y después me fui al catre para echar una frugal siestecilla antes de retomar el estudio. Me quité las pantuflas y me tumbé en la cama. Diez minutos después bramaba el teléfono.
Maldije mi estampa y me arrastré hasta el aparato, que no dejaba de sonar. Descolgué y al otro lado de la línea escuché la voz de mi padre. Sonaba excitadísimo, así que supuse que había averiguado que su concursante favorito de Pasapalabra iba a hacer el rosco completo aquella noche. Y sin embargo dijo:
—¡¿Estás viendo la tele?!
—No, estaba echando una siesta —contesté.
—Pon la tele inmediatamente. Un avión acaba de chocar contra una de las torres gemelas y no se sabe qué está pasando.
—Vale, vale; voy…
—Seguimos en contacto —dijo como si fuera una película de espías.
Me terminé de calzar las pantuflas, me senté en el sofá y encendí la tele. Recuerdo que puse Antena 3. Creo que allí estaban Matías Prats y Olga Viza, aunque esta vez no estaban con Ángel Nieto. Sus voces estaban alteradas y la conexión saltaba apresuradamente entre Madrid y Nueva York. Estaban intentando averiguar, como todos, qué había sucedido exactamente. Me recliné y dejé el mando a un lado. Realmente mi padre tenía razón: aquella historia era más interesante que la siesta, que para mí en aquellos momentos era palabras mayores.
En el telediario se barajaba la hipótesis de que hubiera sido una avioneta la que había chocado contra la torre. Yo seguía el asunto con interés. Había un gran boquete en la fachada y el humo ascendía hacia el cielo mientras los helicópteros daban vueltas. Sólo faltaba King Kong.
De repente Olga Viza gritó como si le fueran a azotar con un bolso.
—¡Ayayayayay! —dijo exactamente.
Un enorme avión comercial había entrado en el cuadro y, en apenas un segundo que duró un huevo, entró por una de las caras de la segunda torre como un cuchillo caliente en un tocho de mantequilla. El otro día una lectora escribía un comentario pretendidamente incendiario en ESDLV y lo titulaba “Sangre, fuego y destrucción”. A veces los adjetivos se emplean con mucha ligereza. Aquello sí que era sangre, fuego y destrucción. Yo miraba la caja tonta con la boca abierta. El teléfono volvió a sonar.
No había visto a mi padre tan excitado desde el España-Malta.
—¡¿Estás viendo eso?! —gritó al teléfono.
—Sí. Menudo movidón.
—¡Qué pasada! Vamos a verlo y luego te llamo —dijo.
—Ok.
Puede parecer una conversación intensa, pero las he visto idénticas entre mi padre y mi tío durante una carrera de MotoGP. Es lo bueno de las palabras vagas, que encajan en cualquier situación.
En el telediario parecían estar volviéndose locos. Yo empezaba a compartir la excitación de mi padre, y aquello era más interesante que el rosco del Pasapalabra. Cambié de canal varias veces y en cada cadena la locura era generalizada. Los comentaristas se atropellaban y la acción saltaba de un lugar a otro. Parecía que el Papa acabara de anunciar que dimitía para hacerse gigoló.
La película era soberbia, y nos enfrentábamos al que parecía el conflicto definitivo de un perfecto guión dramático. Sólo faltaba saber si las torres se iban a caer o no. Aristóteles se hubiera chupado los dedos. No sé quién pensaba en Bin Laden con más intensidad, si los de la CIA o los de Hollywood.
—¿Qué crees que va a pasar? —decía ahora mi progenitor al teléfono.
Yo no tenía ni idea, pero ya me había merendado unas cuantas asignaturas de materiales y estructuras en la carrera y a mi padre le parecía que mi opinión podía tener una cierta relevancia. Fui honesto:
—No tengo ni idea. En cualquier caso, a mí no me parece que se vayan a caer. Están forradas de acero por dentro, y lo que no haya pasado ya no creo que vaya a suceder.
Ese tipo de edificios son monstruos de acero, y algunas de las aleaciones de acero son de lo más duro que se conoce. Más duros que la cara de algunos. El mundo se puede desmoronar a su alrededor pero el gesto permanece inalterable. Algo tenía que quedar en pie. Seguro.
Luego estaba la pregunta de, si finalmente las torres caían, cómo lo harían. Yo visualizaba la primera torre cayendo como un Godzilla herido de muerte, alzando los brazos y dejándose caer con estruendo sobre los edificios colindantes. Me levante, fui a la cocina y volví con un vaso de agua al sofá. Alargué la mano para rascarme un huevo y entonces sucedió.
La primera torre se vino abajo en apenas diez segundos en una coreografía perfecta. Tan pronto estaba en pie como en un momento hubo desaparecido en una enorme y densa nube de humo, escombros y mierda. No cayó ni un ladrillo fuera de la base. Supongo que espectacular es la primera palabra que me viene a la cabeza. La segunda es perfección.
Menudo peliculón. Los efectos especiales eran impecables, los planos soberbios. Los actores lo estaban dando todo. La gente corría despavorida por las calles y la confusión y el estupor se adueñaban del espectador. Spielberg tenía que estar en su casa dándose cabezazos contra la pared por no habérsele ocurrido antes. Yo estaba completamente alucinado. Y también reconfortado, porque era evidente que aquella tarde no iba a seguir estudiando.
—¡¿Has visto eso?! ¡¿Has visto eso?! ¡Esto es histórico! —bramaba mi padre al teléfono.
Es posible. En la tele dijeron lo mismo cuando el Madrid ganó la séptima. Las palabras son tan flexibles.
En aquel momento la única duda por resolver era cuánto tiempo tardaría en caer la segunda torre. Mientras tanto, las cámaras mostraban a la gente saltando por las ventanas y precipitándose a una caída de eternos segundos sin fin. Yo los veía con sentimientos entremezclados. “Ahí va otro que no tendrá que estudiar Transmisión de Calor” pensaba. Después cayó la segunda torre. Ya hacía rato que los telediarios estaban pisando la hora reservada a los programas del corazón. Esa tarde Jesulín no haría caja.
Seguí la transmisión un rato más. Los bomberos se zambullían entre los restos, la conexión saltaba de un lugar a otro, se mostraban nuevas tomas de los aviones entrando una y otra vez en los edificios, penetrando el cemento como si no se tratara más que de una densa niebla, de un pertinaz espejismo. No sé si he visto más veces Los Goonies o aquellos aviones. A estas alturas esas imágenes están grabadas en mi inconsciente como los bocadillos de patatas que me hacía mi abuela en los veranos en la playa.
En algún momento, no muy lejos de allí, un edificio de veinte plantas decidió que también se venía abajo pero nadie le prestó mucha atención. Ah, y también aquel día se estrelló un avión en el Pentágono, o al menos eso dicen. Se mostraron bastantes más imágenes cuando Maradona metió el gol con la mano. Las palabras son flexibles y los sucesos subjetivamente relevantes.
En aquellos tiempos yo llevaba aparato en los piños, y aquella tarde tenía hora en el dentista para un repriete de tuercas. Yo también tendría mi propia ración de sangre, fuego, destrucción y lágrimas. Cogí la radio, sintonicé la primera emisora que encontré y bajé a la calle.
Todo estaba tranquilo. Parecía un domingo a media tarde. Había un algo que flotaba en el ambiente. Era como si el mundo estuviera de resaca. En la radio del autobús se escuchaban las noticias, y los escasos pasajeros no hablaban de otra cosa.
Es curioso, pero en aquellos extraños momentos tuve por primera vez en mi vida la sensación de que por fin estábamos todos en la misma página. El planeta entero se había detenido y por un instante todo el mundo estaba prestando atención a lo mismo. Las abuelas no hablaban de los jóvenes de hoy, las tías marías no hablaban de la vecina o de la Choni, los abuelos ya no criticaban a los operarios municipales, a los consultores les daban igual los forlayos, a los tuneros les habían dejado de importar sus coches. Ni siquiera yo miraba a las chavalas de buen ver. La historia se estaba escribiendo en aquellos momentos y parecía que todos éramos conscientes de ello. De algún modo todos estábamos juntos en aquello. Y lo sabíamos. Supongo que sólo los niños seguían jugando. En mi interior sentía al mundo completamente unido, y esta vez no había hecho falta una guerra mundial. Supongo que en el fondo la humanidad siempre va hacia adelante, incluso cuando a veces no resulta tan evidente.
Me pregunto cuándo volveré a tener aquella agradable sensación de comunión planetaria. Supongo que cada vez queda menos, y no sé si celebrarlo o estremecerme.
Para mí todo aquello no fue prácticamente más que una película de sobremesa. Me di cuenta de que llevaba tantos años chupando tele y cine que tenía dificultades para ser consciente de que esta vez no iba a salir Rambo entre los escombros jurando contra los comunistas. Debo reconocer que me encantó ver a los aviones chocar contra las torres, y que de alguna manera disfruté viendo caer aquellas moles en un lugar en mi cabeza a caballo entre la realidad y la ficción. Para mí todo aquello no era más que una nueva colección de imágenes que me enviaban por la tele. El niño en mí se encontraba completamente fascinado por la película. Me costó darme cuenta de que esta vez no habría créditos. Al menos no al final de esa función.
Hacía ya un tiempo que me había dado cuenta de la inutilidad de preocuparme por las cosas que sucedían más allá de mi rango de acción. Dos aviones comerciales chocan contra las torres gemelas en Nueva York. Magnífico. Yo estaba en mi sofá tratando de disfrutar del evento, que ya hacía años que me había dado cuenta de que me sentía muy mal cuando me amargaba. Si en algún momento alguien podía necesitar algo ya me llamarían.
Segunda mitad de Septiembre de 2001. Durante el resto del mes pensé que el mundo iba a cambiar, que lo que había sucedido iba a remover algo en el interior de cada uno de nosotros y que quizá el ser conscientes de nuestra inconmensurable fragilidad nos empujaría por fin a cambiar de actitud. Se me ocurrió que quizá la humanidad se uniría de una vez para empezar a poner las cosas en orden.
Comprenderá usted que a día de hoy me sienta decepcionado.
Presten atención a estos números, porque es muy probable que vuelvan a verlos. Quizá incluso antes de lo que imaginan.
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Comentarios
Fennomeno
Dom, 17/05/2009 - 22:59
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«¿Casualidades? ¡Causalidades!»
Je, el final recuerda a Nosce, aunque sin tanta V roja de por medio.
Paulimaki
Dom, 17/05/2009 - 23:08
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Estoy de acuerdo...
… en que ha sido el mayor espectáculo de la era moderna. El mayor ESPECTÁCULO.
No es por ser escéptica, pero tú mismo lo dices: es materialmente imposible que unas torres construidas como y con lo que construyeron las Torres Gemelas caigan a plomo sin dejar rastro porque un avión choca contra ellas.¿Y el Pentágono? ¿qué fue de él? ¿NI UNA IMAGEN?
Muy bien explicada esta teoría en el documental ZEITGEIST.
Yo también recuerdo aquel día… y a Matías Prats convulsionando en directo
Nada es verdad, nada es mentira: todo depende del color del cristal con que se mira.
RE
Lun, 18/05/2009 - 09:07
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Zeitgeist
Lo del documental… Si, es cierto que yo también se lo he recomendado a muchos colegas, pero de todas formas hay que andarse con ojo (crítico) y no creerselo todo.
Por aquel entonces yo no tenía más preocupaciones que jugar al baloncesto.
rrazo
Dom, 17/05/2009 - 23:41
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Yo tambien tenia examen
de computacion numerica para mas señas… y no fui. Me quede hasta las 6 de la mañana pegado a la tele y a internet con esa sensacion de que se iba a liar parda.
Ya aquella noche hablaron de pegarle a Afganistan o a Iraq, y ahi siguen.
DANA
Lun, 18/05/2009 - 08:21
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11S
Yo por aquel entonces me dedicaba a aprender idiomas viendo la tele vía satélite, la RAI, ProSieben….Aquel 11 de septiembre, estaba viendo Fox News como todas las mañanas, es una cadena con mucha afinidad por el partido republicano pero hacían entrevistas interesantes y me servía para refrescar el inglés. Lo curioso, es que Fox News retransmitía desde un bajo en NYC, en la gran manzana, y cuando todo sucedió, salieron a grabar a la calle y vi a la gente correr y todo lo que aconteció casi como si yo estuviera también allí, en vivo y en directo. El miedo de la gente se me hizo casi palpable, fue una sensación muy extraña.
Lo que pienso del acontecimiento en sí y sobre qué lo provocó creo que me lo ahorraré aunque sí tengo una opinión formada.
Nasón
Lun, 18/05/2009 - 14:01
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Yo también estaba
Yo también estaba estudiando, en la biblioteca pública de mi ciudad. Oí a la gente cuchichear, pero no me enteré del tema hasta que llegué a casa, por la noche. Curiosamente, lo primero que me vino a la cabeza fue una canción de Sabina: Gulliver.
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¿Por qué mandáis que el hijo de Venus se prostituya por dinero? No tiene bolsillo donde guardarse el dinero.
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¿Por qué mandáis que el hijo de Venus se prostituya por dinero? No tiene bolsillo donde guardarse el dinero.
kenneth
Lun, 18/05/2009 - 10:35
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Todo el mundo recuerda donde estaba
Yo volvía en coche de Escocia. Cuando estaba por las llanuras del sur de Francia empecé a ver bastantes cazas volando y recibí un SMS de un amigo que decía “la tercera guerra mundial ha comenzado”. Llegué a casa a las 6 o 7 de la tarde y estuve como 12 horas viendo la tele sin parar. Las 40.000 pelas que me costó el eurotunnel me parecieron poco en comparación con lo que iba a costar barrer la zona cero.
Los siguientes días también estuve esperando que pasase algo pero no, pronto volví a ver a Jesulín.
www.kennethsv.com
ElseÑOrmiERDA
Lun, 18/05/2009 - 12:38
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"las cámaras mostraban a la
“las cámaras mostraban a la gente saltando por las ventanas y precipitándose a una caída de eternos segundos sin fin. Yo los veía con sentimientos entremezclados. “Ahí va otro que no tendrá que estudiar Transmisión de Calor” pensaba”
Jajaja, qué ocurrente, cómo saltaban los peleles. Yo pensaba, más máas.
Fabian
Lun, 18/05/2009 - 13:51
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El calor del acero
Yo tambien recuerdo con todo detalle como transcurrió el dia, quizá no recuerde ningun otro dia tan nitidamente como ese, pequeños detalles, palabras, lo que comí, como iba vestido, todo a quedado grabado en mi memoria….como si me lo hubiesen marcado con acero candente en el hipotalamo.
Doyle
Lun, 18/05/2009 - 14:35
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Pues yo también estaba
Pues yo también estaba estudiando, y también recuerdo la histeria de mi madre llamando a una amiga suya americana de Pennsylvania (el 4º avión dicen que se estrelló ahí), la verdad es que fué un día raro pero yo a las 17 00 me fuí a echar un partido de fútbol con los amigos.
Por cierto Zeitgeist es una escoria de documental sin credibilidad ninguna que altera datos y manipula información con el único fin de mostrar una verdad inventada por ellos para favorecer la teoría conspiranoica que tan fácil les resulta de digerir a los desinformados, que son mayoría.
RE
Lun, 18/05/2009 - 23:28
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A eso..
Zeitgeist… Tanto como eso no lo creo. Pero a eso me refería, no hay que tragarselo todo, porque aunque dice muchas cosas que son ciertas, dice otras que no lo son, o que lo son a medias.
aupatu
Lun, 18/05/2009 - 18:19
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Igual el querido admin iba
Igual el querido admin iba más por el tema de los sincronismos y demás?
http://www.jonesreport.com/article/08_08/18matrix.html
Por cierto, hacer chistes con gente que su mejor opción era tirarse por la ventana de un rascacielos, me parece bastante lamentable. Supongo que la meta de Gonzo era expresar esa indiferencia que antes sentía, pero propicia comentarios como el del iluminado de arriba.
Un saludo.
frecon
Lun, 18/05/2009 - 18:23
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hola mundo
Hoy he vencido la pereza que me da registrarme en cualquier página y me animo a comentar. No es el artículo que más me ha impresionado, pero sin embargo, es el que me ha movido a gastar esos 20 segundos escasos del proceso de registro. ¡Que cojones! un blog que hace menos de un mes me hizo gastar cuarto de hora en revisar y memorizar conciencudamente mi frenillo lo merece.
En esa fecha yo debería haber estado estudiando en la biblioteca, sin embargo me encontraba en el sofa de una compañera de clase, aprovechando la ausencia de su compañera de piso para yacer con mayor libertad y sin restricionesde de emplazamiento. En aquella epoca yo era más receptivo a las opiniones de los informadores, asi que escuchaba con atención como Hermida hablabá de la tercera guerra mundial, del fin del mundo tal y como lo conocemos y cosas similares. Una frase que me impacto enormemente fue cuando dijo: “·Recuerden donde estaban hoy, porque dentro de muchos años aun se hablara de lo que estabamos haciendo en el momento que el mundo cambio”. Entonces me sentí raro, y pense que el resto de mi vida tendria que mentir, ya que decir que mientras que el universo cambia su rumbo tu estabas pegando un polvo con una chica con novio no iba a quedar bien de ninguna manera. Al final nada de lo que paso esa tarde tuvo consecuencias en mi vida, mas alla de algunas reflexiones sobre mi moral. Luego vino Zeitgeist, pero es ya es otra historia…
Saludos
Smoje79
Lun, 18/05/2009 - 23:45
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Lo de Matrix es cierto? En
Lo de Matrix es cierto? En el carnet de Thomas Anderson aparece 11-Sep-01???? Será una coña no????
>
Doyle
Mié, 20/05/2009 - 18:01
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Que va! Es una de las
Que va! Es una de las curiosidades más curiosas de la historia del cine.
Malinalli
Mar, 19/05/2009 - 07:31
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Comiendo en la cocina con
Comiendo en la cocina con mis padres, la tele encendida y tratando de buscar una absurda excusa q me librara de estudiar esa tarde. Tb lo vi con Matías, la verdad es q fue una bestialidad.
Flipo con lo de Neo, anda cuenta más sb eso please.
Algo q decir sobre el 11M? lo estoy deseando. Dile al muñeco de felpa q se moje. Ciao.
Rigolox
Mar, 19/05/2009 - 11:29
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Es extraño
Es extraño como nuestra memoria y subconsciente recuerdan momentos, algunos vanales, otros como este super importantes, al menos para el mundo como lo conocíamos, para nosotros un mediodía más, pero que siempre estará presente. Estabamos viviendo algo histórico, algo que por suerte espero no vuelva a pasar.
La gente me mira con cara rara cuando digo esto, pero quitando las muertes trágicas en sí de ese día, me alegro que ese día existiera, aunque fuese solo para demostrar a los dirigentes de USA que no eran inmunes, que se les podía herir y dejasen de creerse los amos del mundo. Desgraciadamente en aquel entonces “reinaba” Bush hijo y se lío parda.
Un año después en esas fechas yo vivía en USA y había un debate/encuesta para empezar una guerra en Iraq, realmente nada había cambiado.
También me alegro porque por una vez como bien dice Gonzo, el mundo se movía en sintonía. Lástima que siempre tengan que pasar estas desgracias para que la población se una, vease 11/M, guerra de Iraq, asesinato de Miguel Angel Blanco, etc.
NaCl u2
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NaCl u2
Paulimaki
Mar, 19/05/2009 - 18:49
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Yo no digo...
… que Zeitgeist sea una Biblia de la ciencia, es más bien un pilar del escepticismo, digo que explica una teoría que si bien deja huecos abiertos, plantea una serie de cuestiones que en fin, dirán que altera datos y dirán que Rappel es vidente, pero cada quien tiene su criterio y por pensar nadie se ha muerto (sí lo han hecho por no pensar, conste).
A mí me despertaron de la siesta, debo ser la única matada en este nutrido grupo de comentaristas estudiantes que en ese momento no estaba haciendo una labor social… XDDDDD
Nada es verdad, nada es mentira: todo depende del color del cristal con que se mira.
Paulimaki
Mar, 19/05/2009 - 18:54
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...
Y me encanta la frase “tan fácil de digerir por desinformados”.
Das por hecho que tú eres EL INFORMADO, entiendo, lo cual dice mucho de tu tolerancia a las ideas/opiniones diferentes :)
Nada es verdad, nada es mentira: todo depende del color del cristal con que se mira.
Lev Mishkin
Mié, 20/05/2009 - 00:59
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ah Zeitgeist Son fascinantes
ah Zeitgeist Son fascinantes los falsos documentales. y como queremos creer que la culpa de todo lo tienen unos pocos señores muy malos.
Desde que ví Zeitgeist supe que lo cque cantaba eskorbuto es cierto “la verdad es muy aburrida”
Doyle
Mié, 20/05/2009 - 18:06
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Sí, sobre este asunto me
Sí, sobre este asunto me cosidero informado porque en su día me molesté y mucho en contrastar toda la información que allí vertían. Y tengo muchas fuentes para demostrártelo, pero no creo que este sea el sitio, aunque si te interesa contáctame por privado.
Délawen
Sáb, 23/05/2009 - 22:17
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Yo también estaba de siesta
Y mi padre me llamó para que viera la tele. La puse, pero pensé que la siesta era más interesante y me volví a dormir.