Mierda firme

Llegamos a Angustia al atardecer. El sol caía por el oeste sobre unas montañas de mierda. El viaje había sido movido. Las olas de mierda se hicieron más grandes después de comer. Ahora, por fin, llegábamos al puerto.

Angustia estaba junto a una montaña. La población se extendía desde la orilla hasta la ladera. Igualmente, era una ciudad de mierda.

Descendí por la escalera y pisé de nuevo mierda firme. Había llegado a Angustia.

Autobuses de mierda circulaban por las calles. Me senté en una de las paradas. El autobús llegó al poco. En el frontal, un letrero de mierda indicaba el destino: universidad de la mierda. Rompí un pequeño truño en dos y me subí al vehículo. Las personas miraban absortas a través de las ventanillas de mierda.

Pasamos por una gran avenida de mierda y llegamos a un campus de mierda muy grande. Pulsé el botón de mierda y me bajé. El autobús arrancó dejando una nube de mierda tras de sí.

Allí se agrupaban diferentes escuelas. La más grande era la de ingeniería de materiales de mierda. Sus vigas eran de mierda hormigonada. La escuela de arquitectura de la mierda estaba enfrente. Atravesé un parque y llegué a la escuela de ingeniería de la mierda superior. Allí se aprendía todo lo relacionado con la ingeniería de la mierda: física y química de la mierda, álgebra y cálculo merdemático, dinámica de la mierda, resistencia de la mierda, usos y abusos de la mierda, estadística de la mierda... en fin, realmente todo lo que había que saber para convertirse en un ingeniero de mierda. Un poco más allá, bellas artes de la mierda. De todo había en la Universidad Politécnica de Angustia.

Me empecé a marear. Tal vez el viaje en barco me estaba pasando factura. Encontré un banco de mierda y me tumbé con los pies en alto. Tal vez Angustia fuera como Vértigos, una ciudad oscilante sobre la mierda que ascendía hacia la superficie.

Una puerta se abrió y empezaron a salir chavales. Ellos parecían caminar equilibradamente. Tal vez estuvieran acostumbrados a aquella ciudad de mierda. El suelo brillaba bajo la luz de los focos de mierda.

Cerré los ojos tratando de detenerlo todo. Estaba de nuevo sobre un mar azul. Oía el sonido de un motor. Estaba mareado, mirando al horizonte, intentando equilibrarlo, respirando profundamente.

Diez minutos después, me incorporé. Estaba de nuevo solo en aquel lugar de mierda. Salí al exterior.

Los últimos rayos de la tarde caían sobre la universidad. Salí de allí y caminé hacia el centro.

Llegué a la gran plaza de la mierda y me senté en unas escaleras. Algunos puestos con comida y bebida de mierda estaban repartidos. Tal vez eran fiestas en Náuseas. La gente compraba y se sentaba a comer en la plaza. Me metí la mano en el bolsillo.

Me quedaba algo menos de medio truño reseco. Lo acerqué a mis ojos y lo hice girar entre mis dedos. Se empezó a hacer arenilla. En un momento más se convirtió en un polvillo fino. Menuda mierda.

Me alejé de allí un rato después y encontré un parque de mierda. Me tumbé sobre la mierda y estuve mirando el cielo. Menuda mierda de día.

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