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4 years ago: En la cresta de la ola

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Random story: El cine en casa

Eppur si muove

Desde hace ya aproximadamente treinta años, los físicos andan revolucionados con la teoría de cuerdas; lo que sería un modelo fundamental de la física, la idea que todo lo explica. El santo grial. La panacea. Esta teoría afirma que todas las partículas son en realidad expresiones de un objeto básico unidimensional extendido que recibe el nombre de "cuerda". En mi limitado entender, creo que comprendo el motivo de tanta revolución. Lo que de verdad quiero ver son las caras de estos físicos cuando, en diez o veinte años, completen el puzzle y se den cuenta de que no son cuerdas; son pelos de chocho.

Yo debía de tener siete u ocho años y sin embargo lo recuerdo como si hubiera sido hace un cuarto de hora y se hubiera tratado de una experiencia próxima a la muerte. De semejante manera quedó aquel suceso grabado a fuego en mi memoria.

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De chupetes y de amor

Es curioso ver cómo, a medida que pasan los años, la perspectiva que tiene uno de la vida va cambiando lenta pero inexorablemente.

Cuando tenía unos pocos años vivía con mis padres a las afueras de París. Yo pasaba mis días despreocupadamente, jugando, pelándome de frío a la ribera del Sena y mascando mi chupete. Aquel chupete era para mí un apéndice sagrado, y a su alrededor giraba el Universo. Podía desprenderme del brazo derecho antes que de aquel artilugio. Grande y de goma, cuentan mis padres que mi incipiente dentadura amenazaba con resentirse si continuaba mascando aquel enorme y plástico artefacto las 24 horas del día. Con la idea de que me deshiciera de aquel trozo de caucho, mis progenitores pusieron en marcha una compleja operación en la que, con paciencia y tesón, modelaron mi maleable mente infantil.

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Soy gilipollas

16 de Noviembre de 2001. Nantes. Residencia de estudiantes del ICAM. Tres y media de la noche. Fuera está lloviendo.

Me retiro de la cocina del otro ala del edificio, donde he estado bebiendo chupitos con dos españoles y dos franceses.

Alcanzo mi sección de la residencia, subo las escaleras y camino por los pasillos hasta llegar a mi habitación. Meto la llave y no gira. Mecagoentodo. Saco la llave, la vuelvo a meter y no gira. Forcejeo con la puerta y le doy un par de patadas maldiciendo mi estampa. ¿Ahora qué hago? ¿Dónde duermo? ¿De dónde venimos? ¿Adónde voy?

Levanto la cabeza y miro el número de la puerta. Las mismas cifras salvo por las centenas. Un uno. Primer piso. Cagada mundial.

Recompongo la compostura, me escabullo por los pasillos antes de que salga alguien a reconvenirme y subo un piso más. Esta vez la llave sí abre. Me introduzco en el agujero que me sirve de cama e intento pensar que no ha sucedido lo que acaba de pasar.

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Te echo de menos

¡Qué demonios! Lo tenía que decir. Que lo sepa todo el mundo.

Te echo de menos.

Nos conocimos hace poco, o hace mucho ya. El tiempo es tan relativo. En cualquier caso, son tantos los recuerdos. Como aquella mañana en que fuimos a la playa. Era un día soleado aunque fresco. Éramos libres.

A veces lo pasamos bien, y a veces lo pasamos mal. En ocasiones lo pasamos realmente mal, pero prefiero quedarme con todo lo bueno. Mi memoria borra automáticamente los malos tragos. Me quedo, ante todo, con todo lo que junto a ti sentí.

A tu lado el corazón se me aceleraba, me sentía como no lo había hecho antes. Sensaciones, con eso me quedo.

Desde que nos vimos por primera vez, supe que lo nuestro un día terminaría. Ya lo sabes: en esta vida todo es pasajero. Lo que nunca imaginé es que nuestra historia acabaría así.

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Somos, cada día, más.



Hola, soy Javier Malonda,
y soy gilipollas.



Cada vez más licencias

Mi padre me llamó por teléfono. Él y mi madre habían bajado a la ciudad para arreglar algunas cosas y ahora me proponían ir a comer por ahí. Yo encantado, como siempre.

Era un restaurante nuevo. La decoración era moderna y limpia, aunque con buen gusto. Un tipo con el pelo ralo, gafas negras y perilla de diseño atendía las mesas. Una camarera bien joven y bien prieta le echaba una mano. Mis padres y yo nos sentamos en una mesa junto a la pared.

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[Tira] Tetas de coña






(Pulsa sobre la viñeta para ver la tira completa)

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